25 años de ABC Cultural

Isidoro Valcárcel, en el Museo ABC: «Prefiero que una generación de autores empeore a que se repita»

Un grupo de artistas de distintas disciplinas participaron en la primera jornada de debates para celebrar el 25 aniversario de ABC Cultural

La primera jornada de debates celebrada en el Museo ABC
La primera jornada de debates celebrada en el Museo ABC - JOSÉ RAMÓN LADRA

La noche ya ha caído sobre los tejados de Madrid cuando el cantante Javier Corcobado, sentado en un taburete y solo armado con un micrófono, recuerda que «el autor ha de pasar hambre» a todos los congregados en la tercera planta del Museo ABC. El primer acto celebrado para festejar el 25 aniversario de ABC Cultural se cerró con una actuación que también fue un gesto de coherencia, una muestra de que el suplemento, que nació el 8 de noviembre de 1991 con la Venus del Espejo de Velázquez en su portada, tiene un espíritu alérgico a la bipolaridad: además de arte y libros, sus páginas también dejan hueco a videojuegos, teatro o, por supuesto, música. «No quería hablar, no me gusta, soy muy tímido», se disculpó Corcobado, que prefirió explayarse luego, acompañado por su guitarrista. Lo cierto es que otros ya lo habían hecho por él.

La actuación de Javier Corcobado en el Museo ABC
La actuación de Javier Corcobado en el Museo ABC- Corina Arranz

«Las bodas de plata valen oro», recordó la subdirectora de ABC, Montserrat Lluis, durante el discurso inaugural de esta primera jornada organizada para festejar el aniversario. La novelista Elvira Navarro, el galerista José Martínez Calvo, los artistas Isidoro Valcárcel y Julia Llerena y el autor teatral Juli Disla tomaron el testigo, estrenando una charla moderada por el periodista Javier Díaz-Guardiola y dedicada a debatir el papel que juega —y ha jugado— el mundo de la cultura en la sociedad española, el nivel de autonomía —sin olvidar la importancia de comer cada día— que puede alcanzar un artista o las diferencias —quizá no tantas— entre los creadores más jóvenes y los más ancianos. «Prefiero una generación que empeore a una generación que se repita», zanjó Valcárcel, que con autoridad veterana se confesó poco amigo de colectividades y más preocupado «por el compromiso individual» de cada cual. Un tema que dio que hablar.

«El artista tiene que estar comprometido con su profesión como el médico o el obrero», juzgó Martínez Calvo. «El compromiso es con uno mismo, no con la sociedad ni siendo ejemplar», consideró Navarro. Llerena, de 31 años, sevillana sin acento, ofreció la perspectiva de una joven autora: «Hay que ser honesto contigo mismo». Disla discrepó: «Lo de vocación lo asocio a juventud, y yo hablaría de convicción. Con convicción tienes más opciones de conseguirlo», reflexionó, sobre el éxito en una carrera artística. Y ahí giró la conversación. ¿Cómo vivir —o sobrevivir— en un país que no siempre es amigo de la cultura? ¿Cómo acercarse a un público que a veces puede mostrar sus reticencias, sus prejuicios? En resumen: cómo adaptarse al negocio, y dialogar con la sociedad.

Cada uno, claro, opinó según su especialidad. Martínez Calvo, por algo galerista, parafraseó —según cuentan— al monarca francés Luis XIV: «Yo soy el mercado. Necesito vender para mantener la galería. Si cierro, mis artistas tienen que buscarse otra». El pragmatismo también azuzó el discurso de Navarro: «Vivir fuera del mercado es una ficción. Hay lector si el libro pasa por él». Disla recordó que abandonar sus reglas empuja a «la indigencia», y Llerena, quizá con esa idea en mente, tampoco manifestó muchas dudas sobre el asunto: «Quiero exponer en los mejores sitios, no quiero mantenerme al margen. Quiero estar en el mercado». La única voz discrepante, la de un Válcarcel acurrucado en su silla y bastante sereno: «Yo tuve que buscarme otro mercado. Por mis producciones, no era una golosina», concluyó sin lamentarse. Aunque las quejas llegaron más tarde, cuando se comentó la situación que atraviesa la cultura en España.

«Si la sociedad española no se implica con la sociedad española, tampoco va a hacerlo con la cultura», criticó Navarro. Martínez Calvo, que defendió que su oficio no solo consiste en pasearse por ARCO, abogó por concienciar haciendo más visible la vida cotidiana —«cuando cargas, descargas obras»— en una galería. Llerena expuso sus dudas personales —«¿Cómo voy a contar lo que quiero contar para que sea interesante?»— y Valcárcel ofreció un punto de vista que osciló entre la esperanza y la prudencia frente al futuro: «En estos momentos soy optimista. Tampoco aspiro a darle la vuelta a la tortilla, porque no quiero saber cómo será la otra cara». Y, acto seguido, realizó un anuncio sorprendente: «Estoy con la ilusión de formar un partido político». Habrá que esperar.

La noche ya había caído sobre los tejados de Madrid, y Javier Corcobado, sentado en un taburete y solo armado con un micrófono, clausuró el acto con sencillez: «El único mérito es vivir».

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