César Nombela

¿Ciencia con fronteras?

No han faltado tintes supremacistas al insinuar que son mejores los investigadores catalanes

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El esfuerzo científico supera fronteras geográficas de los estados, además de las étnicas, aún tan añoradas por muchos nacionalistas identitarios. Más del 60% de los investigadores postdoctorales en Estados Unidos son extranjeros y la coautoría de más de un país, en las publicaciones científicas europeas, ha pasado del 15% al 50% en cuatro décadas. Pero la inversión de recursos para investigación es asimétrica en el mundo. En España muchos científicos proponemos más Ciencia y mejores políticas dentro de los habituales debates, en los que importan tanto ser riguroso con los datos, como acertado a la hora de proponer medidas.

De lo que no cabe duda es de que la inversión de recursos públicos de I+D en España (la pública moviliza la privada) apoya con intensidad la investigación en Cataluña, atrayendo así a muchos científicos de fuera. Grandes instalaciones como el Centro Internacional de Supercomputación de Barcelona, el Sincrotrón ALBA, el Centro de Regulación Genómica representan apenas unos pocos ejemplos. Así lo reconocen algunos directores de estos centros que rehusaron secundar la reciente huelga del separatismo. El CSIC mantiene institutos muy avanzados en esta comunidad. España invierte más del 25% de sus recursos para investigación, y de los que recibimos como españoles de la UE, en la comunidad catalana, una proporción mucho mayor de lo que correspondería por población, contribución al PIB, etc. Está bien, la política científica de las naciones más avanzadas no se basa en el «café para todos», debe priorizar la calidad, la temática y otros aspectos. Pero, nada de ello justifica el que algún investigador en Cataluña proponga que estrechar el territorio, poniendo una nueva frontera en Europa con la independencia, beneficiaría a la Ciencia. No han faltado tintes supremacistas al insinuar que son mejores los investigadores en esa comunidad, y no digamos al afirmar que los aragoneses Servet y Cajal y el valenciano Arnau de Vilanova representan una genuina medicina catalana, al margen de la española. En el cruce de proclamas soberanistas el rigor científico también está siendo una víctima.

CÉSAR NOMBELA