Varias mujeres tunecinas gritan consignas y portan carteles con el lema «no toquen mis derechos» durante una protesta pidiendo el respeto de los derechos de las mujeres, el 13 de agosto de 2012, en Túnez
Varias mujeres tunecinas gritan consignas y portan carteles con el lema «no toquen mis derechos» durante una protesta pidiendo el respeto de los derechos de las mujeres, el 13 de agosto de 2012, en Túnez - AFP

La lucha feminista tras la ley que acaba con la impunidad de los violadores en Túnez

Una de cada dos tunecinas habría sufrido violencia física, psicológica o sexual en un espacio público entre 2011 y 2015

Pionera en el mundo árabe, se han inspirado en legislaciones europeas como la española de 2004

Túnez|MadridActualizado:

Desde los 14 hasta los 17 años, la joven Hayar ha sido violada varias veces por hombres de su propia familia. Lo contó el pasado octubre en un programa de la televisión tunecina acompañada de su padre y su hermano. Entre sollozos, la muchacha reveló además que no sabía quién de sus tres violadores de los últimos meses la había dejado embarazada; pero el presentador (Alaa Chebby), lejos de compadecerse de su tragedia, le instó a que se casara con el responsable: «Tendría que haber informado antes de sus abusadores y pedir perdón a su padre por haberse quedado embarazada antes del matrimonio», le espetó Chebby a la joven. En este show televisivo, causante de tal indignación que llevó a la cadena a suspender tres meses el programa, el afamado presentador se amparaba en el artículo 227 b del Código Penal, que exoneraba al agresor de la pena de prisión si se casaba con la víctima. Ocho meses después de aquel programa, el Parlamento tunecino ha aprobado una histórica ley en el mundo árabe que no solo deroga este «artículo de la vergüenza», sino que también ofrece «protección a la mujer de todas las violencias» y acaba con la impunidad del violador.

Una de cada dos mujeres tunecinas habría sufrido violencia física, psicológica o sexual en un espacio público entre 2011 y 2015, según estima una encuesta de 2016 del Centro de Estudios, Investigación, Documentación e Información sobre la Mujer. Hasta la aprobación de la reciente ley, que entrará en vigor dentro de seis meses, la violencia familiar -una de las señaladas por la ley- seguía siendo tabú para la legislación tunecina pese a que hasta un 47% de las tunecinas la ha sufrido al menos una vez en su vida, según un estudio de 2010 de la Oficina Nacional de la Familia. Más allá de los asaltos sexuales cometidos contra mujeres, niños o personas en situación de vulnerabilidad, la ley recoge una serie de relaciones sexuales prohibidas, como el incesto: entre una persona y su hijo (o hija), su hermano (o hermana) o suegros con hasta diez años de prisión.

Monia Ben Hamadi (Izq), redactora de Inkyfada; Faten Abdelkefi (Cen), fundadora del colectivo Be Tounsi y miembro del colectivo feminista Nissa al 46; Nadia Chaabane (Der), antigua diputada de la Asamblea Constituyente Tunecina
Monia Ben Hamadi (Izq), redactora de Inkyfada; Faten Abdelkefi (Cen), fundadora del colectivo Be Tounsi y miembro del colectivo feminista Nissa al 46; Nadia Chaabane (Der), antigua diputada de la Asamblea Constituyente Tunecina- Montaje ABC

«La ley, que acaba con la impunidad del violador, permite fijar este problema como prioritario y lanza un mensaje muy fuerte a la sociedad tunecina sobre un enfoque más integral de la violencia contra la mujer, y más centrado en la prevención y la igualdad», explica a ABC una de las principales impulsoras de esta ley, Nadia Chaabane, diputada en la Asamblea Constituyente Tunecina hasta 2014 y fundadora del colectivo feminista Nissa al 46, que hace referencia al artículo de la Constitución que vela por la protección de los derechos de la mujer.

Lo interesante de nuestra lucha es que cuenta con un enfoque global, inspirada en las leyes españolas y francesas, y hemos buscado el mismo resultado

Pionera en el mundo árabe, los tunecinos se han inspirado en legislaciones europeas como la española de 2004. La aprobación de la ley en Túnez ha coincidido con el Pacto de Estado -dotado de 1.000 millones de euros- aprobado por las Cortes de nuestro país para prevenir la violencia machista desde el colegio y que considera violencia contra la mujer toda aquella que implique daños o sufrimientos de naturaleza física, sexual, psicológica o económica que se basándose en el Convenio de Estambul, después de que la ley aprobada durante el Gobierno de Zapatero se centrara en la violencia contra la mujer en el ámbito de las relaciones íntimas. «Lo interesante de nuestra lucha es que cuenta con un enfoque global, inspirada en las leyes españolas y francesas, y hemos buscado el mismo resultado», agrega Chaabane. Así, la legislación aprobada por la Asamblea tunecina reconoce la violencia física, psicológica, económica y sexual contra la mujer, proporciona medidas de protección y apoyo a las víctimas, e insta a los medios de comunicación a participar en la prevención y en la educación de la sociedad.

Discriminación económica

El Parlamento ha aprobado además la subida de la la edad de consentimiento sexual de los 13 a los 16 años, pese a la negativa de algunas voces islamistas que consideran que el texto pone en peligro los valores arabo-musulmanes y la familia. Así y todo, el presidente del islamista Ennahda, Rached Ghannouchi, ha aplaudido la aprobación de la ley, calificándola de «gran paso» en la búsqueda de la igualdad entre sexos. «Han abierto una línea telefónica para mujeres víctimas de acoso o violencia, pero ahora la principal batalla que nos queda es la de cambiar las mentalidades de los tunecinos. Un país musulmán como este con siglos y siglos de tradición (machista) es muy difícil que cambie de un día para otro», apunta la activista de la sociedad civil Faten Abdelkefi en entrevista con ABC. Afiliada a un partido progresista tras la revolución, ha sido una de las voces más influyentes de la blogosfera tunecina ya desde antes de la caída del régimen de Ben Alí. Además, Abdelkefi lidera el proyecto Be Tounsi que, con lemas en las redes sociales como «viste tunecino este verano», busca reanimar la artesanía del país impulsando su consumo entre sus compatriotas tras años de «crisis y de ocupación de productos chinos y turcos en los zocos» durante el Gobierno islamista de la Troika (2011-2014).

Human Rights Watch avisa de que el Gobierno ahora debe financiar y apoyar a las instituciones -prevé la participación de hasta seis ministerios- para que se aplique una auténtica protección para las mujeres. La ley «obliga a las autoridades a ayudar a las mujeres a buscar refugio, pero no prevé ningún mecanismo para su financiación». Chaabane, antigua diputada del progresista Al Massar, cree que esta ley carece de herramientas para combatir la discriminación económica para las mujeres. «Pasa un poco como las leyes contra el racismo en Europa, es difícil aportar las pruebas», apunta. Las asociaciones feministas del país llevan años detrás de esta reforma única en el mundo árabe. «Por estadística, las mujeres sufrimos aún más el paro, el acoso y la violencia sexual; pero por otro lado aunque el desempleo sea mayor, paradójicamente las mujeres somos mayoría en la universidad», comenta la periodista Monia Ben Hamadi, redactora del portal Inkyfada y autora de un extenso reportaje sobre la violencia machista en su país.

Desde que se propuso por primera vez durante el gobierno de Mehdi Jomaa (2014-2015), con un proyecto de ley liderado por la secretaria de Estado para la Mujer Neila Chaabane, hasta su final aprobación, asociaciones feministas como la de Abdelkefi, también de Nissa al 46, han acusado al Gobierno de priorizar la lucha antiterrorista y olvidarse de los otros desafíos de la nueva democracia tunecina: «Soy feminista, lo digo abiertamente y llevo muchos años en la lucha. Los principales esfuerzos para llegar a esta ley han venido de la sociedad civil, no del Estado. El feminismo está muy anclado en la sociedad tunecina pese a ser fuertemente combatido por las fuerzas retrógradas de este país. No es que haya una adhesión total de todo el pueblo. Es minoritario, sí, pero estamos ahí».