El obispo Rafael Zornoza y la directora de Cáritas María del Mar Manuz
El obispo Rafael Zornoza y la directora de Cáritas María del Mar Manuz
ENTREVISTA

María del Mar Manuz: «El rostro más frecuente de la pobreza en nuestra diócesis es el femenino»

La directora general de Cáritas Diocesana de Cádiz y Ceuta explica la situación que viven algunas de las familias a las que atiende la institución en Cádiz

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María del Mar Manuz, licenciada en Derecho por la Universidad de Cádiz y título de experto en Derecho y Moral por la UNED, lleva dos años al frente de la institución religiosa pero su vinculación con Cáritas se inició hace años y, siempre desde el voluntariado, ha realizado diferentes funciones como por ejemplo la de Secretaria General. Manuz, siempre comprometida y al servicio de los más desfavorecidos, conoce a fondo la realidad social de Cádiz.

¿Han notado una variación en el perfil de las personas que acuden solicitando ayuda?

–La novedad en el perfil de nuestros participantes es que están viniendo a Cáritas «personas que trabajan». La insuficiencia del empleo que se oferta respecto a las necesidades es tan desproporcionada que, lamentablemente, bastantes personas consiguen trabajo, pero siguen siendo pobres. Es decir, aquello de que las personas que Cáritas atendía eran personas desempleadas sigue siendo cierto, pero sólo en una parte. Hoy por hoy, hay personas que trabajan con empleos muy precarios, sin alta en la Seguridad Social, o con contratos de pocas horas que no se corresponden con la verdadera jornada de trabajo y sueldos que no dan para mantener a la familia. Esto es así, aunque no nos guste escucharlo; no nos engañemos, con este tipo de contratos es complicado salir de la exclusión.

La parte buena del esfuerzo por mejorar la empleabilidad es que en el proceso de nuestros itinerarios las personas van restaurando su esperanza y adquiriendo competencias profesionales y experiencia laboral, lo que siempre es un desarrollo positivo.

En cualquier caso, del futuro en Cáritas nos preocupa cómo se está transmitiendo de generación en generación la pobreza y cómo nuestra sociedad se está instalando en esta precariedad y en la inseguridad en todos los niveles.

En su opinión ¿hay concienciación repecto a la pobreza?

–Nuestra sociedad es plural, hay de todo. Convive la indiferencia y la mediocridad del individualismo junto al compromiso y la corresponsabilidad. Naturalmente que queda mucho por hacer; como decía Madre Teresa, Calcuta está en todas partes. La mejor manera para mejorar el mundo empieza por uno mismo. Es un principio que vale para todos y admite infinitas maneras de realizarse.

Con el reciente cambio de Gobierno se está hablando mucho de paridad, igualdad y feminismo pero ¿son las mujeres uno de los colectivos más vulnerables?

–Con la idea de igualdad sucede como con la de pobreza: antes de utilizarla es conveniente precisar qué concepto manejamos, porque cuando hablamos de igualdad no todos queremos expresar lo mismo. Por ejemplo, no es lo mismo igualdad y paridad. La doctrina social de la Iglesia se fundamenta en la dignidad de la persona, sin importar su condición, ni su clase, ni su credo religioso, ni su ideología, ni su sexo.

Dicho esto, el rostro más frecuente de la pobreza en nuestra diócesis es femenino, principalmente por el escándalo que representa que la mujer no se encuentre aún apoyada en su maternidad, ya que suelen ser madres las que, en absoluta soledad, buscan ayuda para sacar adelante a sus hijos. Hay hipocresías individuales e hipocresías colectivas y, en la cuestión de la mujer, la defensa y protección de la maternidad es la clave de bóveda.