Recorrido de la Virgen de la Palma por las calles de su barrio
Recorrido de la Virgen de la Palma por las calles de su barrio - FRANCIS JIMÉNEZ
TRADICIÓN

Hasta la marea bajó en La Viña

La Virgen de La Palma recorre su barrio justo cuando el otoño anuncia el Día de Difuntos

Pia, una noruega que visitó este jueves Cádiz por segunda vez con su familia, vivió en primera persona una expresión de fe sin necesidad de traducción

CÁDIZActualizado:

«Palmita del viñero, ella me guía...». Es la voz de un barrio tan gaditano como celebre que va unido a la fe de su Virgen como el cordón de un recién nacido al vientre de su madre. La señorita de La Palma recorrió de nuevo ayer las calles de la Viña bajo un manto de admiración y fervor. Lo dice el tanguillo del coro de Pastrana cuando recuerda el milagro que logró frenar la tempestad de aquel fatídico 1 de noviembre de 1755. El mar era una furia. Fue ella la que salvó a Cádiz del naufragio ante un mar embravecido por el maremoto de Lisboa.

Los viñeros le deben a ella la salvación y este jueves se lo agradecieron en las calles con los ojos cerrados y en un día de Difuntos de sol y brisa. Hasta la marea bajó en La Caleta cuando a las cinco y media de la tarde la cruz de guía se plantó en la puerta de la iglesia para iniciar el recorrido. Minutos antes, en la estrecha calle de San Nicolás, la banda de Julián Cerdán, de Sanlúcar, afinaba los instrumentos al mismo tiempo que los cargadores aguardaban el momento de la salida

Pía y su marido en la puerta de la iglesia de La Palma disfrutando del cortejo
Pía y su marido en la puerta de la iglesia de La Palma disfrutando del cortejo - L. V.

Pía, una mujer noruega, miraba atónita el escenario urbano y los preparativos de los cofrades para arrancar un cortejo cargado de simbolismo. Era la segunda vez que visitaba Cádiz con su familia y en esta ocasión se topó con una manifestación religiosa de fe y devoción que no necesitó de traducción alguna para comprender que algo grande pasaba en el corazón de La Viña. Nunca lo había visto. Jamás lo había sentido, pero al ver a la imagen en su paso comprendió el significado de una palabra poco utilizada en su vocabulario: fervor. Pía observó los candelabros del paso y el manto de la Virgen como si fueran una reliquia de museo y mientras perdía su mirada entre los detalles de las insignias, la banda tocaba la marcha Palma Coronada para continuar con la de Virgen de La Paz. Poco a poco el cortejo fue avanzando y Pía y su familia guardaron en sus móviles una postal difícil de entender en su Noruega natal.

El otoño ha tenido esta semana su peor cara en la provincia con un temporal de agua y viento y, sin embargo, el día señalado en el calendario para rendir honores a la Virgen se abrió para lucir con un cielo azul y limpio. La Viña es Misericordia el Lunes Santo y Palma en noviembre. Tradición y fervor de un barrio que sabe superar las vicisitudes.

Este año se ha cumplido el 263 aniversario de aquel 1 de noviembre de 1755 y desde entonces y de forma ininterrumpida se ha llevado a cabo la bendición de las aguas. El crucifijo de la cofradía, portado por su hermano mayor, Francisco Javier Lucero, sirvió de guía por la mañana para que muchos devotos se aferraran a él como quien se agarra a un madero en mitad del mar. Fue el acto matinal de bendición de las aguas, que recordó aquel momento histórico cuando las olas se detuvieron ante los pies de la Virgen. Al margen de esta celebración, la archicofradía anda inmersa en la recaudación de fondos para el campanario de la iglesia que se encuentra en mal estado. Ya se ha habilitado un número de cuenta para recoger donativos.