Alexis Tsipras, primer ministro griego, en una de sus últimas visitas a Bruselas
Alexis Tsipras, primer ministro griego, en una de sus últimas visitas a Bruselas - REUTERS

Grecia vuelve a ser un país normal después de ocho años de crisis

Atenas seguirá bajo supervisión comunitaria, aunque los tiempos de intervención directa de la «Troika» han llegado a su fin. El país podrá financiarse por su cuenta y no harán falta ayudas adicionales

Corresponsal en BruselasActualizado:

Como todas las decisiones de la crisis griega, el Eurogrupo volvió a alargar sus debates este jueves hasta la madrugada, antes de cerrar el último acuerdo necesario para dar carpetazo definitivo al rescate de la economía griega. Había luz al final del túnel, pero éste era bastante largo: ocho años y 288.000 millones de euros. Y aún después, la ruta continuará durante décadas por una zona de dificultades dado que Grecia seguirá bajo la supervisión europea, aunque podrá financiarse por su cuenta. En este tiempo este país ha pasado de un déficit público del 15,1% en 2009 a un superávit primario del 0,8%. Este año crecerá un 1,9% y el próximo llegará a un 2,3%, todo bajo un gobierno de bases populistas y antisistema. El milagro griego se ha producido a pesar de todos los malos presagios, aunque el sacrificio que han tenido que sobrellevar los ciudadanos probablemente no será tan sencillo de digerir.

«Ha sido un acuerdo histórico para la deuda. Ha sido un acuerdo que ha ido más allá de lo que esperaban los mercados», reaccionó exultante el primer ministro, Alexis Tsipras, que empezó su mandato desafiando a la Comisión Europea con un referéndum y que ha logrado sus mejores resultados aceptando con pragmatismo la esencia de las condiciones impuestas por la denostada «Troika». El líder de los populistas que llegó al poder aupado por las protestas con la idea de enfrentarse a la política de austeridad que representaba el entonces ministro alemán de exteriores, Wolfgang Schäuble, se ha transformado en un razonable socialdemócrata que este fin de semana recordaba que el fin del tercer rescate y la vuelta a los mercados no significa que Grecia pueda «abandonar el camino de las reformas y de la gestión prudente» de las cuentas públicas.

La economía griega deberá esperar hasta 2060 para haberse librado del fardo de la deuda

El acuerdo fue alcanzado en Luxemburgo después de unas diez horas de negociación de los ministros de Economía de la zona euro en la noche del jueves al viernes. Se ponía fin a ocho años de rescates, es decir, de intervención de la economía griega, que había perdido su capacidad de acudir a los mercados para financiarse y lo hizo con préstamos avalados por los socios europeos a cambio de reformas estructurales y ajustes fiscales hasta llegar a lo que el actual presidente del Eurogrupo, el portugués Mario Centeno, calificó de «un aterrizaje suave de este largo y difícil ajuste». A partir de ahora, Atenas no necesitará ningún rescate adicional, pero tampoco podrá volver a los tiempos de vino y rosas.

El acuerdo incluía el cierre de la última revisión del tercer rescate, gracias a la comprobación de que Grecia ha llevado a cabo el último paquete de 88 medidas exigidas por la Comisión, En consecuencia, los ministros aprobaron un último desembolso de 15.000 millones de euros que servirá para que el Gobierno de Tsipras pueda pagar todos los vencimientos previstos en los próximos dos años. Además, para que el peso de la deuda que ha contraído en estos años (180% del PIB) no aplaste su economía, los ministros acordaron ampliar en 10 años los vencimientos de los préstamos concedidos por el fondo de rescate europeo (MEDE) y el aplazamiento en diez años de la fecha en que debe empezar a devolver estos créditos y sus intereses. Además, se le regalarán a Atenas los intereses generados por los bonos griegos que tiene el Banco Central Europeo y los bancos centrales de la Eurozona, lo que debería suponer un pago de unos 1.000 millones anuales en efectivo. A ello hay que añadir la intervención de los presupuestos de la Comisión en forma de fondos estructurales, en campos donde pueda complementar el esfuerzo del gobierno griego.

En este tiempo ha pasado de un déficit público del 15,1% en 2009 a un superávit primario del 0,8%. Este año crecerá un 1,9% y el próximo un 2,3%, todo bajo un gobierno de bases populistas y antisistema

Todo ello, sin embargo, no es gratis, ya que está condicionado a que se mantenga el rumbo de las reformas bajo la «vigilancia reforzada» de la «Troika», incluyendo el Fondo Monetario Internacional. Según los cálculos de la Comisión, si todo va bien, para tapar el agujero provocado por la crisis y décadas de gestión irresponsable del presupuesto, la economía griega deberá esperar hasta 2060 para haberse desembarazado del fardo de la deuda. Hasta 2022 al menos deberá mantener un superávit primario del 3,5%, es decir, que su techo máximo de gasto está aún más de seis puntos por debajo de los demás países de la Eurozona. Hubo un tiempo en el que Grecia fue amenazada seriamente con ser expulsada de la moneda única. Este es el precio de haberse quedado.

Para el gobierno de Tsipras, el principal objetivo ahora es trasladar a la población esta buena noticia con hechos concretos. Es cierto que la economía crece ahora sobre bases más sólidas que antes y que es de esperar que tarde o temprano eso se traducirá en elementos positivos para la población. Pero la espera puede haber sido demasiado larga para muchos.