Los infantes de Marina están integrados en una unidad de la Legión. - LA VOZ
MISIÓN EN MALI

Infantes de Marina hombro con hombro con la Legión en Malí

De los 292 militares españoles que participan en la misión de la Unión Europea en el país africano, 59 pertenecen al Tercio de Armada de San Fernando

CádizActualizado:

En Malí amanece temprano, por eso, a las 6.00 horas los infantes de Marina ya están en pie. Comienzan el día haciendo deporte, es la mejor hora para poder soportar la actividad física pese al calor, más de 30 grados, que hace en este país de la zona del Sahel. Después, desayuno y a las tareas del día a día en la ciudad de Koulikoro, donde se sitúa el campamento de entrenamiento a las tropas de este país que tiene desplegado la misión de la UniónEuropea EUTM -Mali.

Allí llegaron el día 11 de enero 59 militares del Tercio de Armada de San Fernando, dos secciones del Segundo Batallón de Desembarco, que desplegaron junto con la Legión para configurar la Compañía de Protección, cuya misión es proporcionar la seguridad necesaria protegiendo a los instructores europeos que adiestran y forman a las Fuerzas Armadas malienses. La operación EUTM -Mali, que comenzó en 2013 a petición del gobierno de este país africano, tiene como objetivo reforzar las capacidades de dicho ejército, para que éste consiga defender tanto el territorio como a la población del terrorismo yihadista.

Durante el inicio del despliegue coincidieron con los militares belgas, hasta que el 31 de enero el general de brigada español Enrique Millán Martínez tomó el mando de esta Misión de Adiestramiento, produciéndose el relevo de las tropas de ambas naciones. A la ceremonia acudió la ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, lo que da una idea de la importancia que para España tiene esta misión, en la que participan en la actualidad 292 militares de nuestro país (en total la forman 581 militares de 28 países), cuyo coste este 2018 ascenderá a 88 millones de euros y en la que el pasado año se adiestraron a 11.500 efectivos malienses.

La integración, un éxito

«Los primeros días fueron un poco más complicados logísticamente, con más gente por aquí, pero en una semana teníamos la rutina cogida», afirma desde Malí el capitán Juan Carlos Andrés, jefe del contingente de infantes de Marina cuya integración con la Legión en una misión del Ejército de Tierra ha sido todo un éxito. «Estamos muy orgullosos», afirma.

Su trabajo diario no lo realiza directamente con el contingente que manda, ya que su cometido es realizar labores de inteligencia, manteniendo informado al jefe de la misión y a los entrenadores de cómo está la situación en Malí y en las zonas en las que trabajan. Por ello, cada vez que tiene un hueco libre, les busca para tomarse un café con ellos y «ver qué tal les va», declara.

«Cuando los entrenadores van a dar sus clases, teóricas o prácticas, nosotros les acompañamos, les escoltamos con nuestros vehículos y les damos seguridad, tanto cercana como en el perímetro que estén trabajando», explica el sargento Rumaldo Cubides, jefe de uno de los pelotones de la Fuerza de Protección de Infantería de Marina.

El calor como enemigo

Hay que estar siempre alerta, lo que es especialmente complicado con el calor y los mosquitos africanos. «Tenemos unos 32ºC y los malienses dicen que esto es frío para ellos, que ya veremos cuando llegue abril y el calor de verdad», declara Cubides. «Una vez que el cuerpo se aclimate, no hay problema, a beber mucha agua y a aguantar», cuenta entre risas el soldado Alejandro España, tirador del vehículo de mando, que nota la diferencia entre estar desplegado en la mar y en tierra. «Aquí tienes que controlar hasta el más mínimo detalle, como el suelo o el personal, muchas cosas, en un buque solo hay que controlar el barco y a la gente», explica.

Son los primeros infantes de Marina que despliegan en Malí y saben que tienen que estar a la altura. «Sentimos que todo el mundo nos está mirando, por lo menos dentro de nuestro cuartel», cuenta el soldado Kepa Aguinaga. Por ello, tienen «muchas ganas de seguir trabajando, de dar el máximo y que los que han confiado en nosotros para esta misión se sientan muy orgullosos. Venimos a cumplir al 100% y más», subraya el cabo primero Francisco Manuel Romero.

Excepto el capitán Andrés, para el que esta es su primera misión, el resto son veteranos, aunque el cabo primero Romero y el sargento Cubides echan especialmente de menos sus casas, es la primera vez que participan en una operación en el exterior siendo padres. El soldado España piensa especialmente en su novia, «me caso en noviembre y ella está haciendo los preparativos de la boda sola», cuenta. Y el cabo primero Romero, que sabe de lo que habla porque éste es su séptimo despliegue, no pierde la ocasión para detallar que «aquí la comida es espléndida».

Esta es una misión no ejecutiva, es decir, los militares no participan directamente en combates, aunque saben, y así lo sienten, que ponen su «granito de arena para frenar el terrorismo».

«Estamos aquí por la seguridad de los españoles y por hacer su vida lo más segura posible. Hacemos por España lo que mejor sabemos hacer», señalan el capitán y el sargento. Este año no habrá invierno para ellos. Volverán en verano y mientras seguirán trabajando mano a mano con la Legión porque, como afirma el soldado España, «lo único que nos diferencia es el escudo del cuerpo, la bandera es la misma».