Real MadridEl descubridor de Vinicius: «Era un adelantado»

Carlos Abrantes «Cacau», el profesor de fútbol de brasileño, es el hombre que más sabe sobre el jugador

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Carlos Eduardo Abrantes Beraldini, más conocido por «Cacau», es el hombre que más sabe de Vinicius. Fue el profesor de fútbol del brasileño cuando tenía cinco años. Papá Vinicius le llevó a la escuela de fútbol de Sao Gonçalo, situada a 30 kilómetros de Río de Janeiro, con esa edad. «Veía algo maravilloso en mi hijo cuando tocaba el balón y regateaba y volvía a regatear, había nacido para eso», señala el padre del hoy futbolista blanco. «Y lo llevé a la escuela de Cacau». Abrantes recuerda aquel día como si fuera hoy: «El padre de Vinicius vino a verme para que viera a su chaval y le enseñara a mejorar. Desde el principio fue patente que era el mejor de la escuela a su edad. Era un niño sereno, callado, no daba problema, se expresaba en el campo con soltura, era lo suyo. Estaba por encima del resto en regate, técnica y capacidad de penetración hacia la portería rival». Cacau tuvo que inventarse dificultades para que Vinicius progresara: «Era técnicamente mucho mejor que los chicos de su edad y decidí enfrentarle a jugadores mayores que él, para ponerle en situaciones difíciles, porque con los niños de su edad jugaba demasiado fácil, los superaba a todos en el regase y se iba hacia la portería. Para Júnior solo existía el fútbol y eso se notaba en su ilusión en el campo. Otros muchachos jugaban a otras cosas también, pero para él solo había futebol».

Estuvo cinco años en las escuelas inferiores de São Gonçalo, desde 2005 hasta 2010. Le quisieron hacer jugar en el equipo de fútbol sala de Canto do Rio Foot-Ball Club en 2009, porque era demasiado pequeño. Le citaron para volver al año siguiente. «Pero Vinicius no quería jugar a fútbol sala, quería ser futbolista», advierte Cacau. Y a los diez añitos entró a formar parte de las divisiones inferiores del Flamengo. «Su regate era mortal», rememora Cacau.

Fueron años duros para el chico. De tener la escuela a quince minutos de casa, pasó a hacer 145 kilómetros diarios para entrenarse con el Flamengo. «Su madre le acompañaba hasta la mitad del camino y allí esperaba cuatro horas hasta que regresaba. Y su padre se fue a trabajar a Sao Paulo, a 400 kilómetros, para sacar la familia adelante», dice Cacau con admiración. Al final, a sus 14 años, el futbolista tuvo que irse a vivir a casa de su tío para estar más cerca de su lugar de entrenamiento en el Flamengo». Pero solo recortó la distancia a 72 kilómetros. El jugador triunfó. «Ascendió año a año en el Flamengo hasta llegar al primer equipo con 16 años» (nació el 12 de julio del 2000). Debutó el 13 de mayo de 2017, frente al Atlético Mineiro (1-1).

El ídolo de la escuela

Abrantes destaca su modestia: «Cuando viene a la escuela de Sao Gonzalo es una fiesta. Es muy agradecido, nos da las gracias y recuerda todo lo que aprendió aquí. Los alumnos de la escuela lo tienen como un ídolo. Habla con ellos y con los padres, les da el consejo para que se dediquen al fútbol con entrega».

«No se le ha subido a la cabeza, tiene los pies en la tierra», señala Carlos Eduardo Abrantes, ahora que juega en el Real Madrid. «Espero que si gana títulos, venga aquí a celebrarlo con nosotros cuando pueda, como siempre ha hecho».