Eva Yerbabuena presentó «Carne y hueso»
Eva Yerbabuena presentó «Carne y hueso» - David Mudarra

La hiedra del flamenco se extiende por Nueva York

El Flamenco Festival cumple la mayoría de edad en la ciudad de los rascacielos

ENVIADO ESPECIAL A NUEVA YORKActualizado:

Elidilio de Nueva York con el flamenco no es nuevo; las más grandes figuras de este arte han buscado siempre el doctorado que el aplauso de esta ciudad otorga: desde Carmen Amaya, Antonio Ruiz Soler, Sabicas o Antonio Gades a Estrella Morente, Paco de Lucía o Sara Baras. Pero, desde hace algo menos de dos décadas, el flamenco, como la hiedra, se va extendiendo por las interminables paredes de sus rascacielos y va calando, fina pero poderosamente, en un público cada vez más ávido de nuevas sensaciones.

El responsable tiene nombre y apellidos: Flamenco Festival, un certamen del que el prestigioso «New York Times» dijo ya hace unos años que era una de las citas ineludibles de la cartelera de esta ciudad, sin duda la capital mundial del mundo del espectáculo. El festival no solo ha traído a través de sus dieciocho años de vida a las más destacadas e indiscutibles figuras del flamenco, sino que desde el primer día dejó clara su intención de apostar por artistas emergentes, por dar voz a ese flamenco bullente y joven que está retorciendo este hermoso y pasional arte.

Pero Miguel Marín, creador y director del festival, no sabe lo que es estar quieto. Con el tiempo ha ido maquinando nuevas maneras de sembrar la semilla del flamenco en Nueva York –lo mismo hace en Londres– y, vestido con la bata de laboratorio, ha puesto en la cubeta experimentos inverosímiles en lugares que nunca habían albergado trabajos de sabor flamenco. El resultado, hoy, es que el Flamenco Festival ha dejado de ser la ocasión para que la comunidad española de la ciudad tuviera un punto de encuentro primero anual y después bienal –en las primeras ediciones el español era la lengua más escuchada en el patio de butacas de los teatros donde se celebraba, algo que ahora no ocurre–, y se ha convertido en un reclamo para los neoyorquinos ávidos de nuevas experiencias artísticas.

Carmona y De Luz

Dos ejemplos que han tenido lugar estos días pasados: la residencia artística que ha reunido en el City Center a Jesús Carmona, un artista flamenco, y Joaquín de Luz, un bailarín clásico, bajo la batuta del coreógrafo de danza contemporánea David Neumann. «Exploring stillness» (Explorando la quietud) era su título, y su intención era buscar las raíces comunes que tienen los distintos estilos, y que están más allá de los pasos; Antonio Gades decía siempre que la verdad del baile está entre los pasos, y este ha sido de algún modo el leit motiv de este laboratorio que, probablemente, desemboque en un espectáculo. Con ellos han colaborado la bailaora Lucía Campillo, el músico Antonio Lizana e Ivan Bavcevic, que ha trabajado con ellos la respiración, la energía y el conocimiento de su propio interior en un arte, la danza, que tanto mira a menudo hacia el exterior.

Y Lizana, un músico que desde su voz y su saxo abraza tanto el flamenco como el jazz, ha sido el protagonista de una energética velada en el mítico Joe’s Pub, territorio conquistado ya para el flamenco desde hace algunos años.

Con todo, la columna vertebral del Flamenco Festival siguen siendo las grandes citas con el baile en el New York City Center, la catedral de la danza en la ciudad. Si la semana pasada el protagonista era el Ballet Nacional de España –hace treinta años actuó por primera vez en Nueva York–, este fin de semana le ha tocado el turno a Eva Yerbabuena y Jesús Carmona. La primera ha presentado su espectáculo «Carne y hueso», un trabajo de una excelente factura y un magnífico nivel tanto coreográfico como –especialmente– musical, y en el que destaca su emocionante y profundísima soleá; Eva también está este año de aniversario, porque se cumplen dos décadas desde que se presentara, de la mano del Ballet Nacional que entonces dirigía Aida Gómez, en el propio City Center y también con su soleá.