Rafael Nadal
Rafael Nadal - Reuters
Tenis

Nadal, una sequía inquietante

El balear nunca había estado sin títulos en tierra a estas alturas desde 2005. Roma, última prueba antes de Roland Garros

Los cambios en el ranking ATP tras la victoria de Djokovic en Madrid

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Era 2005 y aquel jugador de pantalones pirata, camiseta sin mangas y melena llamado Rafael Nadal que se presentaba por primera vez al torneo conquistó Roland Garros con 19 años recién cumplidos. Antes de llegar a París ya llevaba un buen botín, pues estrenó palmarés en Sopot, un año antes, y encadenó cinco más al curso siguiente (Costa do Sauipe, Acapulco, Montecarlo, Barcelona y Roma). Era 2005. Stefanos Tsitsipas, su último verdugo, no había cumplido los siete años.

Desde entonces, Nadal ha significado alegrías, mordiscos y un currículo envidiable y difícilmente repetible: cincuenta y siete portadas sobre la arcilla. Hasta que en este 2019 la arena le está siendo esquiva, incapaz el balear, por el momento, de domar tan firme su superficie como en otros cursos, perjudicado por las alertas apremiantes de su cuerpo y por las amenazas que surgen con cada vez más fuerza y menos años. Como él, en aquel 2005 de irrupción en la historia.

Después de encarar el curso con una final en el Abierto de Australia, las sombras de las lesiones asomaron a sus ojos. Un recordatorio de su mayor debilidad: la rodilla derecha. En casa quince días y sin la opción de jugar semifinales en Indian Wells y Miami. En la tierra necesitaba rodaje, por mucho que haya acostumbrado al personal a firmar domingo sí, domingo también de reflejos en los trofeos. Por el momento, ningún mordisco. Y con su sequía, la del tenis español, pues hay que regresar a 1995 para no encontrar ningún trofeo en arcilla a estas alturas.

También el año pasado sufrió. Problemas en Acapulco, demasiado tiempo en el sofá, pero al llegar a la tierra, liberación. Por eso, más allá de datos, son las dudas las que persiguen al balear porque han sido tres semifinales consecutivas, impresionante bagaje para cualquier menos para el de Manacor: Montecarlo (Fognini), Barcelona (Thiem) y Madrid (Tsitsipas).

«Siempre es más fácil llegara a Roland Garros con dos o tres títulos en la mochila, pero no creo que los necesite para hacerlo bien. Lo que necesito es estar bien y jugar a un gran nivel. Si ocurre, sé que tengo mis opciones; si no, no tendré ninguna. Y da igual que hay ganado antes o no», analizaba en esta semana de pequeños pasos hacia lo que quiere.

Excusa y solución

Felix Auger-Aliassime, Frances Tiafoe y Stan Wawrinka son ejemplos de que está cerca. Pero no todavía en ese punto en el que el revés expande la pista, la derecha sentencia, las piernas responden y se complementan con las ideas. No todavía, y Tsitsipas fue una buena muestra. «He sido capaz de ganar durante muchos años en esta superficie. Y este año parece que no estoy en el camino, pero realmente estoy cerca, aunque no acabo de conseguir ganar. [Contra Tsitsipas] sabía lo que tenía que hacer, lo tenía claro, pero fui incapaz de hacerlo. No creé el suficiente peligro ni le hice sufrir. Si hubiera jugado al nivel al que jugué contra él en Barcelona 2017 o en Australia no hubiese perdido», sentenció buscando en sí mismo la excusa y la solución.

«El tenis -incide- trata de ganar y de perder. No hay que hacer un drama sino tomarlo con naturalidad, tanto las victorias como las derrotas. Lo normal es lo que está pasando ahora y no lo que ha ocurrido en estos catorce años anteriores». Más consciente que nunca, solo quiere seguir progresando. Por eso viajó anoche a Roma y hoy ya se entrena en el Foro Itálico. Volverá a estar en un sorteo con los mejores: Djokovic, de nuevo con ese aire de imbatibilidad; Federer -en su lado del cuadro-, despreocupado por los resultados porque poco se le exige después de tres años sin rojo en sus calcetines, también Fognini, Thiem, Tsitsipas. Los datos, eso sí, reflejan lo «extraordinario» de estos catorce años de dominio de la tierra: ha sumado 1.080 puntos por los 1.680 del año pasado. y todavía defiende los 1.000 de Roma 2018 y los 2.000 de Roland Garros. El objetivo. Donde Nadal quiere ser Nadal, sin dudas, lesiones ni matices. Como aquel de 2005.