El cuerpo de un inmigrante, encontrado en los Caños.
El cuerpo de un inmigrante, encontrado en los Caños. - LA VOZ
REPORTAJE

La esperanza ahogada en las playas de Cádiz

Desde hace quince años cuando el mar devolvía los cadáveres de los 37 inmigrantes de la patera de Rota, la provincia no vivía un episodio tan trágico como el de estas dos últimas semanas

Las mafias, la corrupción y la falta de colaboración, principales problemas para poner freno a un drama que no cesa y va a más

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Aquella barca neumática con 53 hombres y mujeres a bordo también zozobró y se hundió apenas a 200 metros de la orilla. Ocurrió hace ahora quince años. Un octubre de 2003 esa patera, conocida como la patera de Rota, dejó por primera vez a la puerta de la Bahía de Cádiz el drama de la inmigración irregular. Hasta 37 cadáveres semidescompuestos fueron llegando a la playa durante días en ese ritual fúnebre, de esperpento, que se ha vuelto a repetir estas dos últimas semanas con los naufragios de los Caños y el Palmar. Esta vez los cuerpos de momento que han aparecido han sido 25, pero todo apunta que podría haber una decena más que el mar no ha escupido todavía.

Han pasado por tanto quince años y los hechos nos dicen a golpe de realidad que poco ha cambiado. Pasó también en 2009 en la playa de la Aceitera, entonces fueron siete los cuerpos sin vida, y más recientemente, aquel triste 27 de enero de 2017, cuando tendido sobre la arena de la playa de la Mangueta un vecino de Barbate encontró al pequeño congoleño Samuel. 4 años. Muerto. Había viajado en brazos de su madre que también falleció y la encontraron en la costa de la otra orilla. Todos estos casos sacudieron conciencias, removieron a algunos de sus sillones, pero ha vuelto a pasar.

Y el temor es que estos naufragios no cesen. Todo lo contrario. Que vayan a más. El hecho de que se hayan producido dos en un periodo tan corto de tiempo, el de los Caños el lunes 5 de noviembre (con 24 fallecidos) y el del Palmar, este pasado martes, con un cuerpo encontrado y ocho desaparecidos, demuestra que la presión de las mafias, que se dedican a promover y traficar con estas personas, no entiende ya de nada más que no sea ganar dinero a costa de la desesperación. Otros lo intentan de ‘motu propio’, pero estos son los menos.

Zapatillas y chaleco de ocupantes de la patera de los Caños.
Zapatillas y chaleco de ocupantes de la patera de los Caños. - ANTONIO VÁZQUEZ

El número de pateras e inmigrantes rescatados que este año han intentado cruzar los catorce kilómetros de mar que separan África de Europa por el Estrecho ha superado, como se esperaba, los balances anteriores. No se recordaba algo igual desde la 'crisis de los cayucos' de 2006. Este verano, hace demasiado poco para olvidarlo, se han visto imágenes de personas durmiendo a la intemperie en las mismas patrulleras porque no había sitio donde albergarlos. O por los suelos en comisarías y puertos. Se tomaron medidas in extremis como la apertura de centros públicos y la creación de un campamento base en San Roque, que pronto se ha visto también colapsado.

«Esto no va a cambiar… hay mucho dinero en juego», cuenta apenado uno de los agentes que estos días han estado sacando cuerpos sin vida del agua. Dinero. Principio y fin de esta tragedia. Principio, porque es lo que necesitan los marroquíes o subsaharianos para pagar el billete a las mafias y que les dejen montarse en la patera que ellos decidan, y fin, porque a su llegada se inicia todo un dispositivo de acogida, de asistencia, de ayuda social, de emergencia, que también pasa por caja y necesita de un generoso presupuesto que no llega.

Pero hay más obstáculos en el camino de este drama. Como la propia maldad. La falta de escrúpulos de quienes aseguran un viaje sin seguro alguno a todos los que quieren intentarlo . «Tienen muchísimo más cuidado con la droga que con personas. Perder los fardos de hachís les puede costar millones de euros –incluso un balazo en la sien–, perder una vida humana por el camino, nada». Así de crudo es. Las organizaciones que trafican con inmigrantes van a lo que van. Depende de las condiciones que se pacten les cobran de 700 a unos 2.000 euros por tener una plaza en una patera. Ellos ya se aseguran de comprar a quien supuestamente vigila la costa para que les deje salir sin problemas. Otro hándicap: la corrupción. Las cifras que se manejan son especialmente golosas en un país o un castigado continente donde tener esos billetes en la cartera te pueden solucionar meses o años, a ti y a tu familia.

«Tienen mucho más cuidado con la droga que con las personas. La vida no les cuesta dinero»

Un ejemplo de que las mafias se aseguran que les va a salir a cuenta es que siempre se paga por adelantado. Siempre antes de embarcar. Con ellos viaja una persona de confianza de la red. El conocido como 'paterista' o 'patero' que funciona de manera similar al 'garante' de los alijos de hachís. A este individuo la mafia lo compra por unos 300 euros, o, en otras ocasiones le ofrecen a cambio de sus servicios pasarlo gratis a él o a un familiar. Los 'pateros', que suelen ser marroquíes que residen en Ceuta, Algeciras o la zona norte del país africano, se ocultan entre los inmigrantes que viajan a bordo.

Cadávares de la patera de Rota, en 2003, en la playa del Buzo.
Cadávares de la patera de Rota, en 2003, en la playa del Buzo. - EFE (JARO MUÑOZ)

Detectarlos, detenerlos e iniciar una investigación contra ellos por cooperadores necesarios, es muy difícil. La pericia en estos casos de los agentes es fundamental. Saber señalar a tiempo al que patronea puede dar pistas sobre quién o quiénes están detrás. Hay que controlar su comportamiento. Pocos quieren contar más. A menudo a la salida se advierte a todos los ocupantes de que no den nombres, ni señalen a nadie. Les amenazan con tirarlos al agua o matar a sus familias. La labor de la Policía Nacional y la Guardia Civil en estas investigaciones es por tanto primordial. El 'patero' no es el máximo responsable pero sí un eslabón muy importante para poder llegar hasta el jefe, hasta ese que no se moja nunca las manos.

La lucha policial contra este tipo de mafias es constante, pero, existen multitud de circunstancias que complican las operaciones como la dudosa colaboración del gobierno marroquí, según lamentan algunas fuentes consultadas. Cuestiones tan básicas en una investigación contra un grupo criminal como comprobar datos bancarios o intervenir teléfonos es, estos casos, peliagudo y engorroso. Pero si no se puede acceder a esta información poco se puede tirar del hilo para demostrar quienes están detrás de ese 'patero', de esas amenazas, de esos engaños y esas muertes.