Len Blavatnik, una de las grandes fortunas del mundo, junto a Ximena Caminos y Alan Faena
Len Blavatnik, una de las grandes fortunas del mundo, junto a Ximena Caminos y Alan Faena - BFA

Fin al exilio dorado de la oligarquía rusa en Londres

La primera víctima es Roman Abramovich, cuyo visado para residir en Reino Unido no ha sido renovado

Madrid Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

El oro procedente de Moscú ha dejado de resplandecer como antaño. El ambiente que se respira por las avenidas del callejero de Londongrado poco tiene que ver con el de las últimas dos décadas. Ya no queda nada que celebrar en esas fiestas regadas con mujeres bellas, champán y caviar. La oligarquía rusa, que durante las dos últimas décadas campó en Londres a sus anchas con sus maletines repletos de dinero de dudosa procedencia, comienza a sentir el aliento del Gobierno británico en la nuca. «Ya era hora», claman los activistas y buena parte de la opinión pública que durante años han contemplado cómo el poder les extendió la alfombra roja, los aduló y mimó fiscalmente, en un notorio esfuerzo por captar su capital sin preguntarse por su origen. Pero el panorama ha cambiado.

Bajo el título «Oro de Moscú», el pasado martes se presentó un alarmante informe en el que se acusaba al Ejecutivo de poner en riesgo la seguridad nacional haciendo la vista gorda al «dinero sucio» de los oligarcas que circula por las cloacas de Londres. Los diputados exigen « más liderazgo político» y medidas que impidan la proliferación de «activos corruptos», que sancione a «los sujetos conectados con el Kremlin» y que aumente la «transparencia» sobre la titularidad de dichos activos.

El intento de asesinato con gas nervioso del exespía Serguéi Skripal y su hija en suelo británico marcó el comienzo de una escalada de tensión entre Londres y Moscú y colmó la paciencia de los que denunciaban desde hace años la manga ancha con los negocios de esta elite, que cimentó sus fortunas durante la década de los 90 tras el expolio y privatización de los recursos naturales rusos.

Protegido de Putin

El primero en pagar en sus propias carnes las consecuencias de esta guerra diplomática ha sido Roman Abramovich. Su ausencia en el estadio de Wembley para presenciar la final de la FA Cup entre el Chelsea -equipo que compró en junio de 2003- y el Mánchester llamó mucho la atención. Se desconoce el paradero del oligarca, aunque su jet privado no ha pisado suelo británico desde el pasado 1 de abril, cuando se convirtió en un inmigrante ilegal en Reino Unido. A finales de abril, le caducó el visado y a pesar de emprender los trámites habituales para su renovación, no se lo han concedido. Que el proceso se demore más de lo habitual no parece algo fortuito. El Gobierno se niega a discutir «casos individuales», pero resulta significativo que la fortuna 140 del mundo (10.800 millones según «Forbes») tenga problemas de papeleo con la administración como si se tratara de un ciudadano de a pie más. Pero no es el único bajo las cuerdas: 700 visados de rusos adinerados están siendo revisados.

Roman Abramovich
Roman Abramovich - Reuters

Abramovich, un tipo taciturno, con cierto aire desaliñado y huérfano de padres desde joven, mantiene una relación muy estrecha con Vladimir Putin. Su férrea amistad viene de largo; Abramovich fue uno de los primeros partidarios de Putin y el que lo recomendó como la mejor opción para sentarse en el Kremlin cuando un enfermo Boris Yeltsin buscaba sucesor.

Abramovich posee una fabulosa «mansión iceberg», con más habitaciones bajo tierra que sobre la calle, en Kensington Palace Gardens. Por ella desembolsó 90 millones de libras y como se le quedaba pequeña se unió a los famosos millonarios topos que horadan el subsuelo para ganar espacio. Entre sus vecinos figuran los Duques de Sussex o Len Blavatnik, nacido en la Ucrania soviética en 1957 y con una fortuna de 20.000 millones de dólares. Este año recibió una condecoración de la Reina Isabel II por su filantropía, como su donativo para la ampliación del museo de arte londinense Tate Modern. Las autoridades británicas también le tienen bien vigilado.

El dinero ruso ha incursionado incluso en Westminster y el ejemplo más reciente es Oleg Deripaska, el magnate ruso del aluminio y la minería. Ayer abandonó la directiva de Rusal, compañía que el magnate fundó y en la que es el principal accionista a través de la empresa En+ Group, empresa vinculada también al ex ministro conservador de Energía británico, Greg Barker. En la lista negra de rusos bajo la lupa también figuran otros muchos multimillonarios como Alisher Usamov. Quizá sea el momento de buscar nuevos destinos o regresar al frío y el vodka.