César Nombela

Experimentar con humanos

Solo puede ser aceptable en un marco ético exigente que garantice las mejores prácticas

César Nombela
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El avance de la Medicina requiere experimentar con seres humanos, así fue siempre. La experimentación con animales, o los ensayos in vitro con materiales biológicos, proporcionan información sin duda muy valiosa. Pero, el traslado de los resultados a la cama del enfermo exige probar su validez diagnóstica o terapéutica, para que la evidencia científica pueda respaldar la práctica sanitaria.

Los ejemplos son numerosos y reflejan la complejidad creciente de los estudios y sus consecuencias. Emergen nuevos agentes infecciosos patógenos y las preguntas sobre la evolución y control del proceso pueden requerir infectar experimentalmente a voluntarios. Así ha ocurrido recientemente con el virus Zika, pero controlar, por ejemplo, la posible transmisión sexual a terceros añade factores de imprevisión. La aprobación de nuevos medicamentos exige un largo proceso, que comienza siempre con la realización de pruebas en personas sanas, la llamada fase I de la experimentación clínica. Mayor complejidad tienen las fases II y III en las que ya se trata a enfermos de los que podrían curarse con el tratamiento en estudio. Una buena parte de esta experimentación clínica en la actualidad se dirige a enfermos de cáncer, con fármacos que sólo son utilizables para tumores con perfiles genéticos concretos. A veces en la propia experimentación del tratamiento puede estar la posibilidad de que el enfermo sobreviva, lo que enfatiza, incluso con dramatismo, la necesidad acertar en la prueba de adecuación.

La experimentación con humanos sólo puede ser aceptable en un marco ético exigente, que garantice las mejores prácticas, que sopese el que los potenciales beneficios superan a los riesgos, que acote cuál es el riesgo aceptable, que proteja frente al daño a terceros. La complejidad creciente incrementa los costes y exige una supervisión por comités de expertos, que tienen capacidad para detener un ensayo en casos concretos. Dos cuestiones me parecen relevantes: el papel de las autoridades regulatorias del uso de tratamientos, y la importancia de seguir progresando en el conocimiento, para hacer factible una reducción de la experimentación con humanos.

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