PUERTO DE CÁDIZ

De la bocana al muelle

LA VOZ pasa una jornada de trabajo con los prácticos del puerto de Cádiz, uno de los oficios de marinería más antiguos y, a la vez, más desconocidos por el público

JAVIER RODRÍGUEZ - @JavierLaVoz Cádiz - Actualizado: Guardado en:

El viento de levante que ha sacudido la costa gaditana este verano y ha aguado las vacaciones de miles de turistas no es, curiosamente, el más temido por los marinos de Cádiz. Las rachas de componente Noroeste y Este son las que avivan la mar y dificultan las maniobras de atraque y salida de los grandes barcos en el puerto de la ciudad.

Pelayo Infante tiene 45 años y lleva 14 como práctico del puerto gaditano. No olvida una de las maniobras más complejas de su carrera profesional. Tuvo lugar a primeros de diciembre de 2004, cuando el crucero inglés ‘Aurora’, de la compañía P&O Cruises, abandonó el muelle de la ciudad tras una corta escala. Todo estaba tranquilo. El viento era de unos 10 nudos pero, a lo lejos, cuando el barco se disponía a realizar la maniobra, se avistó una cresta de espuma que hacía presagiar un repentino cambio de las condiciones meteorológicas. En poco menos de diez minutos el viento alcanzó los 55 nudos y obligó, sobre la marcha, a solicitar el refuerzo de los remolcadores del puerto para ayudar a la salida. Esta decisión fue vital, de lo contrario, el crucero hubiera quedado a merced del viento en mitad de la dársena. Fueron los remolcadores, bajo la dirección del práctico, los que controlaron la inercia del buque hasta situarlo en alta mar por el canal de navegación. Esta situación confirma que el trabajo del práctico no es, en absoluto, una rutina. Al contrario. Su oficio, uno de los más antiguos de la historia y muy poco conocido por la inmensa mayoría de los ciudadanos, es clave para garantizar la seguridad del tráfico marítimo y, sobre todo, asistir a los grandes buques en sus maniobras de aproximación a la costa. Son marinos expertos y especializados que conocen a la perfección la idiosincrasia de la zona en la que desarrollan su actividad.

Cinco profesionales integran este equipo, que se encarga de asesorar y aconsejar a los capitanes de los grandes buques

LA VOZ ha pasado una jornada de trabajo con el equipo de prácticos del puerto de Cádiz. El pasado miércoles 21 de septiembre coincidieron tres grandes cruceros y además hubo que guiar a un remolcador del puerto de Algeciras, el ‘Siroco’, desde el astillero de San Fernando, donde había acudido para una varada técnica, hasta el muelle Marqués de Comillas. Su paso por la Bahía obligó a la apertura del puente Carranza a media tarde.

Una hora antes de este servicio, la pareja de prácticos compuesta por Pelayo Infante y Luis Domínguez -este último es el más veterano de los cinco que integran la contrata que trabaja para la Autoridad Portuaria de Cádiz- se encargó de llevar hasta la bocana del puerto al crucero ‘Aurora’, de grato recuerdo para Pelayo, que asegura que cada maniobra es diferente «aunque sea el mismo barco y el mismo puerto».

Compañerismo

La empresa que explota este servicio en Cádiz opera bajo la denominación de Corporación de Prácticos de Cádiz SL y su radio de acción incluye también el Bajo de La Cabezuela, San Fernando y El Puerto de Santa María. Es una concesión que se renueva cada diez años. Un total de diez personas, cinco de ellos prácticos, forman esta sociedad que trabaja 24 horas diarias durante los 365 días del año. En la plantilla también figuran administrativos y marineros, que se encargan de tripular el barco que sirve a la vez de herramienta de trabajo a los prácticos. El engranaje es perfecto. Su organización, por turnos, y su sistema de trabajo les ha llevado a integrar una gran familia, donde el sentimiento de compañerismo y camaradería son denominadores comunes que rigen el oficio.

Los prácticos son capitanes de la Marina Mercante, experimentados y especializados en el manejo de los buques y en las circunstancias que rodean a la dársena donde trabajan

Su puesto de mando, situado junto a la estación marítima, en el muelle Alfonso XIII, es su casa y viven casi de la misma forma que la tripulación de un barco cuando se encuentra en alta mar. Las instalaciones cuentan con cocina, habitación y baños para las guardias, además de recepción, sala de juntas y un salón decorado con motivos náuticos plagado de recuerdos. Fotografías, metopas y cartas náuticas envuelven el entorno, mientras que la radio del control de tráfico marítimo anuncia la salida del crucero ‘Aurora’

La figura del práctico es imprescindible en las instalaciones portuarias donde se mueven barcos de más de 500 toneladas. Se trata de una de las profesiones más antiguas pero, a la vez, menos conocidas cuya misión es asesorar al capitán del barco sobre los detalles de la dársena para facilitar con ello la maniobra de aproximación y salida. Conocen como la palma de la mano el trazado de la canal de navegación. Se trata de una autopista marina de trece metros de calado y 250 de ancho en su punto más abierto que discurre desde la baliza de recalada, a dos millas del Castillo de San Sebastiçán, hasta la entrada a la dársena. El calado del buque es el que marca su ubicación en los muelles. Así, el Reina Sofía es el que más profundidad tiene, con 12 metros, y donde fondean los grandes cruceros. Precisamente, este muelle fue el elegido el pasado mayo para albergar la escala gaditana del ‘Queen Mary 2’, uno de los cruceros más grandes del mundo, de 345 metros de eslora, que pudo entrar al puerto de Cádiz sin problemas gracias al dragado que se hizo el año pasado. Esta actuación permitió aumentar la profundidad del canal de navegación.

Los prácticos realizan una media de diez maniobras al día y su servicio es de 24 horas los 365 días del año

Luis Domíngez nació en Valladolid hace 63 años y llegó a Cádiz en la década de los setenta para estudiar Náutica. Al final se quedó en la Bahía y lleva 21 años como práctico del puerto. El oficio requiere la titulación de capitán de la Marina Mercante, además de dos años al frente de un barco de tonelaje y superar una oposición. Luis es toda una institución en el puerto gaditano.

El crucero ‘Aurora’ ha terminado su escala y se dispone a salir del muelle Marqués de Comillas, donde atracó por la mañana y ha permitido a sus 1.800 pasajeros una jornada de visita y compras en la ciudad. Los prácticos Luis y Pelayo, junto a dos marineros, embarcan en el barco de servicio que utilizan para las maniobras y se dirigen hasta el lado de babor del crucero, donde varios miembros de su tripulación aguardan la llegada del práctico que facilitará la operación de salida. Pelayo es el encargado de subir a bordo a través de una escalera de gato, habilitada para la ocasión en una de las puertas de acceso lateral. Se lleva a cabo lo que se denomina el trasbordo. Una vez dentro, el práctico sube hasta el puente de mando, donde lo espera el capitán del crucero para iniciar la maniobra de salida. Mientras tanto, el otro práctico, Luis Domínguez, permanece en el barco de servicio y lo dirige hacia el centro de la dársena. Desde allí y en contacto con Pelayo se llevará a cabo la maniobra.

El capitán del crucero es el que pilota en todo momento el barco bajo el asesoramiento del práctico. Un ligero contratiempo obliga a retrasar unos minutos la maniobra. La demora se debe a que un centenar de cruceristas aún no ha embarcado. Se trata de un grupo que contrató una excusión en autobús por la Bahía y llegan con el tiempo justo.

Cuerdas y arneses

Mientras tanto, Luis repasa en el monitor las condiciones climatológicas y el estado del mar. El sol luce con una ligera brisa de poniente. El mar está tranquilo. Pasadas las 18 horas, el puente del ‘Aurora’ confirma por radio al barco del práctico que está en condiciones de abandonar el puerto. Se encienden las tres hélices laterales de maniobra, que desplazan al barco hacia el centro de la dársena, al mismo tiempo que los amarradores sueltan los cabos. El crucero enfila en dirección a la bocana. El barco de los prácticos inicia también el recorrido hacia la boya de recalada y se coloca a estribor a la altura de la nueva terminal de contenedores. La fachada de camarotes y las diez cubiertas del ‘Áurora’ proyectan una inmensa sombra sobre la bocana del puerto. A lo lejos se divisa el catamarán que une El Puerto de Santa María con Cádiz.

La boya de recalada, a dos millas del Castillo de San Sebastián, es el punto donde se inicia la maniobra de aproximación a Cádiz

El crucero está en la canal de navegación y enfila su proa hacia alta mar. Es el momento de trasbordar de nuevo al práctico que ha facilitado desde el puente de mando la maniobra de salida. Pelayo se dirige ahora a la salida lateral por estribor, mientras que el barco de servicio de los prácticos, donde va Luis Domínguez, se sitúa justo a su lado. El crucero y la pequeña embarcación miden su velocidad para que Pelayo pueda bajar por la escalerilla y saltar al barco de servicio. En la puerta de salida del ‘Aurora’ dos miembros de su tripulación colocan las cuerdas y los arneses para que Pelayo abandone el crucero y se incorpore al barco de los prácticos. La operación se lleva a cabo con ambos barcos navegando. El trasbordo de Pelayo se hace con éxito. El ‘Aurora’ aumenta la potencia de sus motores y deja a Cádiz en su popa, mientras la silueta del portaviones ‘Juan Carlos I’ de la Armada española se dibuja en la costa de Rota.

En ese momento, el barco de los prácticos vira en dirección a San Fernando para asistir al ‘Siroco’, el remolcador del puerto de Algeciras que acaba de salir de La Carraca. El encuentro se produce en mitad del saco de la Bahía. En esta ocasión es el práctico Luis Domínguez el que sube al ‘Siroco’ para facilitar, junto a su capitán, la maniobra de paso por el puente Carranza y la entrada en el puerto de Cádiz. Ahora es Pelayo el que, desde el barco de servicio de los prácticos, contacta con el centro de control del puente Carranza para solicitar su apertura y permitir el paso del ‘Siroco’. La torre de este remolcador supera el gálibo de trece metros para pasar sin problemas por el ojo del puente Carranza. Mientras tanto, cuatro lanchas de desembarco de la Armada surcan la Bahía en dirección a Rota. La maniobra del ‘Siroco’ dura unos cuarenta minutos. El servicio de los prácticos termina, pero una nueva maniobra requiere de su atención. El crucero de la TUI, el ‘Mein Shiff 5’ aguarda su salida de Cádiz en el muelle de Alfonso XIII. Luis y Pelayo vuelven a poner el dispositivo en marcha, pero esta vez con la noche de fondo.

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