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El dedo Ignacio Ruiz Quintano

Con Rita Barberá haciendo mutis por el foro, arranca la regeneración de Estepaís, la España de Foxá

Por Foxá, que hablaba con asombro de cómo impregna España, sabemos que los indios de Bolivia, cuando beben, gritan «¡viva Fernando VII!»; que en Inglaterra hay pueblos con hombres morenos que se acuerdan de que sus padres vinieron en «La Invencible»; o que en Grecia, cuando huye un niño, se le pregunta si es que cree que le persiguen los catalanes.

Con Rita Barberá haciendo mutis por el foro, arranca la regeneración de Estepaís (la España de Foxá) prometida por el nadador y su cuadrilla: lo primero, un mecanismo, ¡oh, Hobbes!, para acabar con los «dedazos» en los nombramientos del Estado que les dispensa a todos la alfalfa. ¿Cómo? Creando, por sorteo (¡cielos, la lotocracia de Roger de Sizif!), una Comisión para nombrar, no a los chicos de las listas electorales de Ciudadanos, sino a los presidentes de Efe y… del Consejo de Transparencia y Buen Gobierno. El plan es cosa de dos acreditados arbitristas: Luis Garicano, que se devana los sesos como Juanelo Turriano para cerrar el AVE, y Toni Roldán («Estamos a favor de la homeopatía, de hecho hago acupuntura»). Y con este plan el dedo franquista (aquel dedo moreno, que decía Pemán, índice de tantos movimientos bélicos y cuna mitológica de tantos alcaldes y gobernadores) queda condenado al paro.

Para solucionar el paro, precisamente, el Ayuntamiento de Cádiz ofrece un «curso de habilidades sociales como herramienta para encontrar empleo» que incluye críticas a Disney, por tener a Blancanieves fregando y cocinando para los siete enanitos, y «lecciones de cómo estimular el clítoris» (suena mejor con «x», como en el español culto de «La rusa» del académico señor Cebrián).

–Porque ellos querían que el Mundo Nuevo fuera, sencillamente, como una inmensa España –insiste Foxá para ponderar la personalidad española–. Tomaron en sus manos aquella arcilla mojada y la modelaron resueltamente, dejando para siempre la huella de sus dedos.

Y luego que por qué el Leviatán inglés no devino en un Estado.

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