Momento de la cornada a Román
Momento de la cornada a Román - Paloma Aguilar

Román, al doctor tras la cornada: «¿Me estoy muriendo?»

Con sección de la femoral por su gravísima percance, tuvo que se operado por segunda vez en el hospital, donde se recupera en la UCI

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Aquellos pitones que apuntaban al cielo conducían al mismísimo infierno. Un puñal de fuego era el derecho, por el que caía la sangre de Román, con la femoral seccionada y la vena dañada. El derrote fue feroz, con una violencia que atemorizó a los tendidos. En aquel cuerno de «Santanero I», un castaño de 559 kilos de Baltasar Ibán, la vida y la muerte campaneaban al mismo ritmo. «¿Me estoy muriendo?», preguntó al doctor Máximo García Padrós cuando entró en la sala de las batas blancas, el olor a cloroformo y el bisturí. «Y, además, con un toro de la misma ganadería que mató a Iván Fandiño», alcanzó a decir antes de ser sedado en la enfermería de LasVentas.

Román Collado Gouinguenet, natural de Valencia y de 26 años, se recupera en la UCI y vive para contarlo. «En la plaza primero salvamos su vida, cortamos la hemorragia con un torniquete y reparamos la arteria; luego había que salvar la pierna para que vuelva a funcionar igual», señaló García Padrós, cirujano jefe de la Monumental desde 1985. El parte médico firmado por su hijo, del mismo nombre, era estremecedor, aunque a la vez «tranquilizó» a muchos que temían «lo peor». Así rezaba: «Herida por asta en el tercio medio de la cara interna del muslo derecho, con una trayectoria de 30 centímetros, que produce destrozos en vasto interno, musculatura aductora y contusión con vasoespasmo de la arteria femoral. Rodea el fémur por su cara posterior, produciendo la contusión del nervio ciático, con orificio de salida por cara externa del tercio inferior del muslo. Pronóstico muy grave».

Antes de ser sedado, Román dijo: «Y con la misma ganadería que mató a Iván Fandiño»

Pasadas las nueve de la noche, una UVI móvil trasladó al herido al hospital madrileño San Francisco de Asís para ponerse en manos de especialistas en cirugía vascular. «Ya nos habíamos puesto en contacto con el equipo porque sabíamos que había algo más y todo estaba preparado para que le realizaran un angioTAC (angiotomografía computarizada), una prueba específica para comprobar el alcance de la rotura, una capa a distancia de donde fue la contusión. Se había trombosado y le hicieron un bypass con la vena de la otra pierna».

¿Peligra su vida? «No, no». ¿Y la pierna? «No tiene por qué, ha salido todo muy bien, ha recuperado el riego, hay buen pulso y ya mueve el pie». Con la prudencia que caracteriza al ángel de la guarda de los toreros, subrayó que «han pasado muy pocas horas y hay que ir viendo cómo se recupera día a día, aunque de momento su evolución es favorable, con irrigación vascular y movilidad».

Román quiere volver en San Fermín, pero el doctor García Padrós estima dos o tres meses de recuperación

Conocedor de cerca de esa otra pasta de la que están hechos los hombres de luces, el cirujano venteño comentó que el estado de ánimo de Román es «muy bueno». En apenas doce horas, aquella pregunta de «¿me voy a morir?» había cambiado a «¿cuándo podré reaparecer?». Y antes de saber la respuesta, él propio matador se contestaba: «San Fermín no me lo pierdo». Pero Pamplona, en principio, no podrá ser. «Con los toreros nunca me atrevo a aventurar nada, porque se saltan todos los plazos, pero yo creo que necesitará dos o tres meses para volver a su actividad normal».

García Padrós y su hijo, Máximo García Leirado, habían visto la cogida en la televisión de la enfermería: «A nosotros y a la doctora Asenjo nos gusta estar dentro. Ya apreciamos la gravedad en las imágenes... En el tendido tuvo que impresionar». La Monumental estaba aterrorizada, con el corazón encogido por la dramática escena y la sangre derramada: «Perdió un litro, pero no necesitó transfusión». La calma habitaba en las sabias y benditas manos del salvador de los valientes: «Son muchas las cornadas tratadas y este San Isidro está siendo duro». Al parte de guerra se suman Gonzalo Caballero, Juan Leal, Escribano y Luis David (y ahora Ritter). «Todos evolucionan bien», subrayó el doctor. Y confía en que el camino de Román, «que toreó con las grapas de la herida de mayo», también sea satisfactorio.

El valenciano había entrado por la vía de la sustitución, en el puesto del lesionado Emilio de Justo. A todos los heridos brindó la muerte de «Santanero», que a punto estuvo de marchitar esa sonrisa que no ha perdido ni en el lecho del dolor: «Es tan simpático, que siempre está de buen humor».