El clima no desencadena ni empeora el dolor de espalda
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DOLOR

Los cambios de tiempo no causan la aparición del dolor de espalda o en la artrosis

Un estudio muestra que, contrariamente a la creencia tradicional, los cambios meteorológicos no influyen en la sintomatología asociada al dolor de espalda o a la artrosis

M. LÓPEZ
MADRIDActualizado:

Como dicta el refrán, ‘nunca llueve a gusto de todos’. Y es que tomado desde un punto de vista estrictamente literal, todo el mundo está de acuerdo en que la lluvia es totalmente necesaria. Y asimismo, que la humedad que acompaña a las precipitaciones es mala, muy mala, para muchos dolores musculares y óseos, muy especialmente de aquellos originados por enfermedades como la artritis y la artrosis. De hecho, los cambios bruscos en la meteorología han sido responsables del empeoramiento de los dolores y achaques de los seres humanos desde tiempo inmemorial. Pero, ¿esto es realmente así? Pues según un nuevo estudio llevado a cabo por investigadores del Instituto George de Salud Global en Sídney (Australia), no, cuando menos en el caso del dolor de espalda y de la artrosis.

Como explica Chris Maher, director de esta investigación publicada en la revista « Pain Medicine», «la creencia de la existencia de una asociación entre el dolor y las inclemencias del tiempo se remonta a los tiempos del Imperio Romano. Sin embargo, nuestro trabajo sugiere que esta creencia podría basarse en el hecho de que la gente recuerda episodios que confirman sus puntos de vista preexistentes».

Memoria selectiva

Al menos uno de cada tres habitantes del planeta sufrirá dolor de espalda en algún momento de su vida. Más aún en el caso de los pacientes con artrosis, enfermedad crónica caracterizada por el dolor, hinchazón y pérdida de movimiento en las articulaciones que padecen un 10% de los varones y hasta un 18% de las mujeres mayores de 60 años.

En este contexto, la creencia tradicional es que los cambios meteorológicos, esto es, las variaciones en la temperatura ambiental, la humedad, la presión atmosférica, el viento o las precipitaciones, provocan la aparición o agudización de los síntomas del dolor de espalda y de la artrosis. Pero, este dogma popular, ¿tiene alguna justificación científica?

La creencia de la existencia de una asociación entre el dolor y las inclemencias del tiempo se remonta a los tiempos del Imperio Romano
Chris Maher

Para comprobarlo, los autores analizaron los historiales médicos de cerca de un millar de adultos australianos con dolor lumbar y de 350 con artrosis de rodilla y evaluaron si los cambios meteorológicos podían anticipar –ya fuera con una semana o un mes de antelación– la aparición de los episodios de dolor.

Como indica Chris Maher, «nuestros pacientes se mostraban inflexibles a la hora de afirmar que las condiciones atmosféricas adversas empeoraban su sintomatología, por lo que decidimos llevar a cabo un nuevo estudio con pacientes con dolor lumbar y artrosis».

Los resultados mostraron la ausencia de una relación entre el dolor de espalda y la temperatura, la humedad, la presión atmosférica, la presencia de viento o las precipitaciones. De hecho, y contraviniendo la creencia tradicional, el incremento de las temperaturas se asoció con un aumento, si bien mínimo y no estadísticamente significativo, de la probabilidad de sufrir un episodio de dolor lumbar.

Entonces, ¿cómo se explica que los pacientes aseguren padecer dolor cuando empeora la climatología? Pues según apunta el director del estudio, «los seres humanos somos muy susceptibles, por lo que es fácil observar por solo notemos dolor en los días fríos y lluviosos y nos olvidemos de aquellos en los que tenemos los síntomas pero el tiempo es benevolente y soleado».

¿Mal tiempo? Buena cara

En definitiva, no debe culparse a la meteorología de la aparición de los episodios de dolor. Tal es así que, como refiere Manuela Ferreira, co-autora de la investigación, «las personas que padecen estas condiciones no deberían centrarse en la climatología, pues no solo no tiene ninguna influencia sobre sus síntomas sino que, además, escapa completamente a su control».

Por tanto, como concluye Manuela Ferreira, «lo que es realmente importante es centrarse en aquellos aspectos que uno puede controlar para la prevención y mejor manejo de los episodios de dolor».