Cristiano Ronaldo y Georgina Rodríguez
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Cristiano Ronaldo: el Apolo que no dijo adiós

Se fue sin despedirse, y ahora regresa para decir adiós sin decirlo, con escena en los Juzgados

MadridActualizado:

Si nos ponemos serios, llegó Cristiano a Madrid antes de haber venido, porque así son las vísperas de las estrellas, y luego ha sido noticia incluso cuando no había noticia.

Se fue sin despedirse, y ahora regresa para decir adiós sin decirlo, con escena en los Juzgados. No habrá otro, para bien, o para mal. Con él, fichamos a un futbolista, pero también a un titán de spot y a un macho con pendientes de club de fans. Dio poco ruido del fútbol de discoteca, aunque ahora hay tema negro en el horizonte, denuncia incluida.

Cambio de camiseta

Él suele brindar fotos de familia con la consorte reguapa en biquini, que es como decir que su hogar va cruzado de playa, o gimnasio. Luego está que Cristiano se cambia consigo mismo la camiseta, al final de algún partido, o incluso antes, cuando mete un gol de obús. De modo que da estampas de calendario de apolo casi erótico sin posar para calendario alguno.

Le regaló a Irina Shayk la fama, y ahora tiene con Georgina Rodríguez una intimidad de mucho selfie de cuerpo entero. Cristiano ha sido noticia si se lesiona, y lo ha sido igualmente, si no se lesiona. Se ha ido varias veces, sin irse, y se largó a la Juve desde un yate.

Sus abdominales de photoshop sin photoshop han promovido una Champions de opiniones vivas en Internet, que no cesa nunca. Es el amo en la soledad populosa de las redes sociales. Ahí, y en el área. Está entre el increíble Hulk y un bronceado de culebrón.

Le quitó el trono de póster planetario a David Beckham, y le gana incluso si se pone a anunciar calzoncillos, que es más o menos lo que anuncia cuando se quita la camiseta.

Conflictos familiares

Viene de familia con más conflictos que posibles. Los suyos, en una época, caminaban el costado salvaje de la vida. Tuvo la biografía adversa, y se lo ha montado. A Cristiano le salvó la droga benéfica del fútbol, y se ha hecho un atleta máximo que cobra el puntapié a precio de porsche. Prefiere los coches de lujo, la gomina de metrosexual y las chicas de pasarela.

Cuando rompió con Irina Shayk, se jugó por ahí mucho rondo de rumores para esclarecer si él la dejó, si fue al contrario, o qué. Pero todo eso daba igual, y da igual, porque importa del caso que Cristiano era, y es, mucho más famoso que su «ex» consorte. Y con «ex» consorte nos referimos a Irina, y a las que fueron, o serán. Cristiano e Irina componían una pareja de escaparate, lo que no quiere decir que fueran un escaparate de pareja. Ella, con la ruptura, fue más novia de Cristiano que nunca, hasta que ha llegado a convertirse en otro Cristiano Ronaldo, un Cristiano de la pasarela, pero en hembra maravillosa y con bikini de instagram.

Cristiano, no obstante, tiene siempre algo de pichichi de la soltería, un arrebato de narciso de su talento. David Beckham inauguró el futbolista de mechas, el pelotero de tatuajes. Cristiano ha cumplido la lámina del futbolista de anuncio, pero de anuncio de sí mismo. Nunca le hizo falta una Spice para multiplicarse, promocionalmente. Porque para Spice, incluso, ya está él. Dice ciao, pero no lo dice.