Carta apostólica de Francisco

Esperanza Puente: «El Papa Francisco piensa en las mujeres que sufren por el aborto»

Esperanza pasó por un aborto hace 16 años y asegura que la medida del Santo Padre «es una gran noticia»

Esperanza Puente colabora con la Fundación Red Madre para ayudar a otras mujeres que han pasado por un aborto - José Ramón Ladra
Laura Daniele Madrid - Actualizado: Guardado en:

El aborto es un drama al que se ven abocadas muchas mujeres debido a una falta de apoyo afectivo, social o económico o empujadas por una cultura que ve en esta práctica un derecho en lugar de un modo de «poner fin a una vida humana inocente», como recuerda Francisco en su carta apostólica.

Intentar curar las heridas que el aborto deja en el corazón de estas mujeres es una tarea que la Iglesia realiza desde hace mucho tiempo y que el Papa Francisco intenta facilitar aún más acercando el sacramento de la Reconciliación. Al menos así lo ha vivivido Esperanza Puente, que después de pasar por un aborto hace 16 años ahora se dedica a ayudar a otras mujeres para evitar que pasen por esta experiencia «traumática» a través de la Fundación Red Madre.

«La decisión del Papa es una gran noticia que demuestra que el Santo Padre piensa en las mujeres que sufren por haber pasado por un aborto». Para Esperanza «hacer más accesible el sacramento de la Reconciliación no solo supone una manera de ayudar a sanar las heridas, sino también de ayudar a vivir con serenidad sabiendo que tu hijo está en el cielo». Esa es la experiencia que esta mujer ha vivido después de pasar por el confesionario.

«Sin preguntas y sin reproches»

«A mí la Iglesia me ha acogido sin preguntas y sin reproches. La reconciliación a mí me ha cambiado la vida. Me ha ayudado a vivir con dignidad y serenidad. Te ayuda a vivir esa realidad de otra manera», asegura.

Pese a saludar la medida del Papa que permite a todos los sacerdotes absolver el pecado del aborto, Esperanza explica que «la confesión no implica sentirse que ya estás curada». «Al tratarse de un pecado tan grave tiene que haber un recorrido y un acompañamiento porque lo que más cuesta es perdonarse a uno mismo. Por eso este pecado tiene que tener un seguimiento que te lleve a un cambio de vida», apunta esta mujer que recuerda que, con la decisión de Francisco, «el pecado del aborto no va a dejar de tener la gravedad que tiene».

También recuerda que la reconciliación requiere que «el daño sea reparado». Empujada por ese deseo, Esperanza ha decidido dedicar una parte de su vida a colaborar con entidades provida. «El drama de las mujeres que abortamos es que nuestros hijos no existen para el mundo pero para nosotras y la Iglesia sí que existen».

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