Desigual inaugura los desfiles de la Semana de la Moda de Nueva York con un cambio de registro

Las Kardashian al completo acudieron a la presentación del disco de Kanye West

NUEVA YORKActualizado:

Trescientas cincuenta marcas presentan sus propuestas para el otoño/invierno 2016-17, en la que puede ser la última Semana de la Moda norteamericana de corte tradicional, tras los enormes cambios que se avecinan, causados por la inmediatez impuesta con la irrupción del mundo digital y las marcas de «pronto moda».

Si mencionamos que han desfilado Nicholas K, Jay Godfrey, Marissa Webb o Francesca Liberatore, ustedes se preguntarán desde dónde se escribe esta crónica. Y es que la Semana de la Moda de Nueva York ha arrancado con un recital de marcas desconocidas, con propuestas comerciales muy volcadas al mercado interior y pocas firmas consolidadas, entre las cuales sí hay ejemplos de empresas patrias potentes.

Junto al río Hudson, tienen lugar los desfiles que antiguamente se agrupaban en torno a Bryant Park y el Lincoln Center. Con vientos procedentes del Ártico y una temperatura de 17 grados bajo cero, las calles de Manhattan se pueblan de periodistas y fotógrafos.

Los desfiles se han atomizado, ganando en interés escénico, y Mercedes Benz se ha visto incapaz de seguir patrocinándolos, al salir del triste recinto único de tiendas de lona plastificada junto al Lincoln Center. Las marcas eligen desfilar en los Spring Studios, el Vanderbilt Hall o los pantalones de Chelsea.

Más sofisticado

La potente firma española Desigual desfiló el jueves por la tarde en el Skylight de Moynihan Station. Mostraron que saben cambiar de registro, mejorar la calidad de sus colecciones y producir prendas más sofisticadas que l legarán realmente a sus tiendas.

La Semana de la Moda es el evento anual que más ingresos aporta a la ciudad, con 900 millones de dólares. La moda en general crea 11.000 millones de dólares en salarios y mantiene a Nueva York en el mapa de la actualidad y el glamour.

Pero siempre hay shows que se organizan en torno a determinados grupos sociales, como fue el caso del desfile-concierto que dio el jueves por la tarde Kanye West en el Madison Square Garden: 20.000 personas se agolparon durante horas para entrar al show, bajo una nevada ligera de copos casi invisibles. Cuando la mayoría de los invitados estaban sentados, apareció la «familia real» Kardashian: Kim, vestida en Balmain, Kendall, Kylie, Chloe, Kris… pero también la pequeña North en brazos de una de sus tías. Incluso Caitlyn tomó asiento en un lugar privilegiado.

Comenzó el concierto. Modelos y cantantes, todos de color, replicaban la imagen del genocidio de Ruanda que sirvió de inspiración para la invitación al acto. Naomi Campbell y Liya Kebede aparecieron en escena. Los puños en alto de ellas y ellos se alzaban en pro del orgullo afroamericano (Black Power Fist). Mientras, en Los Ángeles, el sofisticado y extraño Hedi Slimane daba show en la ciudad donde vive, ajeno a los comentarios sobre su posible marcha de la casa Saint Laurent. Presentaba en la ciudad del Pacífico su colección masculina de otoño-invierno en el famoso teatro Palladium, rodeado de estrellas de todas las nacionalidades y razas, desde Lenny Kravitz a Lady Gaga, en lo que parece convertirse el mayor rival de la moda de Nueva York.