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Valores seguros Curri Valenzuela

Alberto Núñez Feijóo e Íñigo Urkullu tienen en común bastante más de lo que cabe suponer a primera vista. Aparte de que ambos nacieron el mismo mes del mismo año, septiembre del 61, los dos se disponen a ganar las elecciones del próximo domingo y a seguir gobernando después en contra de los pronósticos iniciales cuando ambos llamaron a las urnas a gallegos y vascos a comienzos de verano, en remontadas que hacen pensar que los votantes de esas dos zonas de España, quizás los de España entera, se están cansando de aventuras y novelerías políticas y vuelven a apostar por los líderes de mostrada buena gestión.

De Núñez Feijóo se esperaba desde el principio la victoria, no en balde el PP ganó las elecciones generales del 26 de junio por una ventaja holgada sobre los socialistas, pero hasta su partido quedó sorprendido por las primeras encuestas fiables de mediados de agosto que ya pronosticaban la mayoría absoluta que hasta la fecha auguran todos los estudios de opinión. La posibilidad inicial de que gobierne en Galicia una coalición de PSdeG con En Marea, que tan bien le habría venido a Pedro Sánchez, se ha diluído por la bajada de intención de voto de los dos desde junio para acá, especialmente la de los socialistas.

El fenómeno es similar, con las características obvias tan distintas entre las dos comunidades, en el País Vasco. En las generales de junio Podemos se convirtió en la primera fuerza política y a partir de ese momento se especuló con la posibilidad de que su coalición con Bildu pudiera arrojar el resultado de un lendakari de izquierda radical nacionalista. Arnaldo Otegui estuvo preparado para asumir ese rol. Aparte de que la Justicia se lo haya impedido, la mayoría de los vascos parecen haber recuperado la cordura de pensar más en lo que les interesa que en lo que les prometen partidos antisistema de dudosa capacidad para gestionar los servicios básicos de su comunidad.

Sociólogos y políticos de todos los partidos esperan al análisis post electoral que comenzará el próximo lunes para empezar a calibrar si es que está disminuyendo el entusiasmo inicial de una importante parte del electorado por los Podemos, las Mareas y las formaciones independentistas más radicales; si es que el Partido Socialista se está hundiendo sin remedio tanto en Galicia como en el País Vasco, lo que sería sintomático de su situación nacional. O quizás si simplemente se trata de que lo que vota la gente es a quienes consiguen que le funcionen las escuelas, los hospitales y la limpieza de sus calles.

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