Julio Malo

Arquitectura efímera Julio Malo

Se conoce como efímera a la arquitectura que se construye para ser desmontada en un breve periodo de tiempo, como los pabellones que forman parte de exposiciones, caracterizados por especiales condiciones: gestación breve, existencia corta y final súbito

Julio Malo - Actualizado: Guardado en:

Se conoce como efímera a la arquitectura que se construye para ser desmontada en un breve periodo de tiempo, como los pabellones que forman parte de exposiciones, caracterizados por especiales condiciones: gestación breve, existencia corta y final súbito. Pero al repasar la historia de la arquitectura del siglo XX encontramos una sorprendente cantidad de piezas de este tipo que figuran entre las obras cumbre de nuestra época, desde el pabellón alemán en la Expo de Barcelona de 1929, de Mies van der Rohe, hasta el Pabellón Philips de Le Corbusier en la Expo de Bruselas de 1958, por citar solo dos ejemplos muy notables. Sin embargo queremos ignorar que la arquitectura es siempre efímera por su propia condición, ya que todos los edificios se están cayendo lentamente desde el mismo momento en que terminan de construirse, pues la naturaleza hace para que se caigan porque la Tierra tiende a ser redonda. No existe ninguna construcción de más de quinientos años que se mantenga en pie, sin que haya sido restaurada en profundidad o directamente reconstruida, a menos que se trate de una pirámide. Tal vez la creencia en la perdurabilidad de nuestras obras tenga su raíz en la rebeldía del genero humano contra la punzada abrasadora del tiempo.

En el pabellón japonés en la Expo sevillana de 1992 el arquitecto Tadao Ando decidió mostrar su arquitectura tradicional en clave contemporánea. En Japón como en la arquitectura celta se ha empleado la madera como material estructural. Pero la madera soporta mucho peor que la piedra el paso del tiempo, por eso la arquitectura celta no ha dejado rastro y sólo conocemos alguna descripción de la misma por relatos de historiadores romanos. Sin embargo los japoneses resuelven el problema de la fragilidad temporal mediante la reposición. Así, los Templos sintoístas se ubican sobre un terreno que dispone el doble de la superficie precisa para el edificio, a modo de sendos espacios, uno de los cuales se edifica y el contiguo queda libre de ocupación. Pasados unos sesenta años, en el solar adjunto se edifica un Templo idéntico al primigenio que ya acusa daños por el transcurso de la acción de los agentes naturales; una vez construido el nuevo Templo, el anterior se desmonta y el espacio que ocupaba queda libre para cuando el sucesivo edificio también deba renovarse.

Una pieza que ha tenido gran importancia en nuestra arquitectura es el pabellón español en la Expo de Bruselas de 1958 de Corrales y Molezún, hito en la superación del eclecticismo historicista impuesto por el desenlace de la guerra civil. Tras el triunfo franquista los arquitectos de vanguardia que introdujeron el Movimiento Moderno son eliminados del panorama profesional: muertos en combate, fusilados, encarcelados, exilados o depurados. El régimen nuevo adopta la estética clasicista propia de Speer, el arquitecto de Hitler. Alemania pierde la guerra y éste es condenado en Núremberg a veinte años de prisión. La inercia ecléctica persiste en la obra pública hasta que un grupo de jóvenes arquitectos ligados a la Administración recuperan poco a poco la modernidad truncada, como Alejandro de la Sota, Asís Cabrero y Miguel Fisac, mientras que en el mundo occidental se establece una relación entre modernidad y democracia, no sólo por reacción a la grandilocuencia nazi sino también como réplica al ‘Monumentalismo Social’ impuesto por Stalin cuando liquida al movimiento Constructivista y disuelve las agrupaciones libres de profesionales y artistas. En ese panorama, una pequeña construcción en Bruselas pauta nuestra historia.

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