Ciclismo

Un Giro para redimir a Froome

El inglés, pendiente de la resolución de su positivo, es el favorito de la carrera que arranca en Jerusalén

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El censo de ingleses en el ciclismo ha crecido tanto que, desde el desembarco de Lance Armstrong en el Tour y el gobierno posterior del equipo Sky, ya nadie habla francés en las carreras cuando era la lengua oficial no hace tanto tiempo. El idioma de Shakespeare se impone también en Israel, punto de partida del Giro de Italia, donde Chris Froome afronta un desafío doble: ganar la carrera y redimirse de las sospechas de dopaje. Su caso sobre el exceso de salbutamol para el asma, detectado en la pasada Vuelta, sigue sin resolverse en una sentencia. Con esa espada de Damocles sobre su cabeza, a la espera de una resolución que puede llegar en cualquier momento, el británico pretende consumar un récord del siglo XXI: conquistar las tres grandes (Tour, Vuelta y Giro) en línea, algo que no sucede desde 1983 (Hinault) y que antes solo había conseguido Merckx.

La percepción de los periodistas ingleses enlaza con el pálpito de la población británica. Antes que a Chris Froome, modélico marido residente en Mónaco con su señora y su familia, prefieren a Bradley Wiggins, el mod deslenguado que adora a los Who y que es ferviente aficionado a los gin tonics. «Froome es un aburrido», se escucha entre la prensa inglesa.

Equipo poderoso

Froome nació en Kenia, se crió en Sudáfrica, tiene pasaporte británico y reside en el principado monegasco. Permitió que Wiggins ganase el Tour 2012, pese a que siempre fue más fuerte que su jefe. La seducción que genera Froome entre los ingleses tiene más que ver con el poderío hegemónico del Sky en el ciclismo que con el hechizo de un corredor amigo de la regularidad y el potenciómetro, pero no de las exhibiciones emocionantes. El equipo ha conquistado cinco de los seis últimos Tours, ha logrado nueve podios en las tres grandes en siete años, y solo le falta el Giro en su palmarés.

Para tapar ese hueco está Froome en Israel. Vencedor de cuatro Tours y una Vuelta, su última experiencia en el Giro (2010) se cerró con una descalificación por agarrarse a un coche. Acusado habitualmente de preparar solo el Tour, Froome ha empuñado la bandera de la diversidad. Quiere emular a Merckx e Hinault.

También está en Israel porque los asuntos de dopaje son como un puerto más en la vida de los ciclistas. Un obstáculo más para franquear. Es probable que el veredicto sobre su caso del ventolín se produzca en junio antes del Tour. Si lo condenan, no podrá correr en julio en Francia. Tampoco queda claro qué puede suceder si gana el Giro y es sancionado. El ciclismo se disputa en las carreteras y en los despachos de los abogados.

«Ninguna regla del ciclismo dice que no pueda estar aquí compitiendo», se defiende Froome, quien niega cualquier fechoría por su parte. «Esta incertidumbre sobre Froome no beneficia a nadie», dijo el último triunfador del Giro, el holandés Tom Dumoulin, que aspira a revalidar su camiseta rosa.

El keniano blanco es la brújula de una carrera que comienza hoy en las empinadas calles color ocre de Jerusalén. Tres días en Israel antes de volar a Sicilia. Tradicionalmente, la carrera italiana se juega en las montañas. En el Etna, sitio mágico de la sexta etapa donde Alberto Contador firmó una de las páginas más bellas de su palmarés. Y aún más en los puertos alpinos, como el terrible Zoncolan (que compite con el Angliru por ser el puerto más duro del ciclismo) o en la trilogía que precede a la llegada programada para el 27 de mayo en Roma, especialmente la 19ª etapa por el puerto de tierra de la Finestre antes de escalar Bardonecchia.

El diseño atrae a los escaladores colombianos como «Supermán» López, Esteban Chaves, el italiano Fabio Aru o el francés Thibaut Pinot, pero será en la contrarreloj de Trento-Rovereto (34 kilómetros) donde Froome y Dumoulin puedan hincar el diente. Los españoles del Movistar muestran un espíritu guerrillero. Sin Quintana, Landa o Valverde, su aspiración es ganar etapas. Todos pueden soñar hoy en rosa antes de que empiece la carrera en la ciudad sagrada de Jerusalén.