Álex Márquez
Álex Márquez - EFE
MotoGP | GP Cataluña

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Quería ser el mecánico de su hermano, pero Álex vuela solo. Tiene como apellido un Márquez que pesa, pero que hoy, segundo en la clasificación de Moto2, es más liviano. Ni quiere deshacerse de él, ni aprovecharse. Quiere vencer y convencer con él a cuestas. Está en el camino. Encadena victorias, y mira hacia el liderato, con MotoGP en el horizonte, con la cautela de la saga familiar, pero con ambición propia.

Porque el piloto ha pasado por todo en estas cinco temporadas de Moto2. Aceptó subir a esta categoría una vez logró el título de Moto3, y trató de amoldarse lo más rápido posible. Aunque no fue sencillo. Terminó decimocuarto en su estreno, con más sinsabores que alegrías saldadas con dos cuartos puestos (República Checa y Gran Bretaña). Tampoco le fueron mejor las cosas al curso siguiente, con cuatro caídas en las cinco primeras carreras pero la luz de su primer podio, segundo en Aragón, como línea para seguir.

Con mucha más entereza se lanzó en 2017: alegrías infinitas en Jerez, Cataluña y Japón, y tres podios más (Italia, República Checa y Austria) como regalos a su perseverancia. Esa buena dinámica continuó en 2018: segundo en Austin y Francia, y tercero en Qatar, Cataluña, Países Bajos y Valencia. La consagración de su madurez ha llegado en este 2019 en el que rozó el podio en Qatar y Austin y dio una lección de sacrificio en Jerez.

La accidentada salida propició que se viera, como nunca, la importancia de los mecánicos. Los que quedan apartados de los focos cuando el piloto se sube al podio; los que se llevan las broncas, con la persiana bajada, si el premio no ha llegado. Pero en el Gran Premio de España, fueron ellos los protagonistas después de que la carrera se viera cortada por bandera roja debido a una caída de Remy Gardner que provocó una reacción en cadena. Uno de los más perjudicados fue Márquez, que no pudo hacer nada para sorter la moto de Gardner y llegó a boxes con la moto destrozada.

En apenas unos minutos, los que dio la organización para que todos los pilotos volvieran a prepararse para una carrera acortada por las circunstancias, los mecánicos del español se afanaron como siempre, pero como nunca en directo, para recuperar la maltrecha moto. Se pasaron el tiempo para salir de nuevo en parrilla, pero permitieron a Márquez salir de nuevo a pista desde el pit lane. Aunque la incertidumbre se mantuvo hasta el final porque ni siquiera el arrancador funcionó a la primera.

Una vez de nuevo en pista, con los nervios a cien y esperando que le permitieran salir al trazado, apareció el hermano mayor para lanzarle un último consejo antes de arrancar: cabeza y calma.

Porque todo estaba en contra: una moto sin probar, pulsaciones a mil, salir más atrás, tener que remontar. Cabeza y calma. Porque era imposible coger el grupo de podio, ni siquiera los puntos. Demasiada ambición, escasas las vueltas para arañar un premio mayor al de la consolación de tener un equipo brillante. Pero Márquez, Álex, es mucho Márquez, y su afán de ser el mejor pasa por el sacrificio, el trabajo, el subrayar el de otros.

Quizá, de aquel esfuerzo sin premios llegaron por fin las sonrisas: rotas las cadenas de la mala suerte, triunfos en Le Mans y Mugello. Dos victorias de carácter y superioridad con las que alimentar el depósito de combustible.

«Era la llegada soñada. Contento por haberle dado la vuelta al inicio de temporada que no había salido. Es fruto del trabajo de la pretemporada», explica el protagonista en una breve conversación con ABC. «El ambiente, el compañerismo, los cambios en el equipo -con Joan Olivé como jefe técnico, entre otros- han hecho que esté más tranquilo y me han hecho madurar mentalmente. Estamos en conjunto remando en la misma dirección y no cada uno en la suya».

No ganaba desde Japón 2017, una barbaridad en un deporte que ofrece el premio de los títulos y también de los ascensos. Emilio Alzamora, mánager, mentor y custodio, que salía ayer del garaje del ilerdense minutos después de la sesión de entrenamientos, comenzó a tentar posibilidades. Pramac Ducati podría ser una opción. O también aguantar un año más en Moto2 y pelear un sillín para 2021, año de las renovaciones. Ante todo, Márquez prefiere mostrar la cautela que le enseñaron en casa. Tan volátil el mundo del motociclismo que una sonrisa hoy es frustración mañana. «La base que tenemos es muy buena, pero esto es muy largo. Ganar te da ese click de entender que puedes hacerlo. Espero aprovechar estas rachas y ser constantes cuando lo tenemos todo porque seguro que hay bajones durante un año. Cuando hay buena dinámica hay que aprovecharla».

El cansancio reflejado en el rostro tras los entrenamientos confirma que tiene ganas, cuerpo y ambición para seguir en lo más alto y más allá. A paciencia, perseverancia y esfuerzo pocos le ganan. Es un Márquez, Álex.