El Galopa, el pescador de droga que nunca se mojaba las manos

El cabecilla de la banda desarticulada en Sanlúcar que alijaba en recreativas se mantenía siempre en un segundo plano para evitar ser identificado

CádizActualizado:

Hará unos ocho años que detuvieron por última vez a Antonio Perez Raposo, alias El Galopa. Lo hicieron por una requisitoria que saltó sobre él por una condena que tenía pendiente de un juzgado de Sevilla. Pero las fuerzas policiales ya le conocían de sobra antes. Este supuesto cabecilla de la red desarticulada por Guardia Civil, Policía Nacional y Vigilancia Aduanera experta en traficar con hachís camuflados como pescadores era un viejo conocido de las fuerzas policiales. Uno de los que lo intentan una y otra vez por la desembocadura del Guadalquivir. Pero El Galopa entró en prisión entonces y perdió su sitio en un negocio que va siempre a marchas forzadas. Por eso se sospecha que nada más salir de la cárcel quiso renovarse, reagrupar a algunos y fichar a otros para su equipo y especializarse en colar la mercancía desde Marruecos, aunque no en neumáticas de gran potencia, sino en algo más disimulado, en barcos de pesca, donde camuflaban la droga entre las redes y las cañas echadas. Hasta que ha vuelto a ser detenido en el marco de la 'operación Euyun'.

Los investigadores señalan al Galopa como el líder, el que organizaban los alijos y coordinaba los movimientos de una banda compuesta por unas quince personas. Aunque «jamás se mojaba las manos», cuentan quienes le han seguido de cerca. Evitaba lo más posible el uso de los móviles, no iba a las negociaciones con los proveedores a Marruecos, nada de hacer gestiones de alquileres de 'guarderías' ni de arreglar negocios con los talleres. Intentaba mantenerse al margen. Para esa labor técnica ya tenía a dos lugartenientes, Francisco Javier J. N. y Antonio G. L., ambos detenidos también. Pero sí daba supuestamente las órdenes, como la de llevar la droga a una finca en la zona de la Chacona en Puerto Real, o aportar capital para las reparaciones, callar bocas si peligraba algún movimiento o abastecer al grupo de los medios necesarios.

Las imágenes del abordaje de la Guardia Civil a uno de los barcos de la red están cargadas de tensión. En ellas se ve como los agentes apuntan con sus armas y fijan a gritos a los sospechosos en la cubierta que levantan los brazos y no dudan en descubrir los fardos. Todo tiene su explicación. Al parecer una de las piezas que armó el puzzle de esta investigación fue un tiroteo que se registró en Monte Algaida, justo a las puertas de la casa del Galopa (un posible ajuste o vuelco). Por tanto, sabían que manejaban armas y podía que no dudaran en utilizarlas. De hecho, cuando hace unas semanas entraron de madrugada en la vivienda del cabecilla a por él, tras la puerta principal encontraron una pistola 9 milímetros, montada, cargada y municionada. Y debajo de su cama de matrimonio otra escopeta del calibre 12. También estaba lista. Por si había problemas.