Anis Amri, en una captura del vídeo en el que juraba lealtad a Daesh
Anis Amri, en una captura del vídeo en el que juraba lealtad a Daesh - AFP

El asesino que llegó en patera

Tras arribar en 2011 a la isla de Lampedusa, pasó cuatro años en prisión y se radicalizó, pero no pudo ser deportado

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El tunecino Anis Amri fue uno más de los miles de migrantes hacinados en pateras que arribaron desde el norte de África en 2011 a la pequeña isla italiana de Lampedusa, en el Mediterráneo. El pasado lunes, según todos los indicios, fue el autor del atentado con un camión en un mercado navideño de Berlín, que se llevó por delante la vida de una docena de inocentes. Y ayer, con 24 años recién cumplidos, el disparo de un agente de policía italiano ponía fin a su corta biografía en Milán, en el mismo país donde había pisado por primera vez la tierra prometida europea.

En estos casi seis años, los caminos de la delincuencia llevaron a Amri a pasar cuatro años entre rejas, una etapa en la que se radicalizó hasta jurar fidelidad a Daesh y alentar los ataques contra los «cruzados».

El viaje a Lampedusa desde su Ueslatia natal, en el centro de Túnez, se produjo en el fragor de la llamada Primavera Árabe, la serie de revueltas que precisamente comenzó en Túnez y que precipitó la caída del presidente de este país, Zine el Abidin Ben Alí, en enero de 2011. Al parecer, dejaba atrás una condena en ausencia por un robo. Tocó tierra en la isla italiana en febrero, probablemente después de ser rescatado en el mar, apuntó una fuente policial a Reuters.

Hasta su partida, el fervor religioso de Amri parecía ser bastante escaso. Según ha relatado la familia al canal de televisión Sky News Arabia, bebía alcohol y no rezaba, al contrario que ellos, por lo que fue su posterior paso por la cárcel lo que habría obrado su transformación. «Entró en prisión con una mentalidad y cuando salió, tenía una totalmente diferente», ha señalado su hermano Abdelkader.

El inmigrante tunecino, que fue transferido a Sicilia al alegar una minoría de edad que no era cierta, fue encarcelado durante cuatro años en esa isla, después de tratar de incendiar el centro donde se encontraba acogido y ser acusado de otros delitos, como vandalismo, robo y amenazas.

Tras su salida de prisión, la burocracia se puso del lado de Amri, que no pudo ser deportado a su país de origen. Las autoridades tunecinas aseguraban que no tenía documentos que acreditaran su identidad, por lo que no lo podían admitir.

Petición de asilo denegada

Las autoridades de Alemania tienen constancia de su entrada al país por el estado de Baden-Württemberg, en el suroeste, en julio de 2015, sumándose a la ola de refugiados que cruzaban entonces las fronteras germanas. El joven magrebí pidió asilo, pero la solicitud se le denegó el pasado mes de junio y se puso en marcha el proceso de expulsión. Sin embargo, no fue posible devolverlo a Túnez, que se negaba a reconocerlo como uno de sus nacionales.

Los servicios secretos alemanes estaban tras su pista y llegaron a clasificarlo como peligroso, pero no fueron capaces de evitar la tragedia de Berlín, donde se había instalado en febrero de este año. También la inteligencia marroquí advirtió del riesgo que suponía este individuo, según medios de este país vecino de Túnez.

Amri había estado en contacto con grupos salafistas alemanes y frecuentaba una mezquita en la capital conocida por sus vínculos islamistas. Además, el pasado septiembre la policía tenía la sospecha de que trataba de comprar armas para un posible atentado, sin que finalmente lograran reunir las pruebas suficientes para mantener abierto el operativo de vigilancia sobre él.

El pasado lunes, tras el atentado que supuestamente cometió en el mercado navideño berlinés, viajó por tren vía Francia hasta Turín y de allí a Milán, donde un control policial rutinario acabó con el que era el hombre más buscado de Europa.