ARTE

Broodthaers en cuatro obras

A Marcel Broodthaers se le puede leer de muchas maneras, pero estas cuatro piezas presentes en la exposición del Reina Sofía pueden servir de muestra de algunas de sus obsesiones y temas recurrentes

Fragmento de «Panel y taburete con huevos» (1966)
Fragmento de «Panel y taburete con huevos» (1966)

1. El huevo o la gallina. Al señor Broodthaers le gustaban mucho los huevos (no revueltos), pues se convierten en una de sus imagenes más recurrentes –soprendentes: con sus composiciones alcanza una extraña belleza–, y así lo expresa de viva voz en uno de sus textos: «El mundo son huevos. El mundo nació de la yema, el sol. Nuestra madre, la luna, es escamosa. Escamas de huevos machacados. Polvos de huevos, las estrellas. Todos, huevos muertos y perdidos. Huevos vacíos».

«Mejillones con salsa blanca» (1967)
«Mejillones con salsa blanca» (1967)

2. Seguimos comiendo. Los elementos cotidianos llegan al arte en los años sesenta de muy distintas maneras. Nunca serán iguales las lecturas pop que las que propone Marcel Broodthaers, más próximas al surrealismo y al dadaísmo. Las cazuelas petrificadas de mejillones que parecen recién cocidos son otra de sus piezas más reconocibles. Como en las cáscaras de huevo, remiten al vacío, «contenedores sin otro contenido que el aire», como apuntó.

«Femur de hombre belga» (1964-1965)
«Femur de hombre belga» (1964-1965)

3. Puros huesos. «Fémur de hombre belga» (1964-65) se completa con «Fémur de mujer francesa». No se puede decir más ni menos, como en las mejores poesías visuales. Parafraseando a Magritte, este hueso –que sí es un hueso en realidad bien pintado, como si de un lienzo se tratara– no es un hueso sino una bandera. En el juego y en la metáfora está la gracia. Lean aquello de la costilla de Adán o piensen en una sardónica visión de los nacionalismos. Marcel Broodthaers consigue con esta inteligente obra convertirse en un clásico al que le reinterpretan artistas como Jonathan Hernández y Pablo Sigg con su «Fémur de elefante mexicano» (2010).

«María» (1966)
«María» (1966)

4. Ropajes surrealistas. Esta obra nos recuerda y retrotrae a una pieza de Dalí, su chaqueta bordada con copas de cristal. Puro surrealismo. A Marcel Broodthaers se le puede leer de muchas maneras, y esta es una. «María», a secas, se titula esta pieza que está presente en la exposición que el Museo Reina Sofía dedica al artista belga. Volvemos a girar en torno al concepto de vacío: las cáscaras de huevo que adornan una bolsa de papel. El huevo siempre fue antes que la gallina para Broodthaers, porque, para él, también remiten a lo primitivo.

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