En los bajos de la pérgola de Santa Bárbara pernoctan un total de 17 personas.
En los bajos de la pérgola de Santa Bárbara pernoctan un total de 17 personas. - La Voz
Servicios Sociales

Nómadas de la calle en Cádiz; la vida de las personas sin hogar

El Ayuntamiento inicia una campaña periódica para garantizar la salubridad en estos espacios. Antes informarán a las personas que pernoctan en La Caleta y Santa Bárbara

CádizActualizado:

Sus «hogares» tienen vistas al mar pero no viven precisamente ni en un chalet ni en un apartamento frente a la playa. Con colchones improvisados, tiendas de campaña o particulares «casas» elaboradas con mantas, plásticos o sábanas; numerosas personas sin hogar pernoctan en los bajos del Balneario de la Palma, en la playa de La Caleta, y en la pérgola de Santa Bárbara.

Estas personas tendrán que abandonar próximamente estos espacios ya que -desde el Ayuntamiento- se ha iniciado una campaña de limpieza periódica para garantizar la salubridad en la zona.

Las tareas se llevarán a cabo de manera coordinada por parte de las delegaciones de Medio Ambiente, Servicios Sociales y Policía Local aunque, previamente, se realizarán iniciativas informativas dirigidas a las personas sin hogar que se encuentran tanto en los bajos de La Caleta como en Santa Bárbra para recordarles los servicios municipales de los que disponen y para que tengan opción de dejar sus pertenencias en el albergue municipal, donde podrán también pasar la noche, al igual que en los Caballeros Hospitalarios.

La próxima llegada del verano y la previsible afluencia de turistas en ambas zonas de la ciudad hacen necesaria esta limpieza ya que, además, se han sucedido las quejas de los usuarios de la playa de La Caleta ante la suciedad existente bajo el Balneario y de los clientes del aparcamiento subterráneo de Santa Bárbara.

En este último espacio se da también la circunstancia de que en un breve espacio de tiempo y -fruto del convenio firmado entre el Ayuntamiento de Cádiz y la Universidad de Cádiz para la ocupación de los locales situados en los bajos de la pérgola para reforzar el cinturón universitario-; la empresa constructora encargada del arreglo y adecentamiento de este área tendrá que actuar.

Desde las asociaciones y entidades que trabajan con los sin hogar de manera diaria aseguran que, una vez que se desalojen estos espacios, «el problema se trasladará a otro sitio de la ciudad porque muchas de estas personas no pueden pernoctar ni en el albergue ni en Caballeros Hospitalarios», asegura Nuria Riego, de la asociación Despertares.

Recuerda que en el albergue no hay espacio para más de una veintena de personas, que no admiten mascotas (y muchos de los que viven en la calle llevan una consigo) y que en el caso de Caballeros Hospitalarios solo aceptan a hombres en sus instalaciones.

La representante de la asociación Despertares insiste en que es necesario buscar una solución porque «ahora llega el verano y llegarán muchas más personas». Defiende que desde el Ayuntamiento se han puesto en marcha iniciativas como la mesa de personas sin hogar, el centro de baja exigencia (pendiente de su apertura) o la puesta a disposición de un piso tutelado para personas que tienen posibilidad de inserción en la sociedad.

Aunque estas personas acuden a comedores sociales y a asociaciones como Calor en la noche, donde se ofrecen diariamente unos 80 desayunos -aproximadamente- aún queda mucho camino por andar en esta materia.

Pendientes del centro de día

El responsable de esta entidad, Manolo Meni, insiste en que «parecía que el centro de baja exigencia estaba practicamente listo pero no, está cerrado y parado y estas personas necesitan un centro de día al que acudir. Es necesario agilizar este asunto». De hecho, Manolo Meni asegura que en la próxima mesa sin hogar que se celebre va a exponer este asunto.

Dando un simple paseo por Santa Bárbara se pueden observar varias tiendas de campaña montadas a plena luz del día en las salidas de peatones del aparcamiento. Allí se resguardan del frío y de la lluvia. A pocos pasos, casas elaboradas con mantas donde se apilan todas las pertenencias de estas personas cuyo único hogar es la calle.

Uno de ellos vive con su mujer enferma en una de esas «casas» asegurando que sueña con la posibilidad de poder optar a una ayuda para una vivienda y poder así salir de la calle ya que «no podemos ir al albergue porque no nos admiten nuestro perrito, al que no vamos a abandonar». Otros, sin embargo, no quieren ir a estos espacios al estar sujeros a normas. Prefieren seguir siendo unos nómadas de la calle.