NARCOTRÁFICO

El narco en Cádiz: la ‘Fariña’ que se vive al sur del sur

Los escenarios del narco en Galicia coinciden, en muchos puntos, con los del Estrecho

CÁDIZActualizado:

Unos astilleros, presencia de la Armada, una gastronomía que mima carne y pescado... los encuentros entre Galicia y Cádiz son abundantes. Pero hay otro aspecto más oscuro en el que coinciden: el tráfico de droga. El periodista Nacho Carretero estuvo el pasado jueves en la Asociación de la Prensa de Cádiz presentando el libro ‘Fariña’, en el que desglosa cómo fue y cómo es el tráfico de estupefacientes en las costas de Pontevedra y Coruña. Tanto en el libro como en la serie de Antena 3 las concomitancias con el sur de la provincia son insoslayables.

Una de las más evidentes es cómo se produce el proceso de transformación de redes de tabaco a traficar con hachís y posteriormente, en cocaína. Según señala el libro, la presencia de redes de tabaco bien establecidas en los años 70 y 80 hizo posible el salto a la droga. En ambos casos hay dos factores que han contribuido a ese hermanamiento: el establecimiento en zonas económicamente deprimidas y la presencia de fronteras (mientras que los gallegos comenzaron el trapicheo con Portugal, en Cádiz se hizo lo propio con Gibraltar y con Marruecos).

Significativo es, a la hora de analizar los casos, el ver cómo la mala situación de la pesca ha contribuido a que la gente de la mar se acercara a estos negocios ilícitos. Las constantes regulaciones del sector que desde 1986 se han realizado para limitar los cupos pesqueros (circunstancia que castigó en especial a Barbate) puso una puerta al mar que entreabrieron los narcos.

Quien haya leído ‘Fariña’, o haya visto la serie, tendrá en la mente apellidos como Charlín, Miñanco, Oubiña o Dorado. Los clanes eran conocidos y respetados, cada uno con su área de poder. En el Campo de Gibraltar, los clanes (bastante peor avenidos que en Galicia) más escandalosos en los últimos meses han sido los ‘Chachos’, los ‘Castañas’ (a los que se atribuye el control de la mitad del hachís que llega de Marruecos y el haber conseguido agrupar hasta a seis bandas distintas) y los ‘Pantoja’. Al igual que ha ocurrido en Galicia en los últimos años, José Chamizo, exdefensor del Pueblo Andaluz y gran conocedor de la realidad de la zona, destaca que se ha producido una gran deshumanización de los clanes desde los años 90. El total de bandas oscila entre 30 y 70 según las investigaciones.

En la serie, y en muy menor medida en el libro, se ofrece una imagen de Sito Miñanco como una especia de héroe popular, querido y respetado por los ciudadanos y que empleó, en su propio beneficio, su posición de poder nacida del dinero del narcotráfico. En la provincia, a la hora de recordar un nombre, viene a la cabeza el de Antón (detenido por última vez en 2015). Antón se jactaba de «haber creado más empleo en Barbate que la Junta de Andalucía». Si los narcos gallegos destacaron por la ostentación de sus coches, él, para pasear, prefería la compañía de un cachorro de tigre que le fue retirado por el Seprona.

Decenas son los puntos en común que se quedan fuera. Por ejemplo, el que la principal arma de ambos fueran sus fuerabordas, manipuladas para obtener una gran potencia y muy superiores a las que maneja la Guarida Civil o Vigilancia Aduanera. Si sobre la mesa está ahora prohibirlas en el Campo de Gibraltar, a finales de los 80 se realizó la misma operación en la costa gallega.

Uno de los aspectos que resultó más inverosímiles en la serie de televisión fue que unos narcos entraran impunemente en un hospital gallego para un ajuste de cuentas. En La Línea, en febrero de este año, una veintena de encapuchados entraron en el hospital a liberar a uno de los suyos.

Como curiosidad, y para cerrar un reportaje que podría extenderse tanto como los tentáculos de las redes de narcos. Uno de los primeros artículos de contrabando en Galicia fueron personas. En los años 60, los contrabandistas cobraban 600 pesetas (3,6 euros) a los portugueses que querían llegar a Francia para trabajar. Medio siglo después, las Fuerzas de Seguridad han constatado que las mismas redes del narcotráfico están utilizando su poder para ayudar a los inmigrantes a cruzar el Estrecho. El precio, 2.500 euros.