Imagen de su última detención.
Imagen de su última detención. - LA VOZ
TRIBUNALES

Antón, el conocido narco de Barbate, no se libra de la prisión

El Tribunal Supremo hace firme el fallo de la Audiencia de Cádiz que le condena a seis años por alijar hachís junto a su hijo y un hermano por la costa de Conil

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Antonio Vázquez Gutiérrez, el legendario narco de la costa gaditana conocido como 'Antón', tendrá que seguir una temporada más a la sombra. El Tribunal Supremo ha rechazado el recurso de casación que –por hasta diez motivos – presentó la defensa del procesado contra la sentencia dictada por la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Cádiz, de 26 de febrero de 2018. El tribunal gaditano le impuso seis años de cárcel a él, a su hijo y a un hermano suyo al considerar probado que todos ellos perpetraron un alijo de 240 kilos de hachís en 2015, cuando les pilló por última vez la Guardia Civil.

Tal y como explica la sentencia del Alto Tribunal, a la que ha tenido acceso este periódico, el recurso de casación presentado entendía que el dictamen de la Audiencia había cometido infracción de ley y al precepto constitucional, además de quebrantamiento de forma. Sin embargo, el Supremo ha rechazado cada uno de los motivos expuestos por la defensa de Antón, confirmando así el fallo.

Como se recordará la sentencia de la Sección Tercera daba como hechos probados que el 17 de noviembre de 2015, Antón, el barbateño conocido por su rosario de andanzas delincuenciales y su particular personalidad, preparó un desembarco de droga en compañía de uno de sus hijos, que entonces tenía 17 años. Ambos subieron a bordo de una semirrígida. El barco había sido adquirido por el propio Antón y le había puesto el nombre de su mujer. Con ella pusieron rumbo a alta mar y cargaron en un punto no precisado ocho fardos de hachís. Sin embargo el plan se les torció cuando fueron interceptados por una patrulla del Servicio Marítimo de la Guardia Civil que había sido alertada a través del sistema integral de vigilancia del Estrecho (SIVE), de un barco sospechoso a unas cinco o seis millas de la costa frente a las playas de Roche, término de Conil.

En el interior de la embarcación los agentes encontraron la droga. Los fardos estaban atados unos a otros y todos ellos a unas bolsas cargadas de piedras con la idea de fondearlos en el caso de ser cazados. Pero no les dio tiempo. Llevaban 243 kilos de hachís. Además, en el momento de la detención –continuaba el fallo– se les intervino un móvil, un número de abonado, y un bolso donde en un papel tenían escritas unas coordenadas geográficas. También llevaban encima unos 300 euros.

Secreto de comunicaciones

Ya en tierra, al menor empezó a sonarle ante los agentes otro móvil que guardaba en la chaqueta. Aunque intentó disimular finalmente uno de los guardias se percató y descolgó. Fue entonces cuando se escuchó la voz del otro procesado que les estaba dando apoyo en tierra. «Ya tenemos todo preparado», afirmó, a lo que el guardia civil se limitó a contestar «venid para acá que tenemos problemas» y colgó. Esta actuación intentó ser anulada en primera instancia por parte de la defensa de los procesados al considerar que se vulneraba el secreto de comunicaciones, sin embargo la sala no lo consideró dando la prueba como válida basándose en varias sentencias del Supremo al respecto. Este extremo ha sido una de las cuestiones recurridas ante el Alto Tribunal pero también ha sido desestimado al no apreciar la Sala infracción alguna «ni de este derecho ni de ninguno de los otros derechos invocados».

Una vez detenidos Antón y su hijo, continuaba la sentencia, los guardias civiles se centraron en localizar e identificar al resto de los posibles implicados, aquellas personas que podían estar en los alrededores dándoles cobertura. Así, cuando dos agentes se dirigían por el carril de San Ambrosio, se cruzaron con otro vehículo que conducía otro familiar y donde viajaba el tercer implicado, el hermano de Antón apodado 'Selu'. La patrulla les siguió y los sospechosos emprendieron la huida hasta que llegaron a un carril sin salida. Entonces abandonaron el coche y se fueron a la carrera dejando atrás dos móviles, de la misma marca y modelo que los incautados en la embarcación. Tras gestiones policiales se comprobó que dichos teléfonos habían sido utilizados para coordinar el alijo y desde uno de ellos se había realizado la llamada descolgada en el muelle por el agente. Cuando hacían una batida por la zona, los guardias civiles pudieron detener a uno de ellos.

Tras la celebración de la vista oral, el tribunal de la Sección Tercera consideró probado estos hechos y condenó a Antón, a su hijo y a su hermano 'Selu' a seis años de prisión, concurriendo en el caso de Antón la circunstancia agravante de reincidencia por delitos contra la salud pública con sentencia firme. Además les impuso una multa de casi dos millones de euros a cada uno de ellos.

La Sala sin embargo le absolvió del delito de pertenencia a grupo criminal al considerar que, ciñéndose a lo ocurrido ese 17 de noviembre, no podía valorar si se trató «de una actividad ocasional o era reflejo de una actividad delictiva plural».

La historia de Antón, detenido y sentenciado en varias ocasiones, está relacionada con los peores momentos de la imagen de Barbate, cuando el tráfico de drogas asoló el municipio y él, como otros miembros de su familia, no dudaba en hacer una clara ostentación de sus 'negocios' presumiendo de coches de alta gama, nuevas casas e incluso, mascotas tan particulares como un cachorro de león que paseaba con entusiasmo por el paseo marítimo de su pueblo.