Sociedad

África planta un bosque de 7.000 km sin saber aún si será capaz de detener el Sahara

La Gran Muralla Verde cruzará todo el continente, desde Senegal a Etiopía para frenar la desertificación de la zona

El proyecto de plantar árboles en el desierto se prolongará durante veinte años
El proyecto de plantar árboles en el desierto se prolongará durante veinte años - ABC
LAURA SECORUN Corresponsal En Nairobi - Actualizado: Guardado en:

A las afueras de un pequeño pueblo en Senegal, un par de hombres agachados plantan semillas en la tierra escorchada por el sol. No lo parece, pero están colaborando en la construcción de uno de los proyectos medioambientales más ambiciosos en la historia de la humanidad. Se trata de la «Gran Muralla Verde» un cinturón de árboles de 15 km de ancho y 7.775 km de largo que cruzará toda África, desde Mauritania hasta Yibuti. Su objetivo es frenar el avance del desierto, mejorar la gestión de los recursos naturales y la luchar contra la pobreza. Cuando la muralla se termine, en unos 20 años, el nuevo bosque cubrirá unas 11.662.500 hectáreas.

El Sahel – así se llaman las tierras áridas debajo del Sahara - es el hogar de casi 500 millones de personas. Pero el cambio climático y la aridificación les hace cada vez mas difícil de cultivar. Según un estudio de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, los once países implicados en la construcción de la muralla verde pierden un promedio de 1.712 millones de hectáreas de bosque cada año – el equivalente a 34 Españas.

Extremismo islámico

La falta de oportunidades económicas en el Sahel también es una de las razones por la cual muchos Africanos deciden emigrar a Europa y ayuda a la propagación del extremismo islamista en la región. Grupos como Boko Haram y Al Qaeda en el Magreb Islámico se aprovechan de jóvenes agricultores, desesperados después de años en el paro.

La Gran Muralla Verde Africana pretende ser la solución a todos estos problemas. El proyecto es sumamente ambicioso, pero tiene el apoyo de las Naciones Unidas, la Unión Africana y el Banco Mundial que se ha comprometido a financiarlo con 2.000 millones de dólares. La construcción empezó en 2008 bajo el mandato de la Agencia Panafricana de la Gran Muralla Verde que incluye Burkina Faso, Yibuti, Eritrea, Etiopía, Malí, Mauritania, Níger, Nigeria, Senegal, Sudán y Chad.

«Nuestro objetivo es parar el avance del desierto y a ayudar a la gente a vivir mejor de su tierra», explica Papa Sarr, director técnico de la Agencia Nacional de la Gran Muralla Verde en Senegal. «Cuando hay árboles, los microorganismos en la tierra se regeneran y ayudan a otros organismos a vivir. Al principio es una transformación invisible pero es muy importante».

La barrera verde no servirá solo para ayudar a campesinos en el Sahel. La iniciativa también pretende mejorar las vidas de los millones de Africanos viviendo en ciudades más al sur. Los nuevos miles de árboles absorberán dióxido de carbono y producirán oxígeno, lo que podría mejorar la calidad del aire en muchas urbes Africanas.

Por ahora, Senegal es el país que está plantando más rápido, sobretodo palma o acacia. La acacia proporciona un ingrediente popular en productos de confitería y su venta podría dar empleo a muchos locales. Moussa Dia, un pastor de cabras de la región dice estar esperanzado: «La barrera lo mejorará todo».

Un proceso muy lento

Pero ocho años después de la introducción de las primeras parcelas en su pueblo, Kooyah, expertos dicen que todavía es demasiado pronto para sacar conclusiones. La tasa de éxito es de entre el 70% y el 75% pero varía drásticamente entre parcelas. Según las autoridades, la regeneración de las especies vegetales ya está teniendo lugar, pero el proceso es muy lento.

El mayor obstáculo del ambicioso proyecto podría ser la inestabilidad política. La barrera pretende cruzar Níger, Sudán, Malí o Chad, países con grupos armados y organizaciones terroristas que no dejarán entrar a extranjeros. Y no todas las comunidades van a entender el valor de los árboles, advierte la analista política Mary Harper. En lugares como Somalia, donde la mayoría de la población vive bajo el umbral de la pobreza, «el nuevo bosque se podría convertir rápidamente en leña y carbón».

China también lo intentó

No es la primera vez que alguien trata de erigir un bosque de la nada. En 1978, China empezó a construir su propia Gran Muralla Verde. El objetivo era crear una barrera árboles a lo largo de 500 kilómetros para detener la deriva hacia el sur del desierto del Gobi. Hasta hoy, el gobierno ha plantado unos 70 mil millones de árboles pero varios estudios muestran que el avance del desierto continúa y que la mayoría de árboles mueren antes de tiempo.

Algunos expertos denuncian que la premisa del proyecto es errónea. «El problema no está en el avance del desierto», dice Richard Escadafal, presidente del Comité Científico Francés contra la Desertificación. Según su organización, la desertificación del Sahel no está siendo causada por la invasión de arena del Sahara sino por la escasez de lluvia, la concentración población y la sobreexplotación agrícola. Y «la barrera no actúa sobre las causas de estos problemas».

A pesar de las dificultades, en Senegal, hay pequeños signos de esperanza. Muchos de los animales que habían desaparecido de la región de Kooyah están volviendo. Los habitantes dicen encontrar antílopes, liebres y pájaros que no habían visto en los últimos 50 años. Así que Sarr sigue plantando cientos de árboles en la tierra árida, aunque admite: «¡El nuestro es trabajo sin fin!»

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