El Festival de Peralada acoge el estreno de Diálogos de Tirant e Carmesina, una nueva ópera de cámara centrada en la novela de Joanot Martorell
El Festival de Peralada acoge el estreno de Diálogos de Tirant e Carmesina, una nueva ópera de cámara centrada en la novela de Joanot Martorell - EFE

«Diàlegs de Tirant e Carmesina»: un placer breve pero intenso

El Festival de Peralada estrenó el jueves una nueva ópera de cámara centrada en la novela de Joanot Martorell

BarcelonaActualizado:

Mario Vargas Llosa definió «Tirant lo Blanc» como una novela total, que en sus más de 800 páginas construye un fresco donde tienen cabida lo caballeresco, lo romántico, el drama, el humor… Ya tardábamos, pues, en transformarla en una ópera, como han hecho el dramaturgo Marc Rosich y el compositor Joan Magrané. Este último, que cumplía 31 años el jueves, día del estreno absoluto en Peralada, se ha confirmado esta temporada como el creador joven más sólido y prolífico del país.

Magrané ha sido capaz de recrear la riqueza de y variedad de la novela original, aun tratándose de una ópera de cámara para tres cantantes y seis músicos que actuaron bajo la precisa y preciosa dirección de Francesc Prat. Lo ha hecho, además, sin renunciar a su consabida y fascinante admiración por lo medieval y la polifonía. La instrumentación refleja lo mejor de su producción camerística, con pasajes que valdría la pena repetir a cámara lenta para advertir el nivel de detalle que exige a los intérpretes a cada compás.

Al mismo tiempo, ha usado esta obra como campo de pruebas para explorar la vocalidad de cada uno de los personajes. Magistral el desdoblamiento entre Plaerdemavida y la Viuda Reposada, ambos encarnados por una Anna Alàs impresionante. Para Tirant, aires más marciales, a medida del barítono Josep-Ramon Olivé. El lirismo, para Carmesina, bien dibujada por Isabella Gaudí.

El libreto de Rosich es un trabajo de orfebrería que funciona a la perfección condensando en solamente ochenta minutos algunos de los pasajes más célebres de la novela. Breve, pero intenso. El movimiento escénico y el vestuario fueron también cuidados al detalle, cosa importante ya que poseen una gran carga narrativa al describir, con pocos recursos, la acción de cada uno de los cuadros. De la producción solamente se echó en falta una propuesta escénica que estuviese a la altura del resto de ingredientes.

La instalación de neones diseñada por Jaume Plensa pecaba de lo peor que puede pecar una escenografía: se diría que sirve para cualquier otra producción, cosa que lleva a pensar que el reputado artista no ha sabido valorar la importancia del evento al que había sido invitado a participar (y al que, por cierto, no asistió). El próximo febrero esta producción de Òpera de Butxaca i de Nova Creació recalará en el Foyer del Gran Teatre del Liceu.