La élite empresarial se niega a ser el florero del Doctor Sánchez

«Los directivos necesitaban -y siguen necesitando- saber exactamente qué haría este Gobierno para transmitirle lo antes posible su malestar y desacuerdo»

María Jesús Pérez
MadridActualizado:

«Quid pro quo». Algo por algo, vamos. Si no, se acaba el trato. Y en esas están los grandes empresarios españoles hartos ya de sentirse utilizados para dar contenido a la estrategia archiconocida del «presidente bonito». Y es que en toda estrategia marcada por el «toma y daca», hay que tomar decisiones que involucren y, en teoría, satisfagan en mayor o menor medida, a todas las partes implicadas, lo que permitiría en teoría, y a priori, mejorar resultados a posteriori, si unos y otros colaboran.

En economía, suele asociarse esta estrategia con un juego llamado «Dilema del prisionero», un ejemplo canónico de la «Teoría de los juegos», que a su vez es una rama de las matemáticas aplicadas que trata problemas de decisión estratégica en la que los agentes que toman decisiones, lo hacen anticipando las decisiones de otros agentes. Por tanto, se puede decir que cualquier situación en la que las personas tienen un objetivo común que perseguir e incentivos para regatear su esfuerzo es un potencial «dilema del prisionero», en el que la «reciprocidad» y la «colaboración» son términos clave de esta estrategia.

Precisamente dos palabras que los grandes empresarios de este país no perciben por ninguna parte en su particular «dilema del prisionero» con el actual presidente del Ejecutivo español. Más bien, todo lo contrario. Han acudido a la llamada del «líder» cada vez que los ha requerido y luego... nada de «toma», y mucho de «daca». Eso sí, fotos y palabras vacías, a mansalva. La estrategia archiconocida del «presidente bonito».

Tras los encuentros individuales del pasado agosto, en la que a cambio de «arropamiento» y «confianza» recibían «promesas» de futuro inmediato -aún hoy, incumplidas-, la élite empresarial española esperaba una reunión conjunta para aclarar tanto globo sonda gubernamental. Porque una de las medidas estrella con las que Pedro Sánchez aterrizaba en Moncloa era una subida de impuestos a empresas y nuevos tributos a la banca, y eso era menester aclararlo cuanto antes. Los directivos necesitaban -y siguen necesitando- saber exactamente qué haría este Gobierno para transmitirle lo antes posible su malestar y desacuerdo. ¿Por qué tiene que ser el tejido empresarial el que cargue con el equilibrio presupuestario? Al final, castiga a todo el sector privado y, de rebote, a la economía española. El objetivo, hacérselo entender al Doctor Sánchez.

Dicho y hecho. Reunión el 7 de septiembre, en Moncloa, entre el presidente, con algunos miembros de su Ejecutiva, y una veintena de patronos de la Fundación Carolina, entre los que se encuentran algunos de los presidentes de las principales compañías del Ibex 35. Allí se presentaron el presidente de Telefónica, José María Álvarez-Pallete; Florentino Pérez (ACS); Borja Prado (Endesa); Pablo Isla (Inditex); o Jesús Nuño de la Rosa (El Corte Inglés); más algún segundo espada en representación del patrono, como Rodrigo Echenique (Santander España). Decepción. Lo previsible era que Sánchez usase la cita para garantizar al empresariado el compromiso del Ejecutivo socialista con la estabilidad a cambio de un mayor esfuerzo fiscal. Pues bien, tras la foto de familia antes del almuerzo, el «presi» soltó su «speech» relacionado con inversiones latinoamericanas, comió, y a los postres se levantó y se fue. ¡Su gozo en un pozo! El enfado, monumental. El tiempo es oro y apremia. Con tanta noticia que crea incertidumbre, los negocios se resienten ya. Y el presidente... a lo suyo, la foto de rigor.

Y en estas que estalla la crisis entorno a la tesis de Sánchez. El presidente monta un acto para celebrar los cien días de Gobierno y de paso tapa el posible escándalo. Necesita de nuevo sentirse arropado y raudo y veloz llama a sus nuevos compañeros de viaje y... de posado. Los invitados, cuasiobligados, acuden a la cita, de nuevo con la esperanza de escuchar algo más que palabras vacías de contenido estratégico. Florentino Pérez (ACS), Luis Gallego (Iberia), Maurici Lucena (Aena), José María Álvarez-Pallete (Telefónica), Ignacio Galán (Iberdrola)... Un nuevo «dilema del prisionero» flota en el ambiente... ¿Reciprocidad? ¿Colaboración? Sánchez habla del mar y los peces y los directivos se van de vacío. Eso sí, allí estaban. Imágenes, a raudales.

Los grandes ausentes desde hace tiempo, Ana Botín (Santander); Francisco González (BBVA); y José Ignacio Goirigolzarri (Bankia). Para qué perder el tiempo. El mensaje ya lo tiene el presidente en su bandeja de recibidos. Coinciden. «En una etapa de desaceleración creciente hace falta una política económica bien planteada, y esta normalmente no debería pasar por una expansión del gasto público ni por una subida de impuestos», dijo González en una entrevista con ABC publicada precisamente el pasado lunes. ¿Que decide un impuesto a la banca haciendo la guerra por su cuenta? Lo mismo la encuentra en forma de traslado de sedes fuera de fronteras españolas. Pero, mejor, no anticipemos decisiones.

María Jesús PérezMaría Jesús PérezRedactora jefeMaría Jesús Pérez