Los profesores españoles creen que la sociedad no valora su profesión
Los profesores españoles creen que la sociedad no valora su profesión - ABC
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La profesión vocacional que no acaba de sentirse valorada por la sociedad

Los expertos apuntan a que los profesores necesitan más «feedback» de los compañeros y un mayor control de su labor

MadridActualizado:

Casi 700.000 profesores impartieron clase el pasado curso en España en enseñanzas no universitarias. Una cifra al alza que demuestra el interés y la vocación que hay por esta profesión. Sin embargo, el sentimiento que tienen los docentes nada tiene que ver con su grado de satisfacción. Mientras que el 98% declara –según el último informe Talis de la OCDE– estar satisfecho con su empleo, apenas un 11% –la media es del 41%– estima que la sociedad valora su trabajo.

«Creen que la sociedad no les valora; es algo general, pero según el CIS están muy valorados y tienen una buena relación con los alumnos», dice Marta Encinas-Martín, analista de la OCDE. La experta del organismo internacional concede que existe cierta mala imagen social respecto a la formación de los profesores, vinculada a la carrera de magisterio. Y también señala que su labor está «falta de evaluación, seguimiento e investigación».

En la misma línea se pronuncia quien fue el «padre» en 1990 de la Logse: el ex secretario de Estado de Educación y catedrático emérito de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) Álvaro Marchesi. «La encuesta del CIS de 2013 indica que es la segunda profesión más valorada, a continuación de los médicos. Sin embargo, hay algunos datos que matizan esta valoración: no es una profesión que se recomendaría a los hijos y se opina que los profesores están poco motivados por los escasos recursos disponibles y la falta de interés y disciplina de los alumnos», comenta. Y, asimismo, destaca la vigencia de ambos estudios (OCDE y CIS) pese al paso del tiempo.

Aun así, la creencia de los profesores respecto a la visión que la ciudadanía tiene de ellos es difícil de cambiar. Al menos a corto plazo bajo el panorama actual. Marchesi explica que los docentes se sienten despreciados porque «viven diariamente situaciones muy complicadas: alumnos que no les interesa estudiar, familias que apenas colaboran, exigencias sin recursos suficientes, falta de apoyo institucional...», entre otras razones. Y matiza que «es una tarea llena de sentido y digna de elogio, pero agotadora».

Una regulación justa

El estudio Talis también muestra la decepción del gremio para con sus condiciones. Tal es así que solo el 18 por ciento considera que un buen rendimiento se reconoce, valora o recompensa (frente al 33 por ciento de media). Una muestra de la falta de motivación en el profesorado. Precisamente, las mejoras a nivel salarial –apuntan los expertos– podrían ayudar a mitigar ese sentimiento negativo entre este gremio. Desde la Asociación Nacional de Profesionales de la Enseñanza (ANPE) detallan que «la remuneración es una parte esencial del reconocimiento social. El profesorado de la enseñanza pública ha perdido un 20 por ciento de poder adquisitivo desde el año 2010. Un salario escaso probablemente ayuda poco al prestigio de una profesión, y viceversa».

Asimismo, esta última organización no centra únicamente sus reivindicaciones en el terreno económico. Van mucho más allá, en pos de lograr –dicen– un trato justo. Así, este sindicato exige «que se aborde la situación desde las políticas educativas dando respuesta al diseño de la profesión docente en un doble aspecto, estableciendo una ley de profesión docente, y, por otro lado, con un estatuto de la función pública docente que recoja y desarrolle la carrera profesional, desde el ingreso a la función pública docente hasta la jubilación».

Marchesi, de hecho, recuerda que en la citada encuesta del CIS la imagen de los docentes había empeorado en la década anterior. En la actualidad, el ex secretario de Estado de Educación considera que «hoy posiblemente se ha recuperado parte de esa imagen perdida», que llegó con motivo de los recortes en la crisis económica. Apretarse el cinturón para cuadrar las cuentas también tuvo su incidencia en el sector.

Control de la actividad docente

Más allá de que realmente los profesores no universitarios españoles gocen de una buena reputación, todavía hay aspectos por pulir en la profesión. Desde ANPE se quejan de la pérdida de poder adquisitivo y, en cambio, la OCDE valora que están muy bien pagados. Posturas dispares que se podrían justificar con el desconocimiento que la organización tendría de la realidad de nuestro país. Sin embargo, Mariano Fernández Enguita, sociólogo y catedrático de la UCM, considera que «no hay nada de lo que se puedan quejar». Este experto asegura que la profesión goza de una «presunción de confianza» que pocos tienen. La sociedad, per se, sobreentiende que su trabajo se cumple con los mayores estándares de calidad. Fernández Enguita considera además que hay «falta de retroalimentación» en su labor. Ese «feedback», asegura, que aporta el reconocimiento y control de los propios compañeros y que es esencial para cualquier tipo de profesional. La ausencia de control pone en jaque la labor educativa ya que los profesores españoles no tienen con qué comparar. Falta, en definitiva, el «control de calidad».

«En España (55%) la proporción de profesores que dice haber recibido “feedback” de otros compañeros para la mejora de su actividad docente supera la del promedio de la OCDE (51%), aunque está lejos de la de países como Portugal (77%), Corea (74%) y Eslovaquia (72%)», dice el último informe Talis. Aun así, Fernández Enguita explica que las tendencias están cambiando. Ahora «ya no es indiferente lo que hagan en clase». Poco a poco, la profesión se acerca a pasar sus propios exámenes... y a aprobar la reválida de la aprobación de la sociedad.