Real MadridLa terapia mental que impulsó a Cristiano

Su serenidad al lanzar «el penalti» daba miedo, frío. Hace ejercicios de relajación y técnicas de respiración. Y su psicólogo es «el doctor Cristiano»

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Este muchacho de 33 años es bravo. Toda la Juventus se comía a mordiscos al árbitro inglés y Cristiano no se movía del punto de penalti mientras cerraba los ojos, miraba al cielo y se concentraba para lanzar el penalti más largo del mundo. Y no era de película, era de Champions. Chiellini, Benatia y Buffon lo tocaban la bota con las suyas, casi le pisaban. Le querían tocar la pelota. Y en plural también. Pero Ronaldo, como una columna griega, no se movía. Su mensaje era una demostración de seguridad. Les estaba diciendo, sin decirlo, que siguieran protestando, que se quitaran de ahí, que estaba esperando para fusilar el penalti por la escuadra. No pensaba quitarse. Es bravo el chico de Andorinha. Ahora debe refrendarlo ante el Bayern.

Técnicas de relajación: se concentra con ejercicios mentales para aislarse del mundo y centrar su capacidad en una cuestión: el objetivo inminente. Lo demostró en el penalti. Conoce y está pendiente de cualquier nuevo entrenamiento o técnica para alcanzar esa relajación máxima.

La procesión iba por dentro. Los hombres que trabajan a diario con él nos han relatado una historia preciosa, que denota las mil situaciones que se suceden en un momento tan importante como ese. Buffon insultaba al árbitro y Oliver le expulsó. Cuando Cristiano observa que Buffon se marcha, él respira aliviado, porque piensa que la Juventus había realizado los tres cambios. Creía que el guardameta sería un jugador de campo. «No voy a tener que ajustar el disparo y con un chut fuerte y algo colocado me valdrá para que sea gol», se dijo a sí mismo. Todo cambió en un santiamén. Estaba muy equivocado.

«¡Ese gigante no!»,dijo al ver a Szccesny

De repente comprobó que ocupaba la portería «un gigante del banquillo de la Juve, Szccesny». Cristiano se quedó de piedra. «¡Nooooo, pero este qué hace aquí!, le comentó a un compañero, que le explicó que Allegri no había agotado los cambios. Ronaldo se jugaba el pase a semifinales frente a un armario de dos metros vestido de oscuro y con unos guantes que lo abarcaban todo. Y el portugués ahondó en su trabajo psicológico y en sus ejercicios de respiración, inspiración y reafirmación para conseguir el gol «en uno de los penaltis más importantes» de su carrera. Esa pena máxima es el hilo conductor de los fundamentos de esta hitoria: Ronaldo trabaja mentalmente para potenciar su seguridad y apostar fuerte por sus virtudes en los momento decisivos.

Trabajo de respiración. Es un trabajo ensayado. Inspiraciones profundas, aguantando el aire en los pulmones hasta el límite. El reto es alcanzar la tranquilidad para rebajar las revoluciones.

Su premisa es que si entrena al máximo consigue una forma casi inigualable que le permite llegar unas décimas de segundos antes a cada balón y rematar por anticipación. Después, sus desmarques y su inteligencia aportan experiencia a esas cualidades. Y esa seguridad en sus condiciones físicas es el preludio de su insultante confianza en sí mismo, de su creencia total en la eficacia de su juego, de su capacidad interna para marcar la diferencia. Es esa autoconfianza psicológica que vislumbramos en la cara de Cristiano en el campo y que permite augurar al cuerpo técnico: «Está a tope». Y lo demuestra. Y ese éxito de cada día engrosa su fe en su trabajo y su seguridad íntima.

En manos del doctor Cristiano Ronaldo

Cristiano se apoya en un psicólogo esencial: «El doctor Cistiano Ronaldo, cum laude en reafirmación mental». Lo manifiestan las personas que trabajan a su lado. El Balón de Oro hace girar una rueda de autoafirmación que adquiere velocidad sola. Lo vimos en Cardiff. Lo vimos frente al Atlético y el Bayern en las rondas previas de la Decimosegunda. Lo vimos en Turín hace dos semanas. Lo vimos en el penalti más largo del mundo.

El niño de Andorinha consolida esa seguridad en sí mismo con un trabajo de relajación en las situaciones límite, para alcanzar toda la serenidad posible en plena refriega. Sus ejercicios de respiración le convierten en una isla que sobrevive rodeada de chillidos, insultos, presiones y de las actitudes provocadoras de rivales que, como los italianos, pisotean el punto de penalti para hacer un agujero y pegar desastrosamente al balón. «He visto partirse una pierna a un jugador por pegar a un balón metido en un agujero», advierte un veterano del Madrid.

La psicología de la seguridad: es el punto culminante. Cristiano es su propio psicólogo. Hace un trabajo confianza en sus virtudes, en la seguridad que tiene en sus capacidades físicas y técnicas. «Si entrena al máximo puede conseguir lo que pretende, esa es su máxima». Y se lo cree.

Todas estas claves secretas de un trabajo mental, físico y de concentración se examinaron en unos segundos decisivos, en el penalti. Ese es el reto, hacer valer toda esa labor minuciosa, íntima, en la hora de la verdad. El portugués dejó que los italianos hicieran agujeros en el punto blanco de los once metros. Ya lo arreglaría cuando Oliver los echara del área. Primero tenía que cambiar su chip de golpe al ver al gigante Szccesny en la portería. Colocó el balón a la escuadra en un disparo duro, seco, ajustado. Si no llega a realizar ese lanzamiento el exguardameta del Arsenal se lo habría parado. Fue el riesgo de una estrella. Un gol tan valioso como su chilena.

Trabajo de reafirmación: Cristiano demuestra que con su sacrificio alcanza sus metas. El éxito aumenta su fe en sí mismo. Hace un trabajo de autoafirmación, incide en su seguridad.

En Cristiano todo el trabajo está planificado. Sus prestaciones son la consecuencia de una vida dedicada a ello. En uno de los viajes de esta Champions, el avión de regreso a Madrid aterrizó a las tres de la madrugada. Cristiano se marchó a Valdebebas para hacer una labor de recuperación en las zonas de gimnasio, agua y fisioterapia.

No abandonó Valdebebas hasta las cinco y media. Y a las doce, a entrenar. Y por la tarde, como todas sus tardes, dos horas en el gimnasio de casa. Es su segundo centro de trabajo. Allí investiga en las últimas novedades de los más importantes preparadores físicos mundiales. Nuevas formas de potenciar sus músculos y sus tendones. Se zambulle cada día en las nuevas fórmulas para lograr la perfección.