INDUSTRIA

La fortaleza de un astillero flotante

La factoría de Cádiz gana más peso en la reparación naval con la entrada de nuevo en servicio del dique Nuestra Señora de la Luz

Vista parcial de la entrada al dique flotante del astillero de Cádiz
Vista parcial de la entrada al dique flotante del astillero de Cádiz - ANTONIO VÁZQUEZ

La historia de la ciudad de Cádiz no se entiende sin el eco que deja su astillero. El pasado año, las instalaciones cumplieron 125 años y, desde entonces, la actividad industrial que han generado sus diques y muelles ha sido el sustento de miles de familias gaditanas. La factoría ha ido evolucionando poco a poco. Las gradas dieron paso a los diques y lo que hace cien años parecía ciencia ficción empezó a ser una realidad tangible en la década de los cincuenta.

La construcción en 1950 del dique Nuestra Señora del Rosario, el más antiguo de la planta, abrió la puerta a una revolución naval gestada desde Cádiz. Nueve años más tarde, en 1959, arrancó la obra del dique flotante, bautizado con el nombre de Nuestra Señora de La Luz, que puso a la factoría gaditana en primera línea de la vanguardia tecnológica. El colofón llegó en 1972 con el inicio de la construcción del dique cuatro. Se trata de un monumento de la ingeniería civil de 386 metros de eslora y 65 de manga, que situó al astillero de Cádiz en un referente del sector.

La plataforma, construida entre 1959 y 1963, se ha sometido a una profunda obra de transformación que la hace más competitiva
La planta ha seguido un proceso de evolución constante hasta convertirse en epicentro internacional del negocio de la reparación de barcos. Para ello, ha sido necesario mejorar las instalaciones, adecuar sus ciclos de trabajo y, sobre todo, poner a punto sus infraestructuras. El dique flotante ha sido el último en superar una profunda reforma que lo ha tenido en fuera de juego durante 16 meses. El dique Nuestra Señora de la Luz brilla como nuevo en la Bahía.

El astillero de Cádiz gana valor añadido y, sobre todo, competitividad gracias a la puesta en servicio de su dique flotante. Esta plataforma se construyó hace 64 años y desde junio de 2015 ha permanecido en el astillero de Puerto Real, donde se ha sometido a una profunda renovación. El resultado de la obra es altamente satisfactorio para las expectativas de negocio de la planta gaditana que, a partir de ahora, puede ofrecer y asumir proyectos de reparación más complejos y amplios. El dique flotante es una pieza clave en las infraestructuras que tiene Navantia en la Bahía de Cádíz, sin embargo, el paso del tiempo había pasado factura a esta fortaleza.

Este dique fue construido en el propio astillero de Cádiz a finales de la década de los cincuenta, dentro de los planes de mejoras que impulsó el Instituto Nacional de Industria (INI) tras la compra de la factoría al empresario Horacio Echevarrieta. El dique se entregó en 1963. Es una unidad flotante de seis pontonas o secciones que cuenta con 231 metros de eslora y 42 metros de manga interior. Se configuró desde principios de los años sesenta, junto al dique número uno Nuestra Señora del Rosario, y el dique número tres Nuestra Señora de la Oliva, que ya no existe. La construcción del dique flotante comenzó en la grada del astillero gaditano el 18 de abril de 1959 y culminó el 22 de abril de 1963.

El dique luce como nuevo en la Bahía tras su reforma
El dique luce como nuevo en la Bahía tras su reforma- A. V.

Cajones de acero

Los diques flotantes surgen en la segunda mitad del siglo XIX. Son cajones de acero que mediante la inundación de sus tanques hunden la estructura para permitir que la embarcación a reparar ingrese en su seno. Una vez en su sitio, se achican esos tanques provocando la elevación del conjunto, logrando así la puesta en seco del barco. Los diques flotantes tienen como ventajas frente a los diques secos el menor coste de construcción -pueden construirse en el propio astillero con los recursos y la mano de obra propia, y de explotación, al poder ser desplazados de un lugar a otro de funcionamiento. Por contra, los gastos de mantenimiento son superiores al requerir inspecciones periódicas.

La carga de trabajo en las instalaciones de Cádiz es plena este verano con obras en cuatro barcos
La dirección de Navantia decidió en 2014 pasar a la acción con el ánimo de mejorar las capacidades de esta gigantesca estructura. Ingenieros y técnicos sopesaron las ventajas e inconvenientes de abordar una reparación de calado y llegaron a la conclusión de que una intervención general suponía una inversión costosa pero, al mismo tiempo, era una garantía de futuro para el astillero. Este fue el punto de partida para redactar un ambicioso plan de obra que tenía como objetivo prioritario devolver todo el esplendor al dique flotante y actualizar con ello tanto su sistema mecánico como el sistema eléctrico. El responsable de mantenimiento y servicios generales del astillero de Cádiz, José Luis Pezonaga, se muestra muy satisfecho del trabajo realizado y, sobre todo, del potencial que logra Navantia para asumir nuevos encargos. El dique flotante es hoy una fortaleza de 162.000 metros cuadrados de superficie de tanques de lastre con capacidad para elevar 39.000 toneladas. Entre las mejoras que se han introducido a la plataforma destaca el control informatizado y automatizado de todo su engranaje. Una gran catenaria y un centro de transformación de electricidad se encargan de aportar la energía necesaria para que funcione este astillero flotante que incorpora a babor y estribor dos grúas con capacidad para mover 25 toneladas.

Pezonaga señala que la reforma del dique, realizada en el astillero de Puerto Real ha sido total. Se han renovado 1.700 toneladas de acero y se ha cubierto la estructura con 57.000 metros cúbicos de andamios para poder renovar sus componentes mecánicos y eléctricos. Además, se han renovado las cabinas de las grúas y ha sido necesaria la creación de una unidad o centro de operaciones desde donde se controla la dinámica del dique. La estructura se encuentra anclada al lecho marino. Para ello se ha dragado todo el entorno para conseguir un calado de doce metros.

Competencia asiática

La presencia del dique flotante favorece las expectativas de negocio del astillero de Cádiz. Las plantas asiáticas gozan de los diques flotantes más grandes del planeta. Así, el Zhonghai Emeishan, construido en solo 416 días, y puesto en funcionamiento en 2008, es el mayor y más moderno dique flotante del mundo. Construido por la compañía China Shipping Industry Company bajo un diseño del Shanghai Merchant Ship Design and Research Institute, este gigante de 40.000 toneladas de acero tuvo un presupuesto de 70 millones de euros. Las dimensiones de este dique de un solo cuerpo son de 410 metros de eslora, por 82 de manga, lo que supone cuatro campos de fútbol.

Centro de control desde donde se manipula el dique flotante
Centro de control desde donde se manipula el dique flotante- A. V.

Otro de los diques flotantes que ocupa un puesto destacado en el ránking mundial es el del astillero tailandés Unithai Shipyard, con 300 metros de eslora y 51 de manga.

La entrada en servicio del dique flotante devuelve la operatividad total a la planta gaditana
La entrada en servicio del dique flotante de Navantia en Cádiz tras su reparación ha tenido un invitado de excepción. El petrolero brasileño 'Dan Eagle', de 186 metros de eslora ha sido el primero en estrenar el dique ya reformado. Este barco, de la compañía Knutsen Oas Shipping, se encuentra en el dique flotante donde se somete a una varada técnica. Luis García Solé, Program Manager de Navantia-Cádiz, señala que el petrolero, tipo 'shuttle' (lanzadera), dispone de un dispositivo en proa que le permite aspirar crudo desde las plataformas de extracción y transportarlo a las bases de almacenamiento en tierra, o a otros petroleros en la mar. El 'Dan Eagle' aborda una obra de mejora de acero, casco y pintura, entre otras actuaciones.

No es el único buque que se encuentra en fase de reparación en el astillero gaditano. La planta se encuentra al completo. En el dique uno está atracado el buque frigorífico 'Lady Rosebay', que se le práctica un repintado, mientras que el muelle de arena está el car-ferry 'General San Martín', que aborda una obra en su sala de máquina. En otro de los muelles se ubica el buque anfibio 'Juan Carlos I', de la Armada española, que se somete a una mejora de pintura y asfaltado en su cubierta de vuelo.

La entrada en servicio del dique flotante coloca de nuevo al astillero de Cádiz al cien por cien de su operatividad. El dique cuatro también quedará ocupado con la llegada de un mercante.

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