Juan Valentin Urdangarin
Juan Valentin Urdangarin - GEN/GAA

Para los niños Urdangarín, la vida sigue igual en el corazón de Ginebra

La Infanta Doña Cristina quiere que mantener la rutina familiar en la ciudad suiza pese a la condena de su marido

Corresponsal en GinebraActualizado:

El ingreso en prisión de Iñaki Urdangarín (50 años) es inminente tras la condena del Supremo por prevaricación, malversación, tráfico de influencias, fraude a la Administración Pública y dos delitos fiscales. Pero en el número 12 de la Rue des Granges, en Ginebra, se pretende que la vida no se trastoque demasiado, que la rutina siga como siempre. Al menos en lo que respecta a los cuatro hijos del condenado y de la Infanta Doña Cristina, quien el pasado miércoles recibía la sentencia precisamente cuando cumplió 53 años de edad. Fue su aniversario más amargo, con su marido a las puertas de la cárcel. Sin embargo, su propósito parece firme, en cuanto a la vida doméstica se refiere,: la Infanta permanecerá en esta ciudad suiza para proteger a sus hijos -Juan Valentín (18), Pablo Nicolás (17), Miguel (16) e Irene (13)-, para que, en la medida de lo posible, crezcan y se desarrollen con cierta normalidad.

Pablo Nicolas e Irene Urdangarin
Pablo Nicolas e Irene Urdangarin - GCH/UTI

Desde que en 2010 el juez Castro abriera el caso Noos como pieza derivada del caso Palma Arena, y sobre todo desde la imputación del ex Duque de Palma a finales de 2011, la familia Urdargarin-Borbón se instaló en una montaña rusa emocional que en reiteradas ocasiones ha puesto a prueba su estabilidad, sin conseguir destrozarla. Tal vez por ello, el día a día no sufrirán grandes cambios, al menos en lo que a residencia y estudios se refiere. La Infanta continuará su trabajo en La Caixa, desde Suiza, y compaginará su puesto en el departamento internacional de este organismo con las labores humanitarias que desempeña en la Fundación Aga Khan, que tiene su sede en Ginebra.

Una vida normal

Una vida normalLos tres hijos menores de la Infanta Cristina e Iñaqui Urdangarín continuarán matriculados en el prestigioso colegio Colegio Internacional de Ginebra (también conocido como Ecolint), del que son alumnos desde hace cinco años. La calidad de la enseñanza escolar fue uno de los criterios que contribuyeron a que, en 2013, los Urdargarin se decidiera por la opción Ginebra. Esta ciudad suiza ofrece no sólo calidad de vida, sino que también tiene los mejores centros de Primaria y Secundaria de Europa. En este exilio dorado, los cuatro hijos del matrimonio han podido pasar desapercibidos y hacer una vida casi normal.

Los nietos de Don Juan Carlos y Doña Sofía están recorriendo la delicada etapa de la adolescencia hacia la edad adulta en medio de una situación complicada. El primogénito del matrimonio, Juan Valentín, ahora ya tiene 18 años, ha terminado el Bachillerato y trabaja como voluntario en una ONG cuyo centro de acción se sitúa en Camboya, mientras espera su entrada en la Universidad.

Sus hermanos aún van al colegio. A Pablo Nicolás le falta todavía un año para acabar el Bachillerato, mientras que a los dos menores, Miguel e Irene, aún les quedan varios cursos por delante. Su ritmo de vida escolar seguirá siendo el mismo en el campus de 2.000 alumnos, situado en una magnífica parcela arbolada que Ecolint tiene en el campus de Grande Boissière, en el corazón de la ciudad suiza. Los otros des campus ginebrinos están en la Châtaigneraie y le Campus des Nations.

La Infanta Doña Cristina escogió este centro no sólo por la calidad de la enseñanza bilingüe -inglés y francés- que se imparte en el mismo, sino porque reúne todas las condiciones de seguridad necesarias para que sus hijos estudien bajo las mejores condiciones. El hecho de que sea fácilmente accesible a pie desde el lujoso duplex que ocupan en el casco antiguo de la ciudad es también una ventaja. El colegio está frecuentado por hijos de la burguesía de Ginebra, empresarios, banqueros o funcionarios expatriados, y ofrece muchas oportunidades para aprender dentro de una ambiente internacional. Por las calles de su barrio es frecuente ver a los hijos de Doña Cristina a la vuelta del colegio, a pie o en bicicleta, ataviados con ropa deportiva y acompañados por algunos compañeros de clase.