Casi a diario se han producido rescates en el Estrecho.
Casi a diario se han producido rescates en el Estrecho. - EFE
ANÁLISIS

2017, el año patera en Cádiz

La impunidad de las mafias, los cambios en las rutas, la saturación de los centros y de los medios policiales, la presión migratoria en las costas gaditanas no cesa

Durante los últimos doce meses se han roto todos los récords en llegadas de inmigrantes

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El tráfico de personas no es normal. Mercadear con la desesperación tampoco. Jugarse la vida a bordo de cualquier cosa no es ninguna broma. Pero en las costas de Cádiz es habitual. Casi diario. Hay muchos números, demasiados, que lo confirman. Eso de rescatar pateras forma parte ya de una rutina cruel a la que parece que se le ha perdido la perspectiva. Y ahí está el peligro. Normalizar una situación que es crítica no hace bien a nadie. Ni a los que salen ni a los que los reciben. 2017 ha sido de nuevo un año lleno de esas cifras que, aunque a algunos les cueste mirarles a la cara tienen rostro. Doce meses en los que ni un solo momento ha parado el goteo de la llegada de embarcaciones de todo tipo a las costas andaluzas.

Porque hace ya tiempo que dejó de ser algo estacional. Ya no lo intentan solo con el buen tiempo, en primavera y en verano. Ya es una realidad que se produce en cualquier fecha, a cualquier hora. Ponerle números a este drama es complicado. Se puede hablar de los rescatados o interceptados en nuestras costas. Han sido unos cinco mil, solo en Cádiz. Pero, ¿y los que no llegaron? ¿y los que huyeron, se perdieron o se dejaron marchar porque no había capacidad? La cantidad es orientativa, pero este drama va mucho más allá. La presión migratoria que se ha vivido este año y, seguramente, se seguirá viviendo el próximo, tiene sus causas y consecuencias.

La ¿colaboración? de Marruecos

Uno de los principales motores de este repunte –además de lo obvio relativo a la situación socioeconómica que viven los países de partida–, es la voraz actividad de las mafias. Organizaciones criminales que actúan de manera indiscriminada y que sacan rédito sin escrúpulos a la desesperación. Estas bandas, que están perfectamente jerarquizadas y donde el jefe jamás se moja las manos, ponen precio a los viajes, compran a policías de la otra orilla, extorsionan y cada vez se sienten más impunes.

La lucha contra ellas se antoja muy complicada. Las operaciones policiales que han intentado ponerles freno se han encontrado a menudo con un cuestionado interés del gobierno marroquí para colaborar a la hora de facilitar las pesquisas que pasan por intervenir teléfonos, revisar cuentas bancarias, etc... Por eso, a lo máximo que llegan las fuerzas españolas, en la mayoría de las ocasiones, es a identificar y detener al 'patero', un empleado al que compran por unos 300 euros o por pasarlo gratis, y que se encarga de que el barco llegue a tierra y todos los inmigrantes paguen lo acordado. En la embarcación se camufla como uno más y detectarlo es muchas veces casi imposible.

Otro asunto a tener en cuenta es la diferencia según la nacionalidad del que llega. La situación es muy diferente si el inmigrante es marroquí o subsahariano. Las mafias están últimamente trabajando más con marroquíes –de ahí que estén llegando cientos de magrebíes–. Con ellos, por cercanía, pueden establecer más fácilmente el contacto que con ciudadanos que llegan desde Malí, Congo, Senegal… Pero hay otro motivo con más peso. El legal. El marroquí, a diferencia del subsahariano, es expulsado en un plazo de 72 horas de España. Si es interceptado, no tiene alternativa, por lo que el hecho de tener cobertura, tanto en el viaje como en la llegada, es crucial. Y aquí entra la segunda parte del 'negocio'. La escapada en tierra a bordo de furgonetas que les esperan, los llamados ‘borregueros’ que también sacan tajada de ellos escondiéndolos e incluso chantajeándoles.

Las mafias actúan y renuevan sus estrategias cuando se sienten atrapados. De ahí que hayan cambiado rutas o que desde hace unos años también utilicen motos acuáticas para traer a inmigrantes y esquivar si es necesario más fácilmente a las patrullas. Incluso, llegan a tirar al agua a su 'cliente' si se ven en apuros. La mayoría no sabe nadar por lo que se aseguran que los agentes vayan antes al rescate de una vida que a por ellos.

Otro cambio que también ha provocado que la afluencia sea cada vez más numerosa se refiere a las embarcaciones que se utilizan. Aunque se sigue viendo de todo, como las conocidas 'toys', cada vez es más habitual que se usen barcos mayores donde caben más personas. Incluso se ha llegado a detectar que a menudo son traídos en nodrizas y en alta mar se les deja que intenten llegar ya por ellos mismos a la orilla en embarcaciones más pequeñas.

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