Roland GarrosViaje al éxito con Toni Nadal

Antes del duelo ante Wawrinka para el décimo título, el técnico de Rafa Nadal relata en ABC las nueve finales en París

PARÍSActualizado:

Sin que dé tiempo a terminar de formular la pregunta, que solicita una opinión sobre la fantástica estadística de Stan Wawrinka en las finales de Grand Slam (tres disputadas, tres ganadas), Toni Nadal interrumpe con entusiasmo. «Eso pesa, sí, pero nosotros tenemos nueve de nueve aquí, es un poco más», responde con su peculiar sentido del humor. Sonríe, pero lo dice en serio, recordando que aquí, en París, nadie tiene la eficiencia de Rafael Nadal, dispuesto hoy a reventar la historia con la décima alegría en Roland Garros. Efectivamente, se mide al imprevisible Wawrinka, que opta al título después de superar etapas en silencio, campeón ya aquí en 2015 y también con los títulos de Australia (2014) y US Open en la mochila (2016). Es un nuevo rostro para el domingo parisino, pues en ninguna de las otras finales disputadas por Nadal se ha enfrentado a este suizo, con el que se pugna por el título y por el número dos.

Toni Nadal, aunque diga lo contrario, tiene una memoria privilegiada. No da tantos detalles como su sobrino, que aún ahora sería capaz de recitar punto a punto cómo fue su primer partido como profesional, pero le da para recitar casi de carrerilla las finales que han tenido en la arcilla francesa. Únicamente se hace un lío con 2014, pues habla de un partido diferente al que le midió a Djokovic, pero de inmediato corrige cuando se le recuerda que está mencionando otro duelo. «¡Es verdad, tiene razón!», exclama mientras viaja por el tiempo con ABC y dibuja estas páginas plagadas de historia. Hoy, a partir de las 15 horas, vivirá su última tarde en la Chatrier, deseando despedirse con champán y una foto irrepetible.

«Para mí es cero especial», repite, idéntica la respuesta a la que ofreció en una entrevista para este medio el pasado viernes. «Lo será el año que viene desde mi casa, pero no pienso para nada si esta es la última vez que piso esta pista. Yo vengo a ver jugar a mi sobrino y si el año que viene estoy en Mallorca y llega a la final estaré igual de contento», explica entre la marabunta de periodistas que huele una cita de las importantes. París, de repente, está plagado de medios. Es el poder de convocatoria de Nadal.

«Aunque alguna se ha perdido, está claro que mi sobrino compite bien en las finales. Aquí no ha perdido ninguna, pero en Australia y en Wimbledon sí. Desde luego, no hay que olvidar ese dato porque le da confianza cada vez que en París lucha por ganar», expone tío Toni, que ha aprendido a gestionar los nervios en los días decisivos. Su rostro, de hecho, cambia poco si se compara con un duelo de primera ronda, siempre en la esquina del palco con la gorra y comentando la jugada. Hoy la verá sentado junto a Francis Roig y Carlos Moyá, pues están los tres entrenadores.

«La mejor final, al menos la que venció con más claridad, fue la de 2008. Era contra Roger Federer y le hizo un 6-1, 6-3 y 6-0, que es algo impensable cuando enfrente está un jugador tan bueno como él», analiza. Se detiene unos segundos y de carrerilla relata cómo fue ese torneo. «En octavos fue un 6-1, 6-0 y 6-2 contra Fernando Verdasco, en cuartos uno, uno y uno contra Nicolás Almagro (quiere decir 6-1, 6-1 y 6-1) y en semifinales, contra un súper Djokovic, 6-4, 6-2 y 7-6». Es, pues, bastante comparable ese dominio al exhibido en 2017, en donde únicamente ha entregado 29 juegos antes de la final. «A mí me dijeron si este era el mejor Nadal de la historia y me fui a la historia, que me lleva a 2008. Nada más».

Nadal sigue poniéndose nervioso antes de un encuentro como el de hoy, y asegura que esa intríngulis es lo que le mueve. «Por suerte, sabemos lo que se tiene que hacer en una final. Yo no lo preparo de manera especial. Cuando iba al colegio era evaluación continua y entiendo que aquí es lo mismo. A veces queremos hacer raíces cuadradas en una pista de tenis y no da para tanto. Se trata de hacer lo de siempre, que es pegarle bien con el drive, pegarle bien con el revés... No preparamos una final diferente a una semifinal», repite el entrenador en el día de su adiós. Este es su repaso de las finales anteriores.

2005: La ilusión de la primera vez

Era la novedad, llegamos por primera vez a la final de un Grand Slam. Había visto estos torneos por la tele y fue muy emocionante estar en una cita como ésta. Salimos como favoritos, y de hecho llegamos a París entre los candidatos pese a no haber jugado nunca antes aquí, pero Mariano Puerta nos lo puso realmente difícil ese domingo. Fue una final muy disputada, él tuvo bola para ir al quinto set. Ganamos y fue una enorme alegría.

2006: Federer empezó como un tiro

La primera con Roger Federer como rival en París. Rafael empezó con un 6-1 abajo. Fue todo muy rápido, Federer iba como un avión y nos estaba haciendo bastante daño con sus golpes. Nos ganaba todos los puntos con facilidad, pero cambió el tema por suerte para Rafael. Se despistó en el primer juego del segundo set y pudimos igualarlo. Fue más fácil a partir de ahí. Bueno, fácil tampoco... ¡Nada es fácil cuando juegas contra Federer!

2007: Una estrategia bien conocida

Fue contra Federer otra vez. Ya le habíamos ganado una vez aquí, justo el año anterior, y teníamos clara la idea de cómo jugar contra Federer. Le buscamos el revés con bolas altas, una estrategia que nos ha funcionado muchas veces cuando hemos competido contra él. La aplicamos bien, las cosas salieron bien desde el principio, aunque perdimos el segundo set. Pero Rafael estuvo muy firme y decidido, se llevó la tercera copa a casa.

2008: Broche a un torneo genial

Estaba jugando a un nivel muy bueno, increíble. Ganó muy fácil los partidos de cuartos y de semifinales contra Almagro y Djokovic. Antes también con Verdasco, apenas perdió juegos en el camino a la final. La verdad es que todos los ganó muy bien. Y en la final, igual, salimos con mucha confianza, claramente éramos los favoritos y salimos convencidos de que ganaríamos. Rafael fue muy superior a Federer, un torneo perfecto.

2010: La espinita de Soderling

Habíamos perdido en 2009 en octavos de final, la primera derrota en Roland Garros, y Rafael vino con la idea clara de recuperar el mando, de ser el número uno en tierra y de ganar de nuevo en París. Y tuvimos la suerte de jugar contra el mismo que nos eliminó el año anterior. Fuimos esta vez superiores a Robin Soderling en la final y nos quedamos con un trofeo muy especial. Soderling siempre dio problemas, pero esta vez fuimos mejores.

2011: Confianza plena en el título

Djokovic era el mejor en ese momento y llegaba con una racha increíble, pero tuvimos la suerte de que Federer le ganó en semifinales, en un partidazo. Nosotros, al salir a jugar contra Federer, teníamos la convicción de que lo ganaríamos porque ya lo habíamos hecho otras veces. Fue una final complicada, con tres sets muy igualados. Ya en el cuatro nos lo llevamos por 6-1. Un partido difícil, como todos los contra Federer.

2012: La lluvia más decisiva

Fue contra Djokovic y se aplazó por la lluvia. Rafael estaba jugando muy bien, iba 6-4, 6-3 y 2-0 arriba, pero se puso a llover. No retiraron las lonas y yo les pedía que lo hicieran porque la bola se mojaba mucho. El partido se igualó, la pelota estaba pesada, y el efecto en los golpes de Rafael desapareció. Por suerte, se aplazó con break abajo en el cuarto. Al retomar el partido, Rafael estaba nerviosísimo, pero se rehizo y recuperó el break. Muy sufrido.

2013: Demasiada pista para Ferrer

La pista tan grande perjudicó a David Ferrer, que además tenía pocas experiencia en finales de este tipo ya que era la primera vez que llegaba a luchar por un Grand Slam. A él le va mejor una pista pequeña para controlar la situación e imprimir un ritmo más alto, pero en esta pista se sintió mal. David no fue capaz de mandar y Rafael ganó más o menos fácil.

2014: El gran Djokovic, reducido

Un partido realmente complicado y contra el rival más peligroso, el que más veces nos ha ganado y que nos había cogido otra vez la medida. Empezamos mal, con el primer set para Djokovic. Y el segundo costó muchísimo, pero ganarlo nos dio mucha confianza. A partir de ahí, pasamos a controlar algo más la situación. Una gran alegría lograr el noveno.