Sociedad

Condenados a un año de cárcel cinco jóvenes que en 2014 irrumpieron en una iglesia de Palma

La denuncia había sido presentada por el Obispado de Mallorca, que antes del juicio intentó llegar a un acuerdo con los asaltantes proabortistas

La Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Baleares ha condenado a un año de cárcel, por un delito contra la libertad religiosa, a cinco de los seis jóvenes que en 2014 irrumpieron en la iglesia de Sant Miquel de Palma con proclamas a favor del aborto. Al tratarse de una pena inferior a los dos años, ninguno de ellos deberá ingresar en prisión. La Sala absuelve en su sentencia a la sexta persona acusada en este proceso. El fallo no es firme y contra él cabe la presentación de un recurso ante el Tribunal Supremo.

La sentencia afirma que los acusados sabían que estaban vulnerando la libertad de celebrar misa con normalidad de un grupo de personas creyentes, y que con ello se contravenía su derecho a la libertad religiosa. No sólo lo sabían, sino que querían hacerlo. El derecho de los acusados a expresarse libremente no puede coartar, argumenta la Sala, el ejercicio de la libertad de reunión y expresión colectiva de otros y no puede vulnerar la libertad religiosa. La pena impuesta por la Audiencia Provincial también incluye la inhabilitación especial para el derecho de sufragio pasivo durante el tiempo de condena.

Cabe recordar que el juicio por este caso se celebró el pasado mes de septiembre. Al final de la vista oral, el Obispado de Mallorca anunció que rebajaba su petición inicial de pena para los seis jóvenes. De los cuatro años de cárcel solicitados en un principio por la diócesis, se pasó finalmente a un año y medio, que era la condena solicitada por la Fiscalía.

La acusación particular que ejerció el Obispado había solicitado inicialmente una pena de cuatro años de cárcel para cada encausado, mientras que el Ministerio Público sólo pedía penas de un año y medio para cada uno, por un delito contra la libertad de conciencia y los sentimientos religiosos. Aun así, desde el inicio del proceso judicial la diócesis también se había mostrado dispuesta a retirar la acusación con la única condición de que los seis jóvenes reconocieran públicamente que habían actuado mal, algo que no sucedió finalmente. No obstante, durante la vista oral los encausados sí lamentaron las molestias que pudo haber ocasionado su protesta.

Los hechos juzgados el pasado mes de septiembre en la Audiencia Provincial se remontaban al 9 de febrero de 2014, cuando una veintena de personas entraron en la parroquia de Sant Miquel poco después de que hubiera empezado la misa del mediodía. Los encausados avanzaron por la iglesia mientras gritaban «Fuera rosarios de nuestros ovarios» y «¡Libre y gratuito aborto!». Tras vivirse momentos de gran tensión, el sacerdote que estaba oficiando la eucaristía, personal de la parroquia y diversos feligreses evitaron que los asaltantes consiguieran llegar hasta el altar. Finalmente, lograron además que los citados jóvenes abandonasen el lugar sin nuevos incidentes.

En la primera sesión de la vista oral declararon las cuatro mujeres y los dos hombres que se sentaron en el banquillo por aquella actuación. Una de las acusadas afirmó ante el tribunal que ella no participó en dicha protesta y los cinco encausados restantes alegaron que desconocían que su acción fuera un delito y también explicaron que cuando entraron en la iglesia no sabían que se estuviera celebrando una misa.

Los encausados señalaron también ante el tribunal que su acción fue un acto de protesta «pacífica» por la reforma de la Ley del Aborto que en aquellas fechas estaba tramitando el Gobierno central. En ese contexto, también indicaron que desconocían que la irrupción en un templo religioso pudiera vulnerar el derecho al culto de los fieles católicos.

Durante el juicio comparecieron, en calidad de testigos, varios de los fieles que estuvieron presentes aquel día en la iglesia de Sant Miquel. Uno de los feligreses señaló ante el tribunal que los acusados entraron «en tropel» en dicha parroquia, pegando «gritos» y profiriendo «frases injuriosas». Por su parte, el sacerdote que aquel día estaba oficiando la misa dijo que los jóvenes acusados eran «ciudadanos» e «hijos de Dios». Asimismo, afirmó que durante la protesta hubo un «forcejeo» entre unos y otros, aunque sin ningún tipo de violencia.

Días antes del inicio del juicio, había tenido lugar una reunión en el Palacio Episcopal entre el nuevo administrador apostólico de Mallorca, monseñor Sebastià Taltavull, y cuatro de las personas acusadas, para intentar acercar posiciones antes del comienzo de la vista oral, pero el encuentro finalizó sin ningún acuerdo.

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