«El SUMMA 112 decidió que mi vida no valía tanto como para enviar una ambulancia»

Un joven de 23 años denuncia que una negligencia de emergencias casi le cuesta la vida tras sufrir un infarto de corazón

MadridActualizado:

D. C., de 23 años, no solo sufrió un infarto de corazón hace cuatro meses. También tuvo que soportar entonces la presunta negligencia del servicio de Emergencias de la Comunidad de Madrid, SUMMA 112, que se negó a atenderle en ese momento hasta en dos ocasiones. Por ello, ha interpuesto una denuncia contra esta institución.

Ahora, este joven de la capital española cuenta en ABC cómo ocurrió todo. Este es su relato de los hechos:

«Era un día soleado. Un día cualquiera. 18 de septiembre de 2017. Pero todo cambió para mí pasado el mediodía. Cuando me estaba duchando comencé a notar una leve molestia en el brazo derecho y decidí tomarme un ibuprofeno. Tenía que salir para ir a buscar a mi madre aunque ella nunca me vio llegar. En el momento en el que fui a bajar las escaleras del metro de Quintana (Madrid) me comenzó un dolor insoportable en el centro del pecho y lo que sentía en el brazo ya era muy notorio. Me paré en seco y subí de nuevo los peldaños como pude. Me senté en un banco para llamar a una tía mía que es médico pero no logré dar con ella, así que volví hacia mi edificio, a escasos 20 pasos de la boca de metro. Una vez llegué al portal me encontré con nuestra conserje y no pude más.

Ya sabía que algo no iba bien pero el dolor y ahora también la falta de aire me impedían pensar con claridad. Me senté en un poyete y acto seguido me lancé al suelo. No aguantaba. Estaba ya bañado en un sudor frío como no he tenido en mi vida cuando la conserje llamó al 112. Tras hablar con una operadora, le pasaron con un médico del SUMMA. Le explicó todo lo que me ocurría, que no tenía episodios previos de nada parecido, que no era alérgico a nada y que ni había consumido alcohol ni drogas. Yo no podía ponerme al teléfono; le conté todo esto casi ahogado y con el pecho como si me fuera a reventar. Esa es la palabra: reventar. Tras casi discutir con el médico, la conserje me contó más tarde que le dijeron textualmente: «No, le estoy diciendo que no vamos a ir». Yo en ese momento solo fui consciente de que ninguna ambulancia vendría a auxiliarme. Esa ha sido la única vez en mi vida que he sentido que iba a morir. Me encontraba tirado, reventado de dolor, sin poder respirar, y el SUMMA 112 se negaba a venir. Es más, tuvieron el coraje de decir que me fuera como pudiera a un centro de salud. En taxi, supongo que pensó el médico; o andando, para que terminara de parárseme el corazón.

No podía creer lo que estaba escuchando tirado en el suelo bañado en sudor y temblando. Por suerte para mí, una pareja que estaba viendo todo desde la calle no dudó en llamar a la Policía Nacional. En cuestión de cinco minutos un coche patrulla llegó a mi edificio. Eran dos agentes fornidos, altos y con gesto muy serio. Tuve que explicar de nuevo desde el suelo lo que me pasaba y me preguntaron directamente si había consumido cocaína. Negué con todas mis fuerzas. Enseguida se dieron cuenta los policías de que no estaba fingiendo, que la situación era real.

Uno de los agentes tomó la determinación de llamar por su radio a Emergencias para que enviaran una ambulancia para atenderme. Realmente desconozco la conversación que este tuvo con el SUMMA porque se salió fuera del portal mientras el otro policía me ayudaba como podía a subir en ascensor a mi casa. Todos querían que me tumbara en algo cómodo y abandonara ese suelo gélido del portal, donde había dejado un charco, literalmente, de sudor. Subí a mi casa apoyado en el agente y una vez allí fui a vomitar al baño arrastrándome. Luego me tiré en el sofá y llegó el segundo golpe: el SUMMA, otra vez, se negó a enviar una ambulancia, según me transmitió el policía.

El agente que estaba conmigo no tardó en reaccionar junto a su compañero. Ambos pensaron en llevarme al hospital más cercano y me preguntaron si yo quería. Recuerdo perfectamente lo que respondí: «Sí, por favor». Ante todo educación, y me alegro de que así fuera porque estas dos personas me salvaron la vida. Me metieron en el coche patrulla en la parte de atrás. Ni me abroché el cinturón y me tumbé. Los asientos traseros de un vehículo policial son de plástico y nada cómodos. No paraba de moverme. El viaje se me hizo eterno pero en todo momento supe, sin verlo, el camino que estábamos recorriendo: bajamos la calle Alcalá incluso en dirección contraria, tomamos la M-30 y luego el desvío de la M-23 hasta O’Donell. Un giro a la izquierda hacia Doctor Esquerdo y otro volantazo luego hacia la derecha en dirección a la calle Ibiza.

Una vez llegamos a la puerta del hospital (era el Gregorio Marañón) salí del coche y me caí porque no podía mantenerme en pie. Me cogieron los agentes casi en volandas para subirme a una silla de ruedas. Ya dentro me hicieron un electrocardiograma y me atendieron. Diagnóstico: Infarto agudo de miocardio. En otras palabras, un ataque al corazón.

Los mismos policías se dieron cuenta durante todo el tiempo que estuvieron conmigo que podía tratarse de un infarto. Recuerdo que hablaban entre ellos dentro del coche patrulla comentando que todos los síntomas eran los de un ataque cardiaco. Ellos tampoco podían creerse lo que habían hecho conmigo e, incluso, tengo en mente alguna frase que dijeron que prefiero guardarme para mí por no perjudicarles. Sin ánimo de menospreciarles, estos dos agentes sin conocimientos en medicina no dudaron de que necesitaba atención médica por un posible infarto; en cambio, algún profesional del SUMMA con título de médico supo por teléfono que lo mío no era nada.

Cuatro meses después sigo recordando todo como si me hubiera ocurrido hoy y lo que más me cuesta entender no es la razón por la que con 23 años me dio un infarto sino la dejadez del SUMMA 112. Cometieron una negligencia gravísima conmigo. Debieron pensar que solo tenía una crisis de ansiedad o que simplemente iba colocado; ni lo sé ni me importa. Solo quiero que esta historia no caiga en el olvido porque sé que esta no es la primera vez que Emergencias de la Comunidad de Madrid casi se convierte en responsable de una muerte.

Su negligencia por poco me cuesta la vida pero no guardo rencor a la o las personas del SUMMA que tomaron la decisión de abandonarme. Me gustaría que leyeran todo lo que pasé y cómo me sentí para que se crean responsables de casi haber matado a un ser humano por omisión. Quiero que tomen nota de su error y respondan por él. Para ello he denunciado ante la justicia a quienes sean los responsables de esto en el 112. Debe hacerse justicia con casos como este. No quiero ningún protagonismo, sino que se remuevan las conciencias de unos cuantos que toman decisiones a la ligera sin pensar que están jugando con una vida humana. A quien o quienes decidieron que mi vida no valía tanto como para enviar una ambulancia les digo que ojalá aprendan de su error para que esto no se vuelva a repetir, lo que no quiere decir que yo vaya a borrarlo de mi memoria. Perdono pero no olvido y espero que quien tenga que hacerlo responda por lo ocurrido.

Para acabar, me gustaría dar las gracias públicamente tanto a la pareja que llamó a la Policía (ya hablé con ellos) como a los dos agentes que me salvaron la vida. Sin ellos no estaría ahora contando mi historia, sino que yo mismo sería historia».