EDUCACIÓN

«Sólo los alumnos pueden cambiar la conducta de un acosador»

Andrés G. Bellido, coordinador del principal programa contra el acoso escolar, da en Cádiz las claves para acabar con esta práctica entre los más jóvenes

El psicólogo Andrés González Bellido, en la conferencia del Colegio de Psicólogos en Cádiz.
El psicólogo Andrés González Bellido, en la conferencia del Colegio de Psicólogos en Cádiz.

Ir al colegio puede ser una auténtica pesadilla para muchos niños. El acoso escolar es uno de esos temas que en los últimos años ha centrado el interés de los medios de comunicación, que lo han elevado al nivel de plaga. Sin embargo, los expertos inciden en que no se produce más acoso que antes. Andrés González Bellido, fundador y coordinador del programa Tutorías entre Iguales (TEI) ha dado recientemente una conferencia sobre acoso escolar en la sede del Colegio de Psicólogos en Cádiz con un mensaje claro: es necesario identificarlo para atajarlo.

–¿En qué consiste el programa TEI?

–Es un programa de convivencia y contra el acoso escolar en el que los alumnos mayores son tutores de los más pequeños. En Secundaria, los alumnos de 3º son tutores emocionales de los de 1º; en Primaria, los alumnos de 5º son tutores emocionales de los de 3º; y en Infantil, os alumnos de 5 años son tutores emocionales de los de 3 años.

–¿Qué recorrido tiene esta iniciativa?

–Llevamos unos 15 años con el programa, y es uno de los más exitosos y de más implementación en España. Participan unos 800 centros con cerca de 150.000 alumnos.

–¿Cuándo puede hablarse realmente de acoso?

–Cuando el maltrato se produce sobre una misma persona y de forma repetida, en especial cuando quien lo sufre no tiene competencias para defenderse. No es un juego: se quiere hacer daño y se hace daño. La exclusión y las agresiones (verbales, físicas y sexuales) constituyen acoso cuando se realizan de manera sistemática, no puntual.

–Dice que el acoso se da con quien no puede defenderse.

–Correcto. En el acoso hay sumisión, hay una situación de empoderamiento por una parte y de dependencia por la otra.

–En los últimos tiempos es raro no ver casos de acoso escolar en los medios de comunicación. ¿es la situación más grave que antes?

–En la forma de acoso clásico es igual. Incluso, personalmente, creo que hay menos porque se detectan y se atajan antes estas conductas. Hay un pánico social que no se corresponde con la realidad, y eso que a mí, que trabajo en este campo, me interesaría decir lo contrario. Ahora estos casos tienen un nivel de impacto alto.

–En que ahora la situación sea más favorable habrá sido clave el cambio de conciencia.

–Por supuesto. Antes había una cultura en los centros de considerar que esas tendencias eran cosas de niños, que no tenían importancia e, incluso, que te ayudaban a crecer. En este sentido, ha habido un proceso de sensibilización del profesorado importante. La mayoría de profesores están comprometidos con este aspecto, además de que están más familiarizados.

–¿Las redes sociales aportan un daño extra en el acoso?

–Aportan un infierno añadido. El problema de las redes sociales es que, al ser anónimas, permiten hacer más daño. Realmente, son ventiladores de la situación que se produce en los centros educativos, con el añadido de la permanencia y de la difusión. En resumen, aumentan las situaciones de acoso y los niveles de vulnerabilidad

–¿Y cuál es la solución?

–Debería ser apagar el móvil, pero en los adolescentes es el principal medio de relación social. Es su nexo de pertenencia con el grupo.

–¿Cómo puedo saber si acosan a mi hijo en el colegio?

–Existen bastante elementos, como las marcas en el cuerpo, como moratones, la ropa rota, las zapatillas mojadas, el que le quiten las pertenencias. Otros indicativos son los emocionales. Los alumnos presentan ante estos casos una alta introversión, no hablan del instituto, se cambian de acera si ven a sus compañeros. Suelen estar mucho en casa y, para ellos, el centro educativo es una jaula donde no quiere ir. Suelen tener el conocido como ‘síndrome del lunes’: el lunes por la mañana, antes de clase, les duele la cabeza, tienen diarrea e incluso vómitos.

–¿Cuál cree que ha sido la aportación del programa TEI contra el acoso escolar?

–Pues que el programa nos señala que en la solución debe intervenir, fundamentalmente, el grupo de compañeros, además de profesores y el grupo. Los protagonistas son los propios alumnos. Ellos hacen cambiar las conductas de los compañeros. Y es que, con frecuencia, los acosadores refuerzan su posición de líderes con el propio acoso. Solo el grupo puede conseguir que se modifique la conducta haciéndole ver y sentir que esa conducta ‘no es guay’. Por su parte, los profesores deben señalar las conductas negativas de forma pública, pero las personas que los cometen y sufren de forma privada. A veces, señalar públicamente a un acosador contribuye a reforzar su liderazgo dentro del grupo.

–¿Hay diferencia de las situaciones de acoso en una ciudad como Cádiz respecto a las grandes urbes?

–No, no hay diferencia ni por entornos de grandes ciudades, ni de pequeñas ni por entornos rurales. Incluso en zonas conflictivas no hay distintas estadísticas, aunque ésta suele ser más física.

–¿Qué características suele tener un acosador?

–Suelen ser jóvenes con que presentan dificultades para seguir las normas, por lo que suelen tener numerosos expedientes en los colegios. En casa no suelen tener obligaciones y si no hacen tareas que tienen encomendadas, no pasa nada. Presentan una escasa capacidad de frustración, son poco asertivos y necesitan retroalimentar su ego. Curiosamente, suelen ser líderes emocionales de los grupos.

–¿Cuál es el objetivo del programa?

–Que no se llegue a producir el acoso. Hay que recordar que el acosado no cuenta a nadie que le pasa, ni siquiera a su familia. Tienen el concepto de que la culpa la tiene él. En este aspecto, influye que la mayor parte de los cambios de centro los padece el acosado y se quedan los acosadores y espectadores. Cuando no se interviene, se están legitimando.

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