Las estrellas del ballet luchan en Valencia contra el alzhéimer

El Palau de Les Arts colgó el cartel de «no hay entradas» con la VI Gala Somos Arte

Valencia Actualizado: Guardar
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La simbiosis entre la Asociación de Danza y Arte del Mediterráneo y la Fundación Hortensia Herrero volvió a sumar anoche un nuevo éxito gracias a la sexta edición de la Gala Valencia Somos Arte. Con el aforo del Palau de Les Arts Reina Sofía completo desde hace una semana, el espectáculo reunió a una brillante pléyade de estrellas internacionales para ofrecer una velada sobresaliente de danza y ballet, compuesta por diez piezas y con una duración de dos horas.

En el plano de lo estrictamente coreográfico, la gala apostó por el ballet principalmente del Romanticismo francés y del Clasicismo ruso, mientras que en el terreno de lo contemporáneo, primó la creación de coreógrafos vinculados a la corriente holandesa. El retorno de Marianela Núñez, bailarina principal del Royal Ballet de Londres, y la primera participación de Polina Semionova, bailarina principal invitada del Staatsballeett Berlin, Mikhailovsky Theater y Teatro alla Scala –y de sus correspondientes partenaires– fueron dos de los principales alicientes de la velada, que hizo un esfuerzo adicional al apostar con mayor firmeza por la música en directo, presente en dos piezas.

La pareja de principales del Royal Ballet Marianela Núñez y Vadim Muntagirov, doblemente premiado con Benois de la Danse (2013 y 2019) –considerado el Oscar del ballet–, fue la responsable de dar inicio a la velada con una límpida, bella y precisa interpretación del paso a dos clásico de «La Bayadère» (1877), creado por Marius Petipa. Los muchos quilates de la técnica estándar de oro de la argentina brillaron en la sutileza de detalles de su Nikiya y no le anduvo a la zaga Muntagirov, un Solor atento y excelente como partenaire.

Hans Van Manen firma «Andante» (1991), un dúo de bellas líneas neoclásicas bien dibujadas por los componentes de la compañía neerlandesa Introdans Yulanne de Groot y Pascal Schut. Acompañados por un cuarteto de cuerda en directo, la primera bailarina de la Ópera de Roma Susanna Salvi y la primera figura de la Compañía Nacional de Danza Alessandro Riga transmitieron la intensidad dramática del fragmento de «Consequence» (2012), obra del creador Juanjo Arqués. La noche pasión de «Carmen» (1949) y don José reunió en escena a los primeros bailarines de la Scala de Milán Nicoletta Manni y Timofej Andrijashenko: seductora ella y altanero él, su baile se complementaba a la perfección.

La primera parte finalizó con un exquisito paso a dos de «Giselle» (1841), obra de Jean Coralli y Jules Perrot. Polina Semionova hizo gala de su excelente manejo del estilo romántico: desde el etéreo porte de una «Willis» hasta el suave movimiento de brazos. Daniel Camargo fue un Albrecht explosivo en su baile, sobre todo, en la variación. Cambiaron de registro al inicio del segundo acto, con un extracto de «Without Words» (1998), de Nacho Duato, interpretado también junto a una pianista y un violonchelista en directo.

Bravura latina

Con gran arrojo, los italianos Alessandro Riga y Susanna Salvi salieron a comerse el escenario en «Las llamas de París» (1932), un paso a dos de gran dificultad y virtuosismo técnico. Sobre la música de René Aubry, el tándem Manni-Andrijashenko encajó las piezas del puzle «Step Addition», de Sébastien Galtier. Aunque si hubo una música que conectó directamente con la memoria sentimental de toda una generación fue la canción «Amor de hombre», empleada por la pieza «Puñal» (2017), del coreógrafo Eduardo Zúñiga, e interpretada por un enérgico Aleix Mañé.

Marianela Núñez y Vadim Muntagirov pusieron el broche de oro a la sexta edición de Valencia Somos Arte con un paso a dos de «Don Quijote» (1869), un clásico de Petipa de gran espectacularidad. Además de su alabada técnica, la bravura, el carisma y el carácter latino de Núñez encajan como un guante para convertir su interpretación en algo sublime. Si a ello se le une un partenaire virtuoso, generoso en su despliegue técnico y con quien se comparte una gran química escénica, el paso a dos se convierte en una experiencia memorable para el público.

La sexta edición cosechó una importantísima ovación, pero más allá de los numerosos minutos de aplausos, los efectos se hacen sentir en diversas causas benéficas, yendo a parar la recaudación íntegra de este año a la Asociación de Familiares de Alzheimer de Valencia.