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Los mártires y su relato José Francisco Serrano Oceja

El martirio representa la denuncia más elocuente contra los poderes del mundo y contribuye a reafirmar la presencia de la Iglesia

El próximo 11 de noviembre se celebrará en Madrid la ceremonia de Beatificación de 60 mártires de la persecución religiosa en España en el siglo XX dentro del grupo perteneciente a la Familia Vicenciana. Una oportunidad para un proceso de clarificación pública sobre el significado del martirio cristiano, un tema recurrente del Papa Francisco. El órgano oficial del POUM, «La Batalla», el 19 de agosto del 36 decía que «no se trata de incendiar iglesias y de ejecutar a los eclesiásticos, sino de destruir a la iglesia como institución social». Frase a la que añadían otras parecidas como que «la iglesia ha de desaparecer para siempre» o «la iglesia ha de ser arrancada de nuestro suelo».

Uno de los frutos editoriales del olfato cultural del arzobispo de Granada, monseñor Javier Martínez, en su editorial «Nuevo inicio», ha sido la edición reciente de un libro clave para entender la relevancia humana del cristianismo. Se trata del texto «Tortura y eucaristía», del teólogo William T. Cavanaugh. Plantea la necesidad de encontrar un nuevo lenguaje para decir con verdad a Cristo, y para decirse con verdad así misma, al mundo de hoy. ¿Cómo romper la tendencia de nihilismo cultural que empuja al cristianismo hacia la irrelevancia?, se pregunta.

Esta nueva pretensión implica elaborar un nuevo relato sobre el martirio. El mártir no es sólo alguien que muere por Cristo sino también alguien que muere por la causa de Jesús. En el martirio, el amor tiene la prioridad sobre la verdad porque la verdad se convierte en una exigencia del amor. Los mártires escogen la muerte antes que la apostasía, o que la resistencia violenta, porque sus muertes reflejan la muerte de Jesús. El martirio es una imitación de Cristo, un seguimiento en el camino de la cruz. Por eso el martirio es el ejemplo más claro de este seguimiento. El martirio, que rompe a la muerte su aguijón, representa la denuncia más elocuente contra los poderes del mundo y contribuye a reafirmar la presencia de la Iglesia. Los mártires vicencianos hicieron lo mismo que Jesús. Nada de política, ni de oportunismo, por tanto.

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