El joven lebrijano Adrián Vázquez, que fue atropellado el verano de 2015 en Conil por un conductor de su misma edad que se dio a la fuga.
El joven lebrijano Adrián Vázquez, que fue atropellado el verano de 2015 en Conil por un conductor de su misma edad que se dio a la fuga. - La Voz
REPORTAJE

«Mi hermano murió y nació ese día en Conil, ya no es el que conocí»

El joven lebrijano Adrián Vázquez fue atropellado por un conductor que se dio a la fuga en 2015, tras aquello y siete meses en coma, ha tenido que volver a aprender a respirar, hablar, comer y andar... «a todo»

Su familia se ha volcado en su recuperación y llevan esperando desde entonces a que se celebre el juicio contra quien se lo llevó por delante

CádizActualizado:

Bastaron unos segundos para que una vida llena de ilusiones y sueños se desparramara por completo. Todo cambió de dirección. De repente. Adrián Vázquez Dos Santos, un joven de Lebrija, 25 años, estaba a punto de comenzar por fin sus clases como maestro. Ya le habían dado plaza y lo celebraba con dos amigos pasando unos días en Conil. Quisieron ir a ver cómo amanecía en la playa pero Adrián nunca lo vio. Al atravesar la calle un coche se lo llevó por delante. Lo lanzó varios metros y se dio a la fuga.

Sobre el asfalto se quedó esa vida que iba a vivir. En la ambulancia se llevaron a alguien que tendría que empezar de cero. Adrián no lo recuerda. Ni eso, ni cientos de cosas más. Estuvo siete meses en coma. Y luego de hospital en hospital, intervenciones, esperas, dolor, y mucha, mucha, rehabilitación. «Los médicos le dieron unas horas de vida», cuenta su familia. Pero sobrevivió. Sus padres y sus dos hermanos se negaron a despedirse de él y se volcaron por completo en retar a lo imposible. «Nos dieron a un bebé...» Ahora, cuatro años después, sigue la lucha. La personal y la judicial. El juicio contra quien lo arrolló está señalado para finales de 2020. «Todo ha ido muy lento. Nos han atropellado varias veces», cuenta Antonio, hermano mayor del joven.

24 de julio de 2015. Eran más o menos las siete de la mañana cuando ocurrió. El chico cruzaba la Avenida del Atlántico. Según la versión de sus amigos y otros testigos, por un paso de cebra. Según el conductor, no. El impacto fue brutal. Al volante iba un joven de la misma edad que Adrián. No paró. Según el atestado se presentó hora y pico después en la Jefatura. Le hicieron la prueba de alcoholemia y dio negativo. No le hicieron la de drogas a pesar de que al haber ocasionado un accidente de tal magnitud era preceptivo. Esa misma mañana se pudo ir a su casa. No fue detenido ni se le retiró el carnet de conducir. Dijo que se había ido dejando en el suelo tirado a Adrián porque pensaba que los amigos de este le iban a agredir. También algunos testigos aseguraron que iba a bastante más velocidad que los 30 kilómetros por hora permitidos.

«Nunca llamó»

«Desde el principio vimos indicios de que se quería entorpecer la investigación. Hasta la Policía Local ha querido pasar por encima nuestra. Fue toda una concatenación de despropósitos cuando era mi hermano quien estaba medio muerto», lamenta Antonio. «La instrucción ha sido lentísima, y mientras nosotros hemos vivido una pesadilla, el que la provocó y su familia están tan tranquilos con sus vidas y ni siquiera llamaron nunca para saber cómo estaba Adrián. ¡No sé cómo pueden dormir tranquilos!».

Obligados a estar centrados en la recuperación del chico, encontraron el apoyo legal en el abogado Luis Romero, experto y reconocido penalista sevillano. Desde el principio el letrado empujó con especial interés este caso. Él solicita tres años de cárcel para el conductor del coche por un delito de lesiones por imprudencia grave y cuatro más por el delito de omisión del deber de socorro. Además pide una indemnización de casi cuatro millones de euros para Adrián y su familia por las secuelas, los 1.007 días de tratamiento, y la incapacidad permanente absoluta o el lucro cesante.

Y aunque el juicio se celebre más tarde o temprano, la vida de Adrián ya no es la que iba a ser. «Fue un antes y un después. El tipo aquel curioso, ambicioso, con ganas de vivir, ya no está. Lo perdimos allí. Ahora hay otro al que adoramos y que ha tenido que aprender a respirar, hablar, comer, andar...».

Tras el atropello y pasar por el hospital Puerta del Mar de Cádiz, sus padres lo dejaron todo y se llevaron a Adrián a una clínica de Badalona especialista en este tipo de secuelas. «Todos los ahorros de la familia han ido para su recuperación».

Luego volvieron a Sevilla. Y ahí siguen batallando. Siempre pendientes de que ese chico inquieto y alegre que aunque es maestro nunca pudo pisar un aula, siga caminando «poquito a poco». «Le robaron todo. Solo pedimos que de una vez por todas se haga justicia».