La Princesa Margarita y su marido, en 1960
La Princesa Margarita y su marido, en 1960 - ABC

Lord Snowdon y la Princesa Margarita, dieciséis años de galerna

Una amante del fotógrafo tuvo un hijo suyo mientras él estaba de luna de miel con la hermana de la Reina

LONDRESActualizado:

El brillante fotógrafo Antony Armstrong-Jones, Lord Snowdon, fallecido el viernes a los 86 años, tenía un lema: un día sin sexo ni trabajo es un día malgastado. La más salaz de sus dos prioridades provocó que sus 16 años de matrimonio con la Princesa Margarita, la única hermana de Isabel II, fuesen una tormenta de infidelidades, al final mutuas. La verdad es que «Tony», como lo conocían sus amigas, lo daba todo. En mayo de 1960 se casó en la abadía de Westminster con Margarita, la primera gran boda televisada a color. Mientras los recién casados recorrían las Bahamas de luna de miel a bordo del yate real «Britannia», en Inglaterra su amante Camilla Fry tenía una hija, Polly. Andando los años, el ADN delató que el padre era Toy. Para más inri, Camilla era la esposa de un íntimo amigo suyo.

Así era Lord Snowdon, por lo demás encantador, guapo, dotado de un fértil temperamento artístico y que siempre conservó buena relación con Buckingham. Fue el primer plebeyo en 450 años que se casó con un miembro de la realeza. En vísperas de la boda, el Duque de Gloucester charlaba en el palacio escocés de Balmoral con el primer ministro Harold Macmillan y le hizo un comentario para que se oyese: «¡En la biblioteca hay un tipo llamado Jones que quiere casarse con mi sobrina!».

La separación de la que había sido la pareja más glamurosa del Swinging London llegó en marzo de 1976, cuando ya las traiciones mutuas eran archinotorias. La Princesa inició una relación con el diseñador de jardines Roddy Llewellyn, 17 años más joven que ella, y lo invitó a su casa de la isla privada de Mustique, un micro paraíso caribeño donde también tuvo vivienda Bowie. Las fotos de ambos en bañador en la playa llegaron a las portadas y el conde de Snowdon hizo grandes aspavientos de marido agraviado. Parecía olvidar sus noches de lujuria en un apartamento de Kensington Church Street, a un paso de su residencia del Palacio, o su capacidad para combinar hasta tres amantes a un tiempo.

La Princesa Margarita junto a lsu hermana, la Reina Isabel
La Princesa Margarita junto a lsu hermana, la Reina Isabel - REUTERS

El divorcio llegó en 1978. Desde que Enrique VIII dejó a Ana de Cleves en 1540 nadie se había vuelto a divorciar en la Familia Real. Luego sería ya una afición más de los Windsor, con el melodrama de Carlos y Diana y el astracán de Andrés y Sarah Ferguson. A Margarita la ruptura legal de su matrimonio la cogió en el hospital, ingresada por hepatitis y gastroenteritis. La mala salud marcó toda la segunda parte de su vida. Había comenzado a fumar a los 15 años y bebía con alegría. Murió en 2002, con solo 72 años en una familia de longevas (la Reina Madre falleció a los 101, sin renunciar jamás a su copita, e Isabel II, cuatro años y medio mayor que Margarita, ya ha alcanzado los 90).

La existencia de la Princesa Margarita, siempre muy unida a su hermana y extraordinariamente leal a ella, estuvo rodeada por un halo de amargura. «Era demasiado inteligente para su puesto en la vida», señaló con buen ojo clínico el escritor Gore Vidal. Nunca aceptó el ingrato papel de segundona, con las mismas obligaciones de la Reina, pero sin sus privilegios y preminencia.

Amor frustrado

En sus buenos tiempos con Snowdon dejó fluir su gusto por la bohemia, se asomó fuera de la jaula palaciega y coqueteó con la libertad. Era emotiva, muy guapa, una gran pianista a la que le encantaba bailar y extraviarse en los night-clubs de Mayfair. Pero siempre arrastró la herida del caso del capitán Peter Townsend, héroe de guerra casado, padre de dos hijas, del que se enamoró profundamente. Tras el divorcio del militar, anunció a su hermana que quería casarse con él. Pero los matrimonios de miembros de la realeza debían ser aprobados por la Reina, según una ley de 1772. Además la soberana debía consultar con el primer ministro y con el Arzobispo de Canterbury.

Churchill se opuso de plano al enlace con un divorciado y el arzobispo también. Documentos desclasificados hace pocos años desvelaron que Isabel II, que quería enormemente a su hermana, buscó una fórmula para que se pudiese casar renunciando a sus derechos dinásticos, pero conservando su rol en la Familia Real. A Margarita le salió a flote la dignidad de su alta cuna y se negó. Acto seguido emitió un comunicado en el que anunciaba su renuncia a la boda, pero que concluía con un elogio «al apoyo y devoción infatigables del capitán Townsend». Entre el público se oyó algún suspiro. Un par de años después, el héroe de guerra de la RAF se casó con una belga de 20 años, heredera de un emporio tabaquero. La chica tenía una peculiaridad. Físicamente era un clon de Margarita.