Mostradores del registro civil en la ciudad de la Justicia de Valencia
Mostradores del registro civil en la ciudad de la Justicia de Valencia - Alberto Saiz

Apellidos en peligro de extinción

Procedentes de topónimos poco frecuentes o de apodos raros, existen 2.300 nombres familiares que llevan menos de 20 personas en España

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Ya no queda nadie en España que se apellide Calatañazor. Ninguna persona ostenta el apellido de la población soriana donde nació la leyenda de Almanzor, que allí «perdió su tambor». Y otros pronto pueden seguir su destino. Apellidadas Pachamé solo hay 7 personas; Jubitero, 19; Catahumbert, menos de cinco… Al menos existen 2.300 apellidos en el país que portan solo 20 personas según el Instituto Nacional de Estadística. Y muchos de ellos ni siquiera lo saben.

Fue la casualidad la que quiso que Leila Quirán se diera cuenta de esta circunstancia. En una cena distendida en la que se habló sobre qué apellido deberían llevar sus hijos, decidió comprobar cuál era el menos frecuente entre el suyo y el de su pareja. Su sorpresa llegó al averiguar que tan sólo 24 personas portaban Quirán de primero y 28 de segundo. «Pero si son solo los de mi familia», exclamó.

«Los apellidos con mayor tendencia a desaparecerson los que proceden de topónimos raros, nombres de persona y apodos poco frecuentes, y los extranjeros -italianos o flamencos, por ejemplo- de los que sólo se establecieron en España uno o muy pocos portadores. Creo que es cuestión sobre todo del número inicial de fundadores del apellido», explica Fernando González del Campo, licenciado en Historia y genealogista profesional.

[De García a Sanz, descubre los cinco apellidos más comunes en cada provincia]

García, González, Rodríguez, Fernández y López son los apellidos más frecuentes. Más de 8,5 millones de personas llevan de primer apellido alguno de los 10 más frecuentes. Si se amplía la lista hasta los 100 primeros puestos, la cifra llega hasta los 17,6 millones: el 38 por ciento de la población residente en el país. [Descubre aquí los cinco apellidos más comunes de cada provincia]

Son los llamados patronímicos, los que proceden del nombre del padre y a los que en la mayoría de casos se añadió el sufijo «ez», como Sánchez, hijo de Sancho. Ocurre especialmente con los que estuvieron de moda en la época en que se empezaron a fijar los apellidos, hacia el siglo XIII, por ser los que llevaban reyes, grandes nobles y santos muy conocidos, explica González del Campo.

Sin embargo, para el académico de la Historia Jaime de Salazar y Acha, numerario -y antiguo director- de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía, es necesario hacer una distinción. «Los apellidos no se extinguen, sino los linajes, las familias. Cualquier persona puede tomar un apellido siempre que pueda motivarlo de alguna forma», dice. Y pone como ejemplo a los Fitz-James Stuart españoles. «Están en vías de extinción, aparte de porque Cayetana se haya muerto hace unos años, porque tiene dos sobrinos que uno es soltero y el otro solo tiene hijas. Sin embargo, el apellido no se extingue porque Carlos de Alba adoptó el apellido materno ytiene hijos varones». Lo mismo ocurrió con los descendientes de Cristobal Colón, un linaje que se extinguió en sus bisnietos, pero cuyo apellido se mantuvo gracias a que el apellido materno se recuperó en primer lugar.

Sin cifra concreta

No hay es una cifra marcada por la que se considere que un apellido puede caer en el olvido, aunque los expertos la sitúan en unos pocos cientos de personas. Eso sí, los apellidos más sonoros son proclives a mantenerse, reconoce de Salazar y Acha, porque, al final, su objetivo es el de distinguir a las personas. «La extinción de un apellido hoy es dificilísima, casi imposible, mientras que con los linajes ocurre lo contrario».

Llegó a ser el último de su apellido y también de su linaje Álvaro de Usera, que creció conociendo esta condición gracias a la vinculación familiar con las Hermanas del Amor de Dios. Ellas les informaron de que Álvaro era el último varón nacido con dicho apellido integrante del árbol genealógico del padre Usera. Por ello la congregación se ofreció a proporcionarle una educación gratuita. Hoy solo quedan 26 «de Usera», aunque la cifra tiene truco: fue su abuelo paterno quien decidió añadir el «de». Sin la preposición hay otras 80 personas.

Son muchos quienes deciden añadirle una proposición al apellido, o crean uno nuevo compuesto para distinguirse. En este sentido, el estudio «Surnames and social status in Spain», de 2008, detectó una alta tasa de apellidos combinados formados por uno muy extendido y otro raro, generando uno nuevo muy poco común. «Las reglas más rígidas impuestas en los siglos XIX y XX dejan como una de las pocas posibilidades de transmisión la creación de los apellidos compuestos, y por eso quizás se haya utilizado principalmente en el siglo XX», explicaba Ignacio Ortuño, investigador del Departamento de Economía de la UC3M y coautor del estudio. Así, si un prestigioso doctor con los apellidos García Sal era identificado así, él y sus hijos podrían tener un cierto interés en convertir los dos apellidos del padre en el nuevo apellido compuesto: «García-Sal». Además, las conclusiones de este estudio defendían que las personas con apellidos poco frecuentes tienden a tener un nivel socioeconómico mayor. El motivo: un nivel relativamente bajo de movilidad social y un comportamiento señalizador de las dinastías con éxito.

Los malsonantes

La otra cara de la moneda la presentan los apellidos «malsonantes» como Gorrón, Mujeriego, Feo... Apellidos que, en su formación, tuvieron que ver con una característica que se dio a uno de sus antepasados. «Un apellido así uno lo deja morir», opina la genealogista Mireia Nieto. De hecho, suelen ser poco comunes. Sin embargo, a veces el sentido original es diferente del actual, como en el caso de Vicioso. En castellano antiguo significa «lozano, próspero, rico». Hoy nadie le daría ese sentido.

Pero el estigma puede no venir por el significado, sino precisamente por ser poco frecuente y convertirse en célebre... a disgusto de sus familiares. Ejemplo de ellos son los sobrinos-nietos de la rama estadounidense de la familia de Aldolf Hitler, que decidieron cambiar su apellido.

Mantener o extinguir el nombre familiar no deja de ser una elección personal. González del Campo relata la lucha de una amiga que, tras averiguar que sólo 47 personas llevan su apellido, está intentando que sus hijos lo unan al del padre, formando un compuesto.

Para Leila Quirán, aunque pueda darle pena que se pierda el nombre familiar, especialmente porque ha comprobado que la mayor parte de la última generación son mujeres, no impondría su apellido en primer lugar. Ni siquiera con las posibilidades de la nueva ley. «Me da un poco igual», reconoce. De igual manera contesta De Usera. Para Quirán no ha cambiado nada averiguar que su apellido pueda quedar pronto en el olvido. Pero, reconoce, «nunca piensas que hay tan pocas personas con tu mismo apellido hasta que lo compruebas».