Nia Franklin, ganadora de Miss América 2019
Nia Franklin, ganadora de Miss América 2019 - REUTERS

Miss América: sin bikini y sin audiencia

El concurso de belleza -lastrado por polémicas y por la eliminación del desfile en bikini- pierde fuste en la era de «MeToo»

Corresponsal en Nueva YorkActualizado:

Miss América busca encontrar su lugar en este tiempo y, de momento, no lo encuentra. El concurso trata de adaptarse a las sensibilidades contemporáneas y para ello, ha decidido alejarse de sus esencias. Nació hace casi un siglo como un «show de bellezas de baño» y la sección en la que las concursantes desfilaban en bikini fue siempre su punto culminante. Este año, en medio de polémicas dentro de la organización, cambios en su estructura y con el telón de fondo de la marea «MeToo» para luchar contra los abusos a las mujeres y la desigualdad de género, el concurso eliminó los trajes de baño.

A diferencia de Miss USA, un concurso en el que a las participantes solo se les juzga por su aspecto físico, en Miss America hay entrevistas y demostraciones de talento. Pero la realidad es que el físico y la belleza son un asunto central del evento.

Quizá la desaparición del bikini tenga que ver con la caída de la audiencia televisiva del concurso, que este año ha perdido un 19% de espectadores. Una caída brutal para un espectáculo que se declaraba actualizado con los tiempos y que la organización se encargó de repetir hasta la saciedad que era el «Miss America 2.0». Las concursantes, los presentadores, los mensajes por vídeo del concurso y ex ganadoras insistieron en que el cambio es para bien, que Miss America sigue siendo relevante en la cultura estadounidenses y que se transforma para presentar una imagen de mujer renovada y «empoderada». En el vídeo inicial de la retransmisión, las concursantes se definían con esos valores, alejados de la mujer objeto que se pasea en bikini: «Inteligente», «confiada», «fuerte», «talentosa»…

Nia Franklin recibiendo su corona
Nia Franklin recibiendo su corona - REUTERS

La audiencia, sin embargo, no respondió a las expectativas. Es indudable que tuvo que ver la franja horaria en la que se colocó el concurso, en coincidencia con la primera jornada de la liga profesional de fútbol americano, que es religión en EE.UU. La mayoría de los espectadores prefirieron ver a chicos descomunales en mallas chocando sus cascos que a chicas respondiendo preguntas banales con la sonrisa pegada a la boca. Pero quizá también tuvieron que ver los escándalos que arrastra el concurso. El diciembre pasado, dos de sus ejecutivos tuvieron que dimitir después de que se publicaran correos electrónicos en los que insultaban y despreciaban a ex ganadoras. Eso provocó la llegada de dos ex concursantes a la ejecutiva de la organización de Miss América: Gretchen Carlson, ganadora en 1988, convertida en periodista y en azote de de la cadena Fox por sus acusaciones de acoso sexual al que era su presidente, y Regina Hopper, ex Miss Arkansas.

Su desembarco no ha calmado las aguas: ni la decisión de eliminar el bikini ni su liderazgo gustaron. Este verano, una veintena de las filiales estatales del concurso exigieron la dimisión de Carlson, al igual que once ex ganadoras del concurso. Para rematar los problemas, la vencedora del año pasado, Cara Mund, publicó una carta en la que denunciaba a Carlson y su equipo: «Me silenciaron, me redujeron, me marginalizaron y, básicamente, borraron mi papel como Miss América».

La ganadora este año fue Nia Franklin, de Nueva York. Para su desgracia, eso cada vez importa a menos.