Elecciones en Galicia 2016 Con Rivera sale el sol

El líder naranja centra su discurso contra la corrupción en Baltar, Barberá y los EREs

Albert Rivera, este sábado durante un mitin en el que estuvo acompañando a Cristina Losada en Santiago
Albert Rivera, este sábado durante un mitin en el que estuvo acompañando a Cristina Losada en Santiago - EFE
JOSÉ LUIS JIMÉNEZ - @abcengalicia Santiago - Actualizado: Guardado en:

Venía la mañana revirada, sin amenaza de lluvia pero con este tiempo tan compostelano de la nube y el relente. La piedra, fría; el ambiente, gélido. Pero se subió Albert Rivera al escenario que Ciudadanos montó en la Plaza de Platerías, en el corazón de la Compostela catedralicia, y el sol apareció. La epifanía del apóstol de centro llegaba al centenar de simpatizantes naranjas que se congregaron para su último acto en Galicia hasta el cierre de campaña, el próximo viernes en La Coruña.

El mensaje de Rivera en esta campaña gallega es, valga la redundancia, muy poco gallego. Dado que la punta de lanza de C’s es su lucha contra la corrupción y la exigencia de regeneración a «los viejos partidos», como él los denomina, en Galicia ha construido en la figura de Manuel Baltar el tótem corrupto contra el que embestir. Y si no lo hace él, se encarga su subalterno Juan Carlos Girauta o la aspirante Cristina Losada, advirtiendo a Feijóo que, si quiere los escaños naranjas para su investidura será a cambio de la cabeza del barón orensano en una bandeja de plata.

«Venimos a hacer lo que Núñez Feijóo no se atreve, apartar a Baltar», proclamó Losada, «el presidente de la Diputación de Orense ya debería haberse ido a su casa». «Cuando te imputan por cohecho en un asunto tan escabroso no se puede seguir ni un minuto más», añadió Girauta. Curioso, cuanto menos, dado que las cláusulas contra la corrupción firmadas por C’s y el PP para la fallida investidura de Rajoy se referían a casos de enriquecimiento personal, y el de Baltar es una cuestión privada anterior a su llegada a la Diputación.

El grueso del discurso de Rivera ayer a los pies de la Catedral fue sobre corrupción. «Desmintamos el mito de que es algo intrínseco a la política o que es una plaga bíblica», manifestó, «reivindiquemos a la gente honrada». Latigazo a Rajoy por callar y desentenderse del «caso Barberá», rejón al PSOE por la última petición de penas para Chaves y Griñán por los EREs falsos. Y de paso, se colgó la medalla de haber expulsado de las Cortes a los expresidentes andaluces. «Se fueron porque Ciudadanos los echó», recordó.

El líder de C’s construye su mensaje sobre «la ilusión» y el combate contra la resignación y las apelaciones al miedo del resto de fuerzas políticas. Sabedor de que su granero de votos es codiciado por el PP, Rivera apeló a los votantes de los populares para recordarles que «no vayan a votar con la nariz tapada, que no elijan entre lo malo y lo menos malo». Como buen lector de encuestas, Rivera advirtió a los suyos que «nos estamos jugando los escaños en pocos votos», principalmente en Pontevedra y La Coruña, y su rival por el diputado es el BNG.

Las alternativas

Dijo Rivera que en Galicia se dirime «un gobierno de populistas, nacionalistas y lo que quede del PSOE, o un gobierno moderado y reformista» del PP pero «fiscalizado y controlado por Ciudadanos». «Si nosotros somos decisivos, en menos de un mes habrá un gobierno en Galicia y se pondrá en marcha», pero bajo tres premisas básicas: «la recuperación de la clase media y trabajadora; la regeneración democrática para acabar con los aforamientos, suprimir duplicidades, abrir las listas en la ley electoral y que los imputados se vayan a su casa; y la unión e igualdad entre todos los españoles».

En este último aspecto Rivera ha ido reorientando su discurso conforme pasaban los días de esta campaña. Ya parece ser consciente que la amenaza soberanista no se cierne sobre Galicia, por mucho que las Mareas o el BNG recojan el derecho a la autodeterminación en sus programas. «No es negociable la unidad de España», insistió de todos modos. Las campanas del otro Apóstol tocaron a misa de doce y Rivera dio su bendición a los presentes. Fin de la homilía.

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