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Imagen de archivo - EFE

Detenida una enfermera italiana por suministrar morfina a bebés para que estuvieran tranquilos

La mujer, de 43 años, aseguró a sus compañeros que consideraba que no era peligroso

Corresponsal en RomaActualizado:

La sorpresa e incredulidad es general entre los profesionales de la medicina y la opinión pública. La enfermera Federica Vecchini, 43 años, fue detenida por suministrar morfina a un bebé para que no llorase continuamente. El recién nacido corrió el riesgo de morir por una crisis respiratoria gravísima provocada por la dosis de morfina. El pequeño se encontraba en el departamento de pediatría neonatal del hospital Borgo Roma de Verona. Nació prematuro, pero se repuso muy pronto.

En la que debía ser su última noche en esa sección pediátrica, antes de recibir el alta, entre el 19 y 20 de marzo pasado, sufrió una serie de complicaciones, con crisis cardiorrespiratoria, lo que alertó al personal médico, incapaz de dar una respuesta razonable a tal empeoramiento en la salud del bebe, con el corazón casi paralizado a punto de morir. Fue trasladado a la Unidad de Cuidados Intensivos para las oportunas maniobras de reanimación.

Ante la sorpresa y tensión de los médicos en la sala, la enfermera Federica Vecchini comenzó a dar indicaciones a los doctores para que le suministraran inmediatamente naloxone, un fármaco antagonista de los receptores opioides, muy utilizado en el tratamiento de la intoxicación aguda por opiáceos. En la sala se percibió en ese momento un silencio gélido solamente roto por la voz del médico de guardia: «Haced lo que ella dice», ordenó el doctor, quien al día siguiente presentó un informe al responsable de Pediatría, Paolo Biban. Se inició así una investigación interna, partiendo de un interrogante: ¿Cómo podía saber la enfermera Vecchini que el bebé necesitaba un potente fármaco que a veces se suministra a quien abusa de heroína.

Federica Vecchini, madre de tres hijos, con casi 20 años de experiencia en hospital, se encuentra en la cárcel desde el jueves. Ella afirma que es inocente y que salvó al bebé, mientras sus colegas no salen aún de su asombro: «Es brava, competente, muy experta y amante de los niños», describen a la presunta responsable, y el jefe de Pediatría, Paolo Biban, lo confirma: «Era una de las más bravas». Deberá aclararse ahora otra posibilidad inquietante: Si en el pasado otros bebés llorones fueron sedados de la misma forma.